Este Mundo, a veces insólito

Retroexcavadora de Panamá

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En 1940 el doctor J. Alden Mason realizó unas excavaciones cerca del pueblo de Penonomé, en el Sitio Conte, provincia de Coclé, Panamá. Estas excavaciones fueron financiadas por el Museo Peabody de la Universidad de Harvard, en las mismas, se desenterraron grandes cantidades de piezas que datan del 900 antes de Cristo, algunas urnas funerarias y pequeños adornos y ornamentos funerarios de oro como escudos, pendientes, brazaletes y collares, pertenecientes a los indios Ngöbe, que por cierto, fueron sacados de Panamá pagando jugosas sumas de dinero al gobierno en turno, desnutriendo a un más nuestro ya lacerado patrimonio cultural. De todas las piezas, hubo una que era bastante familiar con artefactos a las cuales estamos relacionados en nuestro diario vivir, era un supuesto medallón de oro el cual ahora es exhibido con el nombre de “Felino de oro con esmeralda sobre la espalda” tiene unos 11 centímetros de largo, pero lo curioso es que este felino guardaba una extraña semejanza con una retroexcavadora y no al medallón religioso que aseguraban era la pieza, los arqueólogos de aquellos días.panama

Aunque los arqueólogos declararan que el medallón representaba un animal, fue el reconocido criptozoólogo Ivan T. Sanderson, quién expuso que la pieza en cuestión no se trataba de un simple medallón con características animales, sino de la reproducción de una retroexcavadora o draga mecánica que tenía “características animales”.

Uno de los antiguos artefactos cuya función ha sido reinterpretada por autores contemporáneos es una pequeña figura que fue clasificada como un jaguar de juguete cuando fue encontrada en Panamá hacia los años veinte. Sin embargo, si consideramos la sugerencia de que esta figura es en realidad una máquina excavadora, como nuestros actuales bulldozers, entonces el objeto adopta una apariencia diferente. A pesar de la antigüedad del modelo, los curiosos apéndices triangulares empiezan a parecernos ahora palas de brazos mecánicos. Las ruedas dentadas que están montadas sobre la cola del modelo parece como si fueran a engranarse con cadenas o correas.

A pesar de todas estas conjeturas, los escépticos señalan que la construcción de una excavadora de tamaño normal exigiría unos considerables recursos tecnológicos -para fundir el hierro, por ejemplo, y para fabricar las piezas grandes de la máquina- de los cuales no se ha encontrado absolutamente ninguna prueba.

Los autores que hablan acerca de este invento no dudan en conectarlo con hazañas tan prodigiosas como la construcción de la ciudad «perdida» de Machu Picchu, edificada a 2.100 metros sobre el nivel del mar en los Andes peruanos. Afirman también que seguramente fue necesaria una maquinaria considerable para mover las grandes cantidades de tierra y de piedra precisas para la construcción de dicha ciudad. Pero este argumento tampoco parece tener mucha solidez: es bastante probable que estas grandes proezas no requieran más que una gran fuerza física.

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