Tholos de Matarrubilla
Tholos de Matarrubilla
El Dolmen de Matarrubilla es una estructura funeraria de corredor y cámara circular, fue descubierto en 1917, como consecuencia de unas tareas agrícolas.
Distante apenas un kilómetro en línea recta de La Pastora,
Como estructura funeraria de corredor y cámara circular con un total de 32 metros de longitud máxima, Matarrubilla se aproxima a La Pastora en grandiosidad. De ella se diferencia fundamentalmente porque en la cámara se encuentra un gran bloque de mármol negro, tallado y con un rebaje de varios centímetros en la parte superior, que probablemente cumplió funciones de mesa de ofrendas o altar. Sin duda se trata de un elemento ritual que ya tuvo gran importancia en el diseño y planeamiento del monumento, ya que su colocación, ocupando gran parte del espacio de la cámara, debió producirse antes de la erección de la techumbre en falsa cúpula.
El depósito funerario encontrado en Matarrubilla era bastante escaso. En la expoliada cámara apenas se identificaron restos revueltos y fragmentados de cerámica y algunos huesos humanos. En el corredor, Carriazo pudo identificar algunos materiales in situ, incluyendo herramientas de piedra, un
a gran cantidad de fragmentos de laminillas de oro, algunos objetos de marfil (incluyendo un colmillo de elefante en bruto, sin trabajar) y varios miles de cuentas de collar. Tan solo se encontró un esqueleto completo, a medio camino del corredor y en posición encogida. La cantidad relativamente baja de enterramientos y ajuares y la presencia de la pila o mesa de ofrendas que domina de forma tan evidente el espacio disponible en la cámara abovedada del monumento sugiere que, efectivamente, un monumento como Matarrubilla pudo haber desempeñado la función de templo o recinto ceremonial además de (o quizás más que como) sepulcro.
Descripción:
El dolmen de Matarubilla se descubrió en 1917, en unos terrenos de viñedos, en los que se apreciaba la losa fragmentada correspondiente a la cubierta de la cámara, que había sido volada con dinamita. En junio de 1918 se acometió la documentación y excavación de la cámara y de parte del corredor. También del tipo denominado tholos, con corredor de unos 30 metros y cámara circular. Se fecha hacia el 1.800 antes de nuestra era.
Se realiza con mampuestos y capas de arcilla, donde es posible apreciar las impresiones de los dedos de sus constructores. Se edificó hilada a hilada sin interrupción entre la fábrica del corredor y la cámara. Los cadáveres se disponían alineados junto a las paredes del monumento, en posición encogida, yaciendo sobre el costado y mirando hacia el interior de la galería.
En el interior de la cámara destaca la presencia de una pileta de mármol, de una sola pieza que se interpreta como lugar de ofrendas o para la colocación de algún personaje ilustre. En definitiva, los numerosos vestigios arqueológicos conservados bajo la actual localidad de Valencina y el área circundante nos acercan a la vida de unos hombres y al paisaje asociado de hace unos 4.000 años.
Se trata de un elemento de gran relevancia histórica no sólo dentro del espacio referido a la cornisa del Aljarafe, sino para el conjunto del Bajo Guadalquivir, siendo considerado como un verdadero núcleo capital de su época. Es por ello que la preservación de este legado histórico es una responsabilidad que nos atañe a todos, propiciando su protección, conservación y difusión.
Un equipo de arqueólogos españoles descubre que la piedra con la que se construyó la excepcional pila megalítica de Matarrubilla viajó decenas de kilómetros por mar
La pila de Matarrubilla transforma nuestra comprensión de las técnicas megalíticas y los sistemas de transporte usados por las comunidades del III milenio a. C.
Recreación fantasiosa del tholos de Matarrubilla. Fuente: Midjourney/Erica Couto. Imagen de la pila de Matarrubilla. Fuente: Cáceres Puro et al. 2025 – La pila de Matarrubilla reescribe la historia de los viajes marítimos en la prehistoria peninsular
11/06/2025
Situado en el yacimiento de la Edad del Cobre de Valencina de la Concepción (Sevilla), el monumento megalítico de Matarrubilla ha sido durante décadas una de las piezas más fascinantes de la arqueología peninsular. Un reciente estudio geoarqueológico multidisciplinar ha revelado un aspecto completamente inédito de esta estructura: la piedra con la que se esculpió su monumental pila central se transportó por mar desde decenas de kilómetros de distancia, en lo que constituye la primera prueba documentada de navegación megalítica en la prehistoria de la península ibérica. El hallazgo, fruto del trabajo conjunto de una decena de instituciones científicas, transforma la comprensión de las capacidades técnicas de las comunidades del III milenio a. C., al tiempo que obliga a repensar el propio origen y cronología del monumento.
