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Archivo diario: 17 febrero, 2021

Muros Largos

Muros Largos

Muros Largos entre Atenas y El Pireo.

Los Muros Largos (en griego Μακρά Τείχη, Makrá Teíkhê), de la Grecia Antigua, eran murallas construidas desde la ciudad hasta su puerto, proporcionando una conexión segura hasta el mar incluso en la época de la cosecha. Aunque los muros largos fueron construidos en muchas localizaciones en Grecia, Corinto y Megara1​ son dos de los mejores ejemplos conocidos.2​ La frase «muros largos» generalmente se refiere a las murallas que unían Atenas con sus puertos de El Pireo y Falero. Estos muros se erigieron a mediados del siglo V a. C., fueron destruidos por los espartanos en 404 a. C. tras la derrota de Atenas en la guerra del Peloponeso, y reconstruidos otra vez con ayuda persa durante la Guerra corintia. Fueron un elemento clave en la estrategia ateniense, dado que proporcionaron a la ciudad una unión permanente con el mar y previnieron que fuera asediada por tierra.

Muros Largos entre Atenas y El Pireo durante la Guerra del Peloponeso. (431 a. C.)

Construcción

Los muros originales de Atenas habían sido destruidos por los persas durante las ocupaciones del Ática en 480 y 479 a. C., en la Segunda Guerra Médica. Tras la batalla de Platea, las fuerzas persas que habían invadido Grecia en 480 a. C. fueron desalojadas, y los atenienses fueron libres para reocupar su territorio y reconstruir su ciudad. Pronto, en el proceso de reconstrucción, se empezó por levantar nuevas murallas, alrededor de la propia ciudad. Este proyecto provocó la oposición de los espartanos y de sus aliados peloponesios, a los que alarmaba el aumento reciente del poder de Atenas. Enviados espartanos instaron a los atenienses a que no siguieran adelante con la construcción, argumentando que una Atenas amurallada sería una base útil para un ejército invasor, y que las defensas del istmo de Corinto proporcionarían un escudo suficiente contra los invasores. Los atenienses ignoraron estos argumentos, conscientes de que dejar desamurallada completamente su ciudad suponía ponerla a merced de los peloponesios;3​ Tucídides, al relatar estos hechos, describe una serie de complejas maquinaciones de Temístocles con las que distrajo y retrasó a los espartanos hasta que los muros hubieron sido erigidos hasta una altura como para ser defendibles.4

A finales de la década del 460 a. C., comenzó una contienda entre Atenas y varios aliados peloponesios de Esparta, particularmente Corinto y Egina. En la mitad de este enfrentamiento, Atenas empezó la construcción de dos muros más, uno en dirección desde la ciudad hasta el puerto viejo de Falero, y el otro hasta el puerto más nuevo de El Pireo. En 457 a. C., un ejército espartano derrotó a un ejército ateniense en Tanagra mientras intentaban impedir la construcción, pero el trabajo en los muros continuó y fueron terminados poco después de la batalla.3​ Estos nuevos muros, los Muros Largos, aseguraron que Atenas nunca estaría aislada de suministros mientras controlara el mar.

Con la construcción de los Muros Largos, Atenas se hizo una isla esencialmente dentro de tierra firme, en ese caso ninguna fuerza estrictamente terrestre podía esperar capturarla.6​ (En la guerra griega antigua, era casi imposible tomar una ciudad amurallada de ninguna manera aparte del hambre y la rendición.) Así, Atenas podía confiar en su poderosa flota para ponerla a salvo en cualquier conflicto con otras ciudades del continente griego. Los muros fueron terminados en el periodo subsiguiente a la derrota ateniense en la batalla de Tanagra, en la que un ejército espartano derrotó a los atenienses en el campo, pero fueron incapaces de tomar la ciudad debido a la presencia de los muros de la ciudad. Tratando de asegurar su ciudad incluso contra el sitio, los atenienses terminaron los Muros Largos y, esperando impedir todas las invasiones del Ática, también se apoderaron de Beocia, que, cuando ya controlaban a Megara, puso todos los accesos al Ática en manos amigas.7​ Durante la mayor parte de la Primera Guerra del Peloponeso, Atenas fue inatacable por tierra, pero las pérdidas de Megara y Beocia al final de ese conflicto forzó a los atenienses a recurrir a los Muros Largos como su fuente de defensa.

