Este Mundo, a veces insólito

Otras tierras

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Otras tierras

Existen una serie de “supuestos continentes”, que tienen ciertos visos de “posible existencia”, por haber sido citados en algunos documentos nada sospechosos, o por que se han propuesto con argumentos científicos, aunque hasta hoy la propia Ciencia niega su existencia, al carecer de verosimilitud con los conocimientos actuales. Son el caso de: La Atlántida, Lemuria y Mu. Tratados  por separado en esta categoría.

Pero hay “otras tierras o lugares”, que nacidos bajo la fiebre del Esoterismo de los siglos XIX y XX, han sido abundantemente citados, pero que son totalmente ficticios y sin ningún fundamento.

Hay abundante “información” sobre ellos, pero no merecen –en este lugar- artículos independientes, por ello se citan brevemente aquí. Solo se comentan los más “conocidos”.

Como suele ocurrir con los datos “esotéricos”, hay una gran confusión de los lugares donde se sitúan estos lugares, y se adaptan a las corrientes de cada ocasión, llegando a ser intercambiables unos con otros.

Agartha

La escritora rusa Helena Blavatsky (1831-1891), posible creadora del «mito de Agartha».

Agartha (También Agartta, Agharti,1Agarta o Agarttha) es, según los seguidores del esoterismo y los creyentes en la Tierra hueca, un reino legendario ubicado debajo del desierto de Gobi. Sin embargo, ninguna de sus ideas o planteamiento se basan en evidencia alguna.

Agartha es un tema popular en el esoterismo y es la base de la creencia en la Tierra hueca,2​ creada posiblemente en 1957 por el escritor fantástico italiano F. Amadeo Giannini. Aunque podemos remontar el tema hasta Julio Verne en el año 1864 (casi un siglo antes) y a la obra de ese autor intitulada Viaje al centro de la Tierra.

Posible origen

El posible origen de esta teoría de una tierra hueca se remonta a Athanasius Kircher en 1665,3​ y su obra Mundus subterraneus, quo universae denique naturae divitiae.

Sir Edmund Halley, publicó en 1692 su teoría acerca de una tierra hueca. Luego de trabajar con Isaac Newton en fluctuaciones de magnetismo de tierra y sus causas posibles, retocó su teoría. Dedujo que había tres conos concéntricos con un centro fundido de la lava, que sirvió como un “sol interior”. Newton y otros científicos prominentes del siglo XVII como Johannes Kepler o Robert Boyle defendían también esta teoría.4

En la mitología hinduista no se menciona la idea de un mundo agradable dentro de la Tierra, sino la existencia de infiernos subterráneos:a​ los Patala.

El mito de Agartha fue desarrollado por varios escritores ocultistas.

Entradas desde el exterior

Según Blavatsky, las entradas hacia las galerías que llevan a Agartha estarían ocultas en lugares aislados para impedir el acceso a los curiosos. Muchas se encontrarían escondidas debajo de las aguas de los océanos, lagos, o en pendientes de alta montaña. Habría algunas también

Ávalon

«El último sueño de Arturo en Avalón». Edward Burne-Jones.

Ávalon o Avalón es el nombre de una isla legendaria de la mitología celta en algún lugar de las islas Británicas donde, según la leyenda, los manzanos dan sabrosas frutas durante todo el año y habitan nueve reinas hadas; entre ellas, Morgana1​. En un principio se creía que la palabra Ávalon era una adaptación de la palabra celta Annwyn o Annuvin, que designa al legendario reino de las hadas, pero, ya en el siglo XII, Geoffrey de Monmouth pensaba que el nombre deriva de la traducción de «isla de las manzanas». Esto es altamente probable, debido a que, en el idioma bretón, manzana se dice aval, y en idioma galés se escribe ‘afal’ (con la pronunciación de la «f» como «v»).

