Este Mundo, a veces insólito

El misterioso alfabeto de Alvão

Subcategoría: Escritura desconocida.

¿Y si la escritura empezó en la Península ibérica?alvao1

Según las tesis oficiales, la aparición de la escritura se remonta alrededor del 3.200 antes de Cristo cuando, en la Baja Mesopotamia, se descubren los primeros textos relativos a la agricultura o el cuidado de los animales. Por esa razón, cuando mi buen amigo Francisco Mourão Corrêa me habló de un alfabeto en el museo de Vila Real, al norte de Portugal, con 17.000 años de antigüedad, di un respingo. De ser cierto, este artefacto –el OOPART más importante de la Península Ibérica- obligaría a reescribir la historia.

Y es que, las tesis actuales sitúan la llegada de la escritura a nuestras latitudes alrededor del 800 o 900 a.C. cuando los navegantes fenicios arribaron a las costas de la actual Cádiz y levantaron el templo de Melqart, grabando en sus columnas de bronce los gastos de construcción del santuario. Es lógico, el Catedrático de Historia Antigua del Próximo Oriente de la Universidad La Sapienza de Roma, Mario Liverani, recuerda que el nacimiento de la escritura, «tanto en Mesopotamia como en

La datación de 17.000 años del alfabeto conservado en Vila Real permitía relacionarlo, además, con otro hallazgo cercano: un calendario lunar del periodo magdaleniense encontrado en  Galicia, concretamente en la cueva de Valdavara, en Becerreá. Escritura y la medición del tiempo eran signos evidentes de un progreso que se nos ha negado.

Entonces, ¿nació la civilización en la Península Ibérica? O, por el contrario,  ¿suponían estos hallazgos que existió “otra humanidad” de la que hemos perdido el registro?

No es una idea baladí. Lo dejó escrito, por ejemplo, Estrabón quien atribuye a los tartesos leyes escritas en verso con una antigüedad de seis mil años. ¿Es que el registro histórico no tiene validez cuando discrepa del arqueológico? ¿Podía tener relación esa “humanidad perdida” con el mito de la Atlántida? Para salir de dudas, se imponía viajar a Portugal.

Las piedras de Alvão

En el Museo de Vila Real Mila Simões de Abreu, está la profesora del Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge y una de las mayores especialistas de las llamadas piedras de Alvão, en la provincia de Trás-os-Montes.

Hay dieciséis calcos que se habían tomado para la preparación de las nuevas salas del Museo Arqueológico Municipal. En ellas fue fácil distinguir figuras de animales, pequeños «hoyuelos» y los caracteres de un desconocido alfabeto.

“Fueron hallados en 1884, en yacimientos megalíticos de la Serra do Alvão, por un profesor del colegio San Joaquim, José Isidro Brenha y por el párroco José Raphael Rodrigues.” –“Desde el punto de vista arqueológico, la investigación fue escrupulosa. Y ahí radica el problema porque las piedras de Alvão se encontraban en túmulos intactos de la Edad de piedra (ver recuadro), en un estrato muy anterior al que les correspondería.”

 “Se ha encargado un análisis a Artur Abreu Sá, del departamento de Geología de la Universidad de Tras-os-Montes y Alto Douro y, aunque aún requieren mayor investigación, ahora ya es posible decir que en la mayoría de los casos, los grabados fueron realizados con instrumentos antiguos de metal”.

En consecuencia la datación no sería de la Edad de piedra, sino de la Edad de los metales. Sin embargo: ¿Cómo es posible que en un yacimiento INTACTO de la Edad de piedra aparezcan unas piedras de la EDAD DE LOS METALES? ¿Son un fraude moderno o es que viajaron en el tiempo?

Algo no encaja

En absoluto. Para la época, el trabajo de José Isidro Brenha y José Raphael Rodrigues fue extraordinario y sistemático.

Entonces –pensé- es como el anillo Ming encontrado por dos arqueólogos que estaban haciendo un documental con periodistas de la ciudad de Shangsi. Al quitar la tierra alrededor del ataúd descubrieron un anillo detenido a las 10:06 y fabricado en ¡¡¡Suiza!!! Un OOPART asombroso.