Los Muros de Atenas según Tucídides

Nombre Longitud en estadios Longitud en metros
Muro de Falero 35 estadios 6094 m
Recinto de Atenas (parte custodiada) 43 estadios 7487 m
Muro Largo 40 estadios 7835 m
Mitad circuito Pireo 30 estadios 5223 m
Total 148 estadios 25770 m

Estadio antigua medida de distancia griega (1 estadio = 174,125 metros)

En la guerra del Peloponeso

En el gran conflicto de Atenas con Esparta, la guerra del Peloponeso del 432 a. C. al 404 a. C., los muros tuvieron una importancia extrema. Pericles, el líder de los atenienses desde el principio de la guerra hasta su muerte en el 429 a. C., basó su estrategia en el conflicto alrededor de ellos. Sabiendo que los espartanos intentarían provocar a los atenienses en una batalla terrestre arrasando sus cultivos, como hicieron en la década del 440 a. C., ordenó que los atenienses se quedaran detrás de los muros y que dependieran de su flota para ganar la guerra. Por consiguiente, las campañas de los primeros años de la guerra siguieron un diseño consecuente: Los espartanos enviarían un ejército de tierra para arrasar el Ática, esperando provocar que los atenienses salieran. Los atenienses se quedarían detrás de sus murallas, y enviarían una flota para saquear ciudades y quemar cultivos mientras navegaban alrededor del Peloponeso. Los atenienses tuvieron éxito al evitar una derrota terrestre, pero sufrieron grandes pérdidas en las cosechas por las incursiones peloponesias, y su tesoro se debilitaba por los gastos de las expediciones navales y por la importación de grano. Además, la peste devastó la ciudad en 430 a. C. y 429 a. C., siendo empeorados sus efectos por el hecho de que la población entera de la ciudad estaba concentrada dentro de los muros.

Los atenienses continuaron usando los muros para protegerse en la primera fase de la guerra hasta la captura de rehenes espartanos durante la victoria ateniense en Pilos. Tras la batalla, los espartanos se vieron obligados a cesar en sus incursiones anuales, cuando los atenienses amenazaron con matar a los rehenes si una invasión era lanzada.

En la segunda fase de la guerra, los muros fueron de nuevo centrales para la estrategia de ambos bandos. Los espartanos ocuparon un fuerte en Decelia, en el Ática, en 413 a. C., y situaron allí una fuerza que constituía una amenaza durante todo el año para Atenas. Ante este ejército, los atenienses sólo podían abastecer a la ciudad por mar. Los Muros Largos y el acceso a un puerto que ellos proporcionaron, eran ya lo único que protegía a Atenas de la derrota. Dándose cuenta de que no podían vencer a los atenienses por tierra, los espartanos volvieron su atención a construir una marina, y desde el principio hasta la fase final de la guerra se dedicaron a tratar de vencer a los atenienses en el mar. Su triunfo final, en la victoria de la Egospótamos, cortó a los atenienses sus rutas de suministro y les forzó a rendirse. Uno de los términos más importantes de esta rendición era la destrucción de los muros largos, que fueron desmantelados en 404 a. C.

Reconstrucción de los Muros Largos

A continuación de su derrota en el 404 a. C., los atenienses rápidamente recuperaron algo de su poder y autonomía, y en el 403 a. C. derrocaron al gobierno que los espartanos les habían impuesto. En 395 a. C., los atenienses habían entrado con bastante fuerza en la guerra corintia como cobeligerantes con Argos, Corinto y Tebas. Para los atenienses, el hecho más significativo de esta guerra fue la reconstrucción de los Muros Largos. En 394 a. C., una flota persa bajo el almirante Conón derrotó decisivamente a la flota espartana en Cnidos, y, tras esta victoria, condujo su flota a Atenas, donde proporcionó ayuda y protección para que los Muros Largos fueran reconstruidos. Así, al final del conflicto, los atenienses habían recuperado la inmunidad frente a los asaltos desde tierra que los espartanos les hicieron al final de la guerra del Peloponeso.

Los Muros Largos en el siglo IV a. C.

Desde el final de la guerra corintia hasta la derrota final de la ciudad por Filipo II de Macedonia, los Muros Largos continuaron jugando un papel central en la estrategia ateniense. El Decreto de Aristóteles de 377 a. C. restableció una liga ateniense que contenía a muchos ex miembros de la Liga de Delos. A mediados del siglo IV a. C., Atenas tenía de nuevo el preeminente poder naval del mundo griego, y había restablecido las rutas de suministro que le permitieron resistir un asedio por tierra.

Murallas de Atenas

A lo largo de su historia, la ciudad de Atenas, la actual capital de Grecia, ha tenido diferentes conjuntos de murallas desde la Edad del Bronce hasta principios del siglo XIX. De entre estas destaca los Muros Largos y el muro de Temístocles construidos en época clásica.