Ubicación

La leyenda sitúa Ávalon en algún lugar no especificado de las Islas británicas, aunque ya a principios del siglo XI algunas de las tradiciones artúricas indican que este lugar puede estar situado en Glastonbury, donde antes de que la zona de la llanura de Somerset fuera dragada, existía una colina (Glastonbury Tor) que se elevaba como una isla en medio de los pantanos. Según el cronista medieval Giraldus de Cambrai, durante el reinado de Enrique II, el abad Henry de Blois patrocinó una búsqueda en la zona, lo que, al parecer, llevó al descubrimiento de un enorme ataúd de roble con una inscripción que rezaba Hic iacet sepultus iclitus rex Arthurus in insula Avalonia. («Aquí yace sepultado el Rey Arturo, en la isla de Ávalon»). De Cambrai cuenta cómo los restos fueron trasladados en una gran ceremonia a la que asistieron el rey Eduardo I y su consorte, y, según él, ahora estarían bajo el altar mayor de la abadía de Glastonbury, sitio que se convirtió en un foco de peregrinaje hasta la reforma anglicana.

En cualquier caso, actualmente se considera que la asociación de Glastonbury y Ávalon no es sino un fraude. Los motivos son varios, entre ellos la propia inscripción, que parecería más adecuada al estilo del siglo XII, muy lejos de los siglos V y VI en el que presuntamente Arturo vivió y murió. Por no mencionar la falta de referencias contemporáneas al descubrimiento, hecho que no habría pasado desapercibido. Todo esto hace pensar que la historia fue creada por la misma abadía para aumentar su reputación.

Algunos estudiosos de las leyendas artúricas han situado Ávalon en la Ile Aval, en la costa de la Bretaña, mientras que otros la han ubicado en Burgh-by-Sands, en Cumberland, junto a la muralla de Adriano, donde se levantó el fuerte romano de Aballava, y otros más cerca de Camboglanna, en lo que ahora se llama Castlesteads.

En cualquier caso, como se ve, muchos son los que reclaman para sí la verdadera ubicación de Ávalon, la isla de las manzanas. Parece que las brumas de Ávalon cubren con su mítico velo el lugar de reposo del rey Arturo. Tras la batalla con Mordred, Arturo, moribundo, fue llevado a Ávalon por Morgana, la hechicera y medio hermana del rey. En la barca de Morgana iban varias mujeres: algunas conocidas (Igraine, Elaine, Nimue) y otras cuyos nombres no se mencionan (la reina de Gales del Norte, la reina de las Tierras Baldías o la reina de las Tempestades). En algunas leyendas sólo tres hadas escoltan al rey a la Isla de los Manzanos. Se dice que Arturo fue acostado en una cama dorada y el Hada Morgana sigue velando el cuerpo de su hermano.

También se piensa que Ávalon y el mundo nórdico de Helheim son el mismo lugar pero con distinto nombre.

El novelista, poeta y mitólogo británico Robert Graves considera en su obra El Vellocino de oro que la verdadera Ávalon se localizaba en la isla de Mallorca, España, lugar donde fijó su residencia.

En la cultura popular

Este lugar mítico aparecía en la serie de televisión «Gargoyles«, producida por The Walt Disney Company. En dicha serie, Avalon era el lugar mítico al que se habían trasladado los habitantes del castillo de Wyvern tras la toma de este por los vikingos, llevándose consigo unos huevos de gárgola, que eclosionaron y dieron lugar a nuevas gárgolas, entre ellas, Angela, la hija de Goliath y Demona. En la serie, el tiempo en Avalon no seguía las leyes físicas de la tierra corriente, y este estaba regido por la magia y la brujería, por lo que algunos de los habitantes del castillo que se habían trasladado a la isla, habían vivido casi el equivalente a mil años corrientes, que eran cientos de años menos en Avalon. En el programa, además, se hace referencia al mito artúrico en el propio arco argumental de Avalon, haciendo, incluso aparecer al propio rey Arturo. En la serie, además, Avalon es la residencia de Oberon y Titania, quienes la habian abandonado cuando llegaron a ella los habitantes de Wyvern. Tras el regreso de Oberon, este reclama la isla, tratando de expulsar a los del castillo. Finalmente, logran una convivencia pacifica.