El tholos de Matarrubilla: arquitectura y contexto
Matarrubilla constituye uno de los más imponentes tholoi del complejo arqueológico de Valencina, junto con La Pastora, Montelirio y Cerro de la Cabeza. Construido con una estructura de corredor y una cámara circular de un diámetro de 2,75 metros, el monumento alcanza los 36,21 metros de longitud total.
Su interior alberga una singular pila monolítica de yeso colocada en el centro de la cámara, cuya forma rectangular y dimensiones —más de un metro cúbico de volumen y unos 2.200 kg de peso— la convierten en una pieza única en el contexto megalítico ibérico. Esta pila, que, desde su descubrimiento, se ha interpretado como un altar u objeto ritual, no se había sometido a estudios técnicos detallados hasta ahora.
Una piedra exótica, trabajada con esmero
Gracias a los análisis geológicos y petrográficos, se ha determinado que la pila se esculpió en una brecha de yeso que se había deformado tectónicamente. Se trata de un tipo de roca completamente ausente en el entorno inmediato de Valencina. Por tanto, esta variedad de yeso, rica en tonalidades blancas, rojizas y verdosas, no solo destaca por su valor estético, sino también por su rareza.
Los investigadores han podido determinar que la piedra se talló mediante impactos repetidos de azuelas pulidas de piedra, lo que demuestra una técnica altamente especializada. Además, también se han identificado trazas de manufactura compatibles con herramientas líticas premetalúrgicas. Este dato descarta el uso de instrumentos de cobre, al tie
mpo que sitúa la producción de la pila en una fase muy temprana, previa incluso al apogeo del yacimiento.
El enigma del origen: un viaje desde el sur
Mediante la comparación entre secciones del material de la pila y los diferentes afloramientos del sur peninsular, se ha podido localizar el origen más probable de la roca en una zona cercana a Las Cabezas de San Juan, a unos 55 km al sureste de Valencina en línea recta, pero separada por la entonces bahía marina del Guadalquivir.
Hace 5.000 años, el actual valle bajo del Guadalquivir formaba una gran ensenada marina, lo que habría obligado a transportar la enorme piedra por vía acuática. Este trayecto implicaba el uso de barcas o balsas capaces de cruzara el estuario, antes de poder arrastrar la pieza unos tres kilómetros cuesta arriba hasta su emplazamiento final en la cima del Aljarafe. Esta reconstrucción propuesta por el quipo investigador, por tanto, propone el primer caso comprobado de transporte megalítico por agua en la península ibérica.
Una cronología inesperada
Para llevar a cabo las dataciones, los investigadores utilizaron una técnica conocida como luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), que permite medir cuándo los minerales fueron enterrados por última vez. De este modo se ha podido determinar que la pila fue colocada dentro del dolmen entre 4544 y 3227 a.C., mientras que el tholos se levantó hacia 2700-2400 a.C., entre 1.800 y 800 años más tarde.
Este dato sugiere que la pila pudo formar parte de una fase monumental previa y desconocida en el yacimiento, lo cual plantea la hipótesis de que el tholos de Matarrubilla se hubiese construido en un segundo momento alrededor de una estructura preexistente. Además, el análisis de las marcas de tallado indica que la pila se esculpió antes de ser depositada, ya que su posición en el interior de la cámara impide trabajarla in situ con precisión.
La singularidad de la pila en el contexto europeo
Aunque, hasta el momento, no hay precedentes en Iberia de una pila similar, existen paralelos lejanos en Irlanda y Malta. En Brú na Bóinne (Irlanda), varios monumentos albergan pilas líticas de distintos tamaños que se utilizaron com
o receptáculos con función ritual. En Malta, destacan ejemplos como el abrevadero de Kordin III. No obstante, ninguna de estas piezas coincide exactamente en forma, dimensiones o material con la pila de Matarrubilla, lo que refuerza su carácter excepcional.
Por otro lado, no se hallaron restos de pigmentación ni decoración sobre su superficie. Este factor parece indicar que el atractivo visual del colorido natural de la piedra pudo ser un factor relevante en su elección. El valor simbólico del material quizás pudo estar vinculado a su procedencia, su rareza o su apariencia.