Más tarde, en Lisboa, tendría ocasión de dar fe de su metódico estudio de los descubridores del alfabeto de Alvão en un libro titulado “Os dolmens de Traz-os-Montes” donde rezaba lo siguiente:

“Encontramos en este dolmen: pequeños amuletos de piedra con forma de almendra (…) hachas, triangulares y distintos diseños de animales  y escenas de vida primitiva; 7 pequeñas piedras irregulares y horadadas, halladas juntas en forma de collar. Los agujeros estaban llenos de una sustancia negra y untuosa que podría haber sido una correa de cuero (…); 10 piedras zoomórficas; 4 bustos de mujer; una pequeña pirámide triangular que presenta en dos de sus lados una cueva con rayos divergentes y, en las otras dos, la cara de un animal; una piedra que denominamos ‘Arca de Noé’ con nueve animales dibujados y otra pequeña piedra con caracteres; 2 amuletos agujereados con inscripciones, teniendo una de ellas el símbolo del sol (…).”

Nos dirigimos a la sala de exposición para contemplar las piedras, tres en concreto y un molde. “El resto se ha perdido” –se lamenta la profesora Simões.

Unos objetos tan importantes ¿extraviados? Las piedras eran de granito. Una mostraba un dibujo tosco de un ser humano a lomos de un ciervo que parecía alejado de los cánones estéticos de la edad de los metales. Otra, con símbolos que me recordaban a la escritura íbero-tartésica, presentaba un orificio, como si fuera un colgante, pero se me antojaba muy pesada para llevarla al cuello. Nada se sabe de su utilidad. Finalmente, una tercera era un molde realizado por los padres Brehna y Raphael. Una cuarta, modelaba una especie de ídolo que se adaptaba a la mano.

Otro polémico descubrimiento

Con más dudas que certezas fotografié las piedras y viajé a Mafra, cerca de Lisboa. Allí reside el profesor de la Creative University – IADE, Manuel J. Granda, que tenía ideas muy distintas.alvao2

Rodeados de miles de libros puso en mis manos un ejemplar incunable, de 1928, titulado L’authenticité d’Alvao: réponse à M. Dussaud donde el profesor Mendes Correa, famoso por su teoría del poblamiento de América desde Australia, desgrana las razones por las que las piedras del noroeste portugués son de la Edad de Piedra y componen un alfabeto. La clave, en su opinión, residía lejos de Portugal, concretamente en Glozel (Francia).

Inscripciones halladas en el dolmen de Alvao

 En Alvão, Noreste de Portugal, en las mágicas tierras de Trás-os-Montes, hallaron junto a un dolmen, una serie de piedras esculpidas y grabadas con signos idénticos a los de Glozel (y a todos los signos de los que hablamos en este artículo) y con una antigüedad del 4.000 a. C. como mínimo. Este descubrimiento fue tan extraordinario que al principio se dudó de él. Sólo después, cuando se descubrieron las tabletas de Glozel, fueron recíprocamente un certificado de autenticidad. Las piedras de Alvao tenían forma de animales y de hombres, y estaban grabados claramente con signos alfabéticos que en principio se identificaron como íberos. De hecho, de las 22  letras ibéricas que corresponden a los signos del Alvao, 14 de ellos se hallan en Glozel, aunque alguno, como la Esvástica, es propio sólo, de Glozel.

Hallazgo epigráfico encontrado en Alvãoalvao3

En 1927, José Teixeira Rego, en Os Alfabetos de Alvão e Glozel (Vol III, fasc 3 de los Trabalhos da sociedad Portugueza de Antrop. E Etnolo; Porto, 1927) dice:

Glozel es sin duda auténtico, en estrecha correspondencia con Alvao. El autor no piensa, como Correa, que el alfabeto de Alvão se parezca más al ibérico que al de Glozel. La escritura alfabética aparece desde el magdaleniense. Los signos lineales hallados en Egipto desde la I Dinastía, algunos caracteres protoelamitas, e incluso los caracteres chinos arcaicos[3] derivan de los alfabetos neolíticos occidentales, que han sido originados por común en los signos magdalenienses.