Las Murallas Largas de Atenas

Resulta difícil imaginarlo hoy pero Atenas estuvo fortificada durante una larga etapa de su historia, desde el período arcaico (s.VIII a. C. – 480 a. C.) hasta los años de la ocupación otomana (s.XV d. C.). De la primera fortificación en época arcaica no quedan más huellas que algunas referencias en los escritos del historiador Tucídides, quien habla de un recinto amurallado antes de la invasión persa. A pesar de no haber vestigios, su existencia no ha sido cuestionada por nadie. La ausencia de restos no sorprende ya que se sabe con certeza que los persas destruyeron completamente la fortificación arcaica y los pocos restos que quedaron fueron utilizados para la construcción de un nuevo muro perimetral.

En efecto, tras el rechazo definitivo de los persas de los territorios griegos, la defensa de la ciudad pasó a ser la principal prioridad para el político ateniense Temístocles. Mandó fortificar de nuevo la ciudad y la Acrópolis y al mismo tiempo puso en marcha la fortificación del puerto del Pireo (493 a. C.). La defensa del Pireo iniciada por Temístocles fue completada unos años más tarde por Cimón quien procedió a la construcción de dos murallas largas, el Muro de Falero y el Muro del Norte (459-456 a. C.), que aseguraban un corredor de comunicación y conexión segura de Atenas con sus dos puertos, el Pireo y Fáliro. En la misma época se fortificó, también, la hasta entonces desprotegida parte sur del Acrópolis (muralla de Cimón)  y más tarde (446-443 a. C.) y por iniciativa de Pericles las Murallas Largas fueron completadas con la construcción de la Muralla Sur (entre la Muralla de Falero y la del Norte).

La parte mejor conservada de las Murallas Largas de los siglos V y IV a. C., de una longitud aproximada de 200 metros, se encuentra en el recinto arqueológico de Keramikós donde fueron descubiertas la puerta del Dípylon (doble entrada) y la puerta de la Vía Sagrada. Los numerosos fragmentos hallados durante las extensas excavaciones arqueológicas permitieron a los investigadores trazar con una exactitud razonable la totalidad de su trayecto hasta el mar. Por consiguiente, actualmente se dispone de una imagen completa y nítida de la extensión de la antigua ciudad de Atenas.

Otros vestigios   -se han localizado 97 en total-  se encuentran dispersos en la villa contemporánea, testimoniando el trayecto inicial de la fortificación de Atenas. Se pueden distinguir perfectamente muchos de ellos incrustados en los cimientos de edificios modernos, hoteles y garajes subterráneos, reclamando nuestra protección en vez de proteger ellos la ciudad como era su objetivo inicial. Durante los años de la dictadura (1967-1974) y como consecuencia de una política negligente de las autoridades de entonces y del frenesí constructor de la época, muchos edificios fueron construidos sobre los restos de las antiguas murallas enterrando para siempre sus huellas. No obstante, en algunos casos han sido protegidos y restaurados y actualmente son visitables.

Tales son los casos del sitio arqueológico subterráneo de la sede central del Banco Nacional de Grecia, donde el visitante puede caminar por encima de las antiguas murallas atenienses sobre un suelo de vidrio transparente, y del Nuevo Museo de la Acrópolis o del Museo de Arte Islámico. En las últimas décadas, los servicios arqueológicos griegos han impuesto una serie de condiciones muy estrictas para la protección de vestigios antiguos que se encuentran durante las obras de edificación; son inspeccionados por arqueólogos y se obliga a las constructoras a protegerlos y dejarlos descubiertos para que sean visibles. Por ello no es raro ver en la entrada de algunos inmuebles privados pasillos de vidrio a través de los cuales se vislumbran vestigios antiguos.

Durante el siglo de oro de la época clásica (s. V a. C.), la ciudad intramuros abarcaba la Acrópolis, el Ágora con sus prestigiosos edificios, los establecimientos comerciales y de los fabricantes, así como los domicilios de sus habitantes. Fuera del recinto amurallado se encontraban los cementerios, la Academia de Platón, el Liceo, la Escuela Filosófica fundada por Aristóteles y el famoso gimnasio de Cinosargo. El acceso al recinto fortificado se hacía por una quincena de entradas y por algunas aperturas secretas. Las dos puertas (Dípylon) descubiertas en Keramikós eran las más majestuosas y probablemente las mejor defendidas de la construcción. Desde el Dípylon salían las tres principales vías de Atenas: la que se dirigía a la Academia de Platón, la vía hacia el Pireo y la Vía Sagrada que conectaba a Atenas no solamente con Eleuisis y la llanura triásica sino con el Peloponeso y el resto de Grecia.