¿Ávalon? La colina de Glastonbury Tor domina las llanuras de Somerset. (Josep Renalias/ CC BY SA 3.0

Hiperbórea

Mapa de Abraham Ortelius, Ámsterdam 1597: en la esquina superior derecha dice Hyper Borei y muestra un continente que ocupa toda el área polar.

En la mitología griega, Hiperbórea era una región situada en las tierras septentrionales aún desconocidas, al norte de Tracia. Su nombre (en griego: (Υπερ βορεία) Hyper Boreia, ‘más allá del norte’)?, deriva precisamente de que se creía que el dios-viento Bóreas habitaba en Tracia, y los hiperbóreos, sus hijos, lo harían más al norte de este reino, en el país de Hiperbórea. Se les atribuían costumbres primitivas: Sileno, en una de sus fábulas, decía que fueron los primeros hombres en ser visitados por los habitantes de otro continente más allá del océano que, asustados por lo que se encontraron, regresaron a su país y no volvieron más.

La Hiperbórea es una tierra donde no se pone el sol, por lo que se puede ubicar en las regiones árticas del planeta (aunque algunas la ubican en el centro del planeta según la tradición de la tierra hueca). Los habitantes de esta tierra, llamados los hiperbóreos, eran dotados de gran inteligencia y eran presumiblemente inmortales.

H.P. Blavatsky, fundadora de la sociedad Teosófica, Julius Evola, esoterista italiano y Rene Guenon, fundador de la Escuela Tradicionalista, nos ilustran sobre la existencia de un reino polar cuna de la raza Aria, y por lo tanto, hogar de la sociedad Vril. Los Nazis conocían esta tierra y de su forma se inspiraron para construir su base subterránea en Nueva Swabia.

Algunos suelen confundir a la Hiperbórea con Avalón, pero son dos tierras diferentes, la una es un santuario de la sociedad Vril, mientras la segunda es un santuario Druida. Algunos iniciados creen que en la región Hiperbórea fue donde llegó la civilización extraterrestre que luego ayudaría a poblar la Atlántida y otras tierras.

De los hiperbóreos se decía que eran inmortales, además de ser descritos como Dioses. El dios Apolo conducía cada diecinueve años su carro hacia esta región para rejuvenecer. También se dice que a Medusa la desterraron a aquellas tierras.

Diversos fragmentos acerca de Pitágoras sostenían que él provenía de los hiperbóreos.1

Referencias modernas

  • Autores modernos adscritos al esoterismo nazi, relacionado con el Tercer Reich de Adolf Hitler, posteriormente postularon una teoría en la que a Hiperbórea la consideraron un posible origen de la «raza aria». La sociedad Ahnenerbe se habría dedicado a estudiar este tema y otros relacionados como las ciudades subterráneas.
  • Friedrich Nietzsche reivindica en su obra su condición de hiperbóreo, más allá de los límites conocidos, en contraposición al pensamiento homogéneo de la época en cuestiones morales y filosóficas.
  • La editorial Hiperbórea toma su nombre para crear cómics dentro del universo ficticio de Hiperbórea.
  • Otra referencia literaria a los hiperbóreos se da en la obra de James Joyce, Ulises, cuando uno de los protagonistas de la obra hace mención de su condición hiperbórea, al equipararse moralmente a su amigo, que no se arrodilló y rezó por su madre en su lecho de muerte.
  • El escritor de terror y ciencia ficción estadounidense Clark Ashton Smith usó este reino en su Ciclo Hiperbóreo conectándolo con la literatura de H.P. Lovecraft (con el cual compartía gran afinidad) y los Mitos de Cthulhu por medio de Tsathoggua, el dios mitad murciélago mitad rana. Smith indica que Hiperbórea había caído 7000 años antes de que los griegos pudiesen haber tenido contacto con aquellos hombres, mas era seguro que fuesen los descendientes de verdaderos hiperbóreos los que tuvieron contacto con los griegos.
  • Otro escritor que usó el nombre de Hiperbórea fue el estadounidense Robert E. Howard en la Era Hiboria. Según Howard, Hiperbórea fue el primer reino en formarse después de la destrucción de Thuria.