También Leite de Vasconcelos se empeñó en demostrar la autenticidad y los paralelos entre Alvão y Glozel

Piedras grabadas encontradas en Alvãoalvao4

Después se descubrieron estos mismos signos de un “lenguaje desconocido indoeuropeo”[4] en un hueso hallado en el Bancal de La Coruña, en España y datado en torno al 4.000 a. C. El epigrafista Georgeos Diaz Montexano hizo una interpretación brillante, que reproducimos aquí:

«Platón en la historia de la Atlántida o Atlantis, cuenta que los Atlantes conocían la escritura. Estrabón por su parte afirma que los pueblos Turdetanos -descendientes directos de los Tartessios-, conservaban anales históricos y leyes escritas en una gramática que se remontaba a más de 6000 años antes de su tiempo. La arqueología académica aún no acepta que esto haya sido cierto, piensan que es una mera invención de Estrabón, sin embargo, en Iberia han aparecido muchos testimonios de inscripciones grabadas o pintadas en cuevas, dólmenes, y en diversos objetos de hueso y cerámica cuyas fechas se remontan a más de 4000 años antes de Cristo (6000 años BP), aunque algunos hallazgos reportados por Watelman Fein, Georgeos Díaz-Montexano y Jorge María Ribero-Meneses, muestran evidencias claras del uso de caracteres de escritura lineal alfabética en un claro contexto paleolítico.»

Díaz Montexano ha identificado los caracteres de una inscripción en hueso prehistórico descubierta a principios del siglo XIX en la Coruña, Galicia, España (La inscripción aparece reportada en “Michel Bouvier, Paris, Cat. L’Art de l’Ècriture, 2003”), con una clara secuencia Ibero Tartessia, escrita a la manera tartésica -que es la más antigua usada en Iberia, o sea, de derecha a izquierda- y los datos son muy reveladores, pues al parecer podría estar haciendo mención a la Atlántida y a Tartessos. La inscripción se puede transliterar como: “ATaL-TaRTe”.alvao5

Como comenta Díaz-Montexano: «… Es imposible negar que esta palabra (ATal) se parece demasiado a la raíz indoeuropea*At-l- que aparece en el nombre de Atlantis, que es una forma adjetival de Atlas, mientras que Tarte se ajusta a la raíz reconstruida por los especialistas españoles sobre el antiguo nombre de Tartessos, que sería Tarte-, pues el sufijo -ssos es de origen egeo o greco-lidio y se añadía a los nombres de lugares, países o ciudades con el significado de “región”, “comarca”, “ciudad” o “país”, como en Kno-ssos. La terminación en vocal -e de la voz Tart-e, podría corresponder a alguna desinencia. Es muy difícil asumir que esto solamente sea una mera casualidad. Esta inscripción, por una parte, confirma la antigüedad de las escrituras Ibero-Tartessias y Atlante (según Estrabón y Platón)»

Las tradiciones griegas hacen de Prometeo, Palamedes o Linus los artífices de su alfabeto. En verdad, la “hipótesis fenicia” se debe a sólo un fragmento de Heródoto, fragmento que puede ser interpretado de varios modos y en el que el mismo historiador dice referir este asunto “de oídas”, y “según su opinión”. Estrictamente hablando tampoco sabemos quienes son los “fenicios” de los que habla, si el pueblo mercader que ocupó las costas del Mediterráneo en el siglo XI a. C. (aprox.) o si algún otro de los “pueblos del mar”, que como los pelasgos, fueron también vitales en el desarrollo de la cultura griega. Para profundizar en un estudio literal del texto de Herodoto y los problemas e interpretaciones que plantea, es de interés el artículo[5] Greek Supremacist Scholastic Heresy, de Dimitris I. Lambrou,artículo que aporta tal cantidad depruebas arqueológicas contraria a la “hipótesis fenicia”, que es maravilla que ésta aún se mantenga en pie y sea defendida por las Academias y las Universidade

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