Hay muchas leyendas que hablan de los habitantes de estas tierras. Abaris, por ejemplo, era un sacerdote de Apolo hiperbóreo, que se marchó de su país y recorrió el mundo curando a la gente con su magia. El héroe Heracles, al llevar a cabo uno de sus doce trabajos, tuvo que perseguir a la Cierva de Cerinia hasta el país de los hiperbóreos, donde ésta se detuvo y al fin fue capturada.

Otros mitos griegos y romanos parecen referirse también a Hiperbórea. Hesiodo habla de una isla al norte del mundo donde los héroes vivían eternamente, gobernados por Cronos. Otras leyendas mencionan una isla Blanca donde los héroes como Aquiles son llevados después de la muerte. Por otro lado, existe la mítica isla de Thule, situada en el Polo Norte, más allá del mundo conocido por los griegos y romanos.

Existen otros pueblos que tienen mitos que encajan con la leyenda de Hiperbórea. Por ejemplo, los celtas irlandeses cuentan que descienden de un pueblo llamado los Tuatha Dé Danann, los hijos de Dana, que llegaron a las islas Británicas huyendo del naufragio de su civilización agonizante, situada en alguna isla al norte del océano. Los hindúes también hablan de una isla Resplandeciente situada al norte del mundo, donde habitaría el dios Visnú. Los persas, por su parte, pensaban que su raza provenía de una isla situada al norte.

Groenlandia e Islandia serían vestigios geológicos de ese fabuloso continente hiperboreal, que disfrutaba de un clima tropical con una vegetación extraordinaria. Los importantes yacimientos de carbón fósil bajo el hielo de estas islas demuestran que allí se desarrolló una exuberante vegetación. Curiosamente, Groenlandia significa “tierra verde”. ¿Quizás este continente existió y no es sólo una leyenda?

Última Tule (mitología)

Tule como Tile en la Carta Marina de Magnus.

Información

Tipo: Isla fantasma

Nombre original: Θούλη, Θύλη

Otros nombres: Thoúlē, Týlē, Tile, Thule, Thila, Thyïlea

Localización: Océano Ártico

Tule (griego: Θούλη, Thoúlē o Θύλη Týlē) también identificado como Tile, Thule, Thila, o Thyïlea es un término usado en las fuentes clásicas para referirse a un lugar, generalmente una isla, en el norte lejano. A menudo se cree que pueden haber sido diversos lugares como Escandinavia. Otros creen que se localiza en Saaremaa en el mar Báltico.12

En la geografía romana y medieval, el término última Thule también puede designar cualquier lugar distante situado más allá de las fronteras del mundo conocido.

Localización

Véase también: Hiperbórea

Fue mencionada por primera vez por el geógrafo y explorador griego Piteas de Massalia (actual Marsella) en el siglo IV a. C.3​ Piteas dijo que Tule era el país más septentrional, seis días al norte de la isla de Gran Bretaña, y que el sol de pleno verano nunca se ponía allí.

En la mitología griega Tule era la capital de Hiperbórea, reino de los Dioses. Para Procopio de Cesarea, Tule era una isla grande del norte habitada por 25 tribus. Se trata con toda probabilidad de Escandinavia, pues varias tribus son fácilmente identificables, tal como los gautas (Gautoi) y los saami (Scrithiphini). Éste escribió también que al volver los hérulos, pasaron con los varni y los daneses cruzando el mar a Tule, donde se asentaron junto con los gautas.

A veces se ha especulado con la conexión entre Tule y el mítico continente perdido de la Atlántida. La ubicación más probable de Tule se considera actualmente que pudiera ser la costa de Noruega — un estudio del año 2007 realizado sobre el mapa de Claudio Ptolomeo por un equipo de investigadores de la TUB (Universidad Técnica de Berlín) dirigido por Eberhard Knobhel, Dieter Legelmann y Frank Neitzel, identifica Tule con la isla actualmente llamada Smøla,4​ ubicada frente a la ciudad de Trondheim y sede de la realeza tribal escandinava hacia el siglo I; otros historiadores piensan que se trata de las islas Shetland, las Feroe, Islandia o Groenlandia.5

En la Edad media, el nombre se utilizó a veces para denotar a Islandia, por ejemplo en la Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum, de Adán de Bremen, por los obispos de la Iglesia de Hamburgo, donde se citan probablemente escritos más antiguos acerca de Tule.

Místicos nazis buscaron por todo el mundo la Tule histórica, que ellos creyeron era la patria primigenia de la raza aria. La organización esotérica alemana que más influenció al nazismo se llamaba la Sociedad Thule.

La llegada del Cristianismo a Irlanda en el siglo VI iba a suponer un cambio en las creencias anteriores, pues eran incompatibles con la fe en Cristo. Serían pues los monjes irlandeses los que, empujados por su afán evangelizador, pondrían rumbo a ese mítico norte supuestamente plagado de fieras descomunales. Aparte de lo anterior, se observó que aves migratorias recalaban en Irlanda provenientes del noroeste, lo cual permitía concluir que por aquellos lares debería haber otras tierras susceptibles de ser cristianizadas.

El relato titulado Navigatio Sancti Brendani Abbatis parece intuir que el monje San Brendan tocó tierras entre el Ártico y el Atlántico Norte. A partir del año 700 otros monjes siguieron su ejemplo, visto que no había «mucha gente» a quien evangelizar, su objetivo era encontrar un lugar apartado donde llevar una vida de ermitaño regida por los rezos y la comunión con Dios.

En el año 825 el monje Dicuil dejó por escrito impresiones sobre su retirado hogar, en la misteriosa Última Thule, dando constancia del extraño fenómeno de que durante el verano no se ponía el sol.

A mediados del siglo IX, marinos nórdicos que luego serían conocidos como vikingos, se cree que tuvieron conocimiento en sus frecuentes viajes a Irlanda, que al noroeste existía una tierra susceptible de ser habitada. Nativos de las actuales Noruega y Suecia, fueron los primeros en establecer colonias estables en la que ya dejaría de ser la tenebrosa «Última Thule». Según otras teorías los vikingos llegarían allí casualmente debido a errores de navegación, como parece ser que también ocurrió con su presencia en América.

Los cada vez más numerosos asentamientos vikingos dieron lugar a la progresiva retirada de los monjes irlandeses o papars que vieron perdida su tranquilidad. Aunque parece ser que otros irlandeses llegaron también a Thule con intenciones de quedarse.

Se considera que fue un sueco llamado Naddoddur el primer navegante nórdico que llegó a la isla de Thule en el año 850, este vikingo cambiaría el nombre de Última Thule (que ya no era tal) por el de Snaeland (tierra de nieves). Fue otro marino vikingo, Gadar Svavarsson, quien circunnavegó Snaeland, pasando a denominarla Gadarshólmur en honor a sí mismo.

En el año 860 el noruego Floki Vilgerdarson encabezó sucesivas migraciones, dado el terrible régimen feudal que imperaba en su tierra, a su llegada a la isla, las grandes masas de icebergs que flotaban ante la costa le sugirieron que su nuevo hogar más que «tierra de nieves» era «tierra de hielos» (Island) y de ahí su nombre actual Islandia.

Pero fue Ingólfur Arnarson el considerado como fundador de la colonia nórdica en Islandia tras su llegada en 874, permaneciendo al frente de su comunidad en un lugar situado al suroeste de la isla que él llamó Reykjavik o «bahía humeante» debido a las nubes de vapor que surgían del suelo costero por los fenómenos geotérmicos.

La histórica Última Thule que creyó descubrir Pytheas, aunque con poco éxito entre sus conciudadanos, arraigó en el imaginario colectivo, convirtiéndose en mito literario divulgado por escritores de la antigüedad como Virgilio. La actual Islandia, la tierra de hielo y fuego, nos sorprende hoy día con una naturaleza impresionante y dramática.

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