Mapa que muestra la localización aproximada de la desembocadura del Guadalquivir en el IV milenio a. C.; en rojo, se indica los yacimientos de yeso y las distancias que los separan del sitio de Valencina. Fuente: Cáceres Puro et al. 2025
Una sociedad tecnológicamente avanzada
Este descubrimiento pone de manifiesto el grado de complejidad alcanzado por las comunidades que habitaron el entorno del Guadalquivir durante el IV milenio a. C. La posibilidad de organizar el transporte de un bloque de más de dos toneladas por mar, además de su arrastre cuesta arriba y colocación, implica una logística social y técnica cohesionada. Estas comunidades eran capaces de movilizar recursos humanos y materiales a gran escala, empleando tecnologías adaptadas al medio y dotando de sentido simbólico a su paisaje ritual.
Asimismo, este hallazgo se enmarca en un contexto más amplio. Valencina se ha interpretado como un lugar de agregación, un centro ceremonial y social que reunía a las comunidades dispersas del suroeste peninsular. La presencia de materias primas exóticas como el marfil, el ámbar, la variscita o el cinabrio reforzarían esta idea.
La pila de Matarrubilla supone una evidencia tangible del dominio técnico, la complejidad simbólica y la capacidad organizativa de las sociedades prehistóricas de la península ibérica. Su procedencia, la necesidad de transportarla por mar y su cronología temprana abren nuevas perspectivas sobre la génesis del megalitismo en el suroeste europeo.
La zona arqueológica de Valencina se localiza en la parte más alta del Aljarafe sevillano, superando sus límites hasta alcanzar a la vecina localidad de Castilleja de Guzmán. Su extensión superior a las 400 ha. lo convierten en uno los más grandes asentamientos del tercer milenio anterior a Cristo. A juzgar por la cantidad y magnitud de las construcciones megalíticas, Valencina debió ser un gran centro económico, social y ritual en su época.
Conocido e investigado desde finales del siglo XIX, ha sido objeto de numerosas excavaciones arqueológicas que han sacado a luz construcciones del primitivo poblado como fondos de cabañas, silos o fosos, pero también monumentales construcciones funerarias que la convierten en uno de los principales focos del megalitismo peninsular y verdadero centro neurálgico durante el tercer milenio antes de nuestra era.
Resalta la singularidad de algunas de las construcciones de la necrópolis como los túmulos que cubren estructuras de varias decenas de metros, como el dolmen de La Pastora y el de Matarrubilla, que a su vez se encuentran rodeados de numerosas y variadas estructuras que dibujan un paisaje funerario único.
El tholos de Matarrubilla, al sur de Valencina, posee un largo corredor que culmina en una cámara circular donde resalta especialmente la localización d
e un monolito de piedra de gran tamaño interpretado como pila o mesa de ofrendas. Esto le otorga también, como en el caso de La Pastora, una especial significación relacionada probablemente con la funcionalidad ceremonial, puesto que dado su tamaño la pila debió colocarse antes de la culminación de la construcción de las paredes y la techumbre, siendo por tanto un elemento clave en el diseño del monumento.
Esta pila de piedra tiene unas dimensiones impresionantes. Presenta una depresión tallada en su parte superior, mide 1,7 metros de largo por 1,2 de ancho y casi medio metro de alto, y pesa más de dos toneladas. Fue descubierta en 1917 en el interior de un dolmen tipo tholos (es decir, una tumba circular con cámara y corredor).
Los investigadores consideran este bloque de piedra una pieza excepcional tanto por su tamaño como por su material, la cataclasita yesífera, una roca con vetas de colores verdes, blancos y rojos, y que no se encuentra en los alrededores de Valencina. Y, lo que es más interesante: es la única de su clase que se ha encontrado en la península ibérica.
A. Recreación en 3D de la «pila» que muestra detalles de su tallado: 1 y 2. Cortes en la piedra hechos con utensilios. 3. Detalle de las áreas erosionadas.
Por lo que respecta a su tallado, al principio se creyó que el proceso se llevó a cabo con herramientas de cobre, pero un análisis más profundo ha revelado que se usaron hachas y azuelas de piedra pulida. Y ¿por qué escogieron este tipo de piedra y la llevaron hasta Valencina? Los investigadores sugieren que la naturaleza multicolor de la roca, con sus tonos verde oscuro, blanco y rojo, debió de llamar la atención de los antiguos pobladores. 
Asimismo, concluyen que el transporte de este enorme bloque de piedra a tanta distancia, seguramente no exento dificultades, confirmaría que Valencina fue un lugar de gran importancia durante la Edad del Cobre, tal vez un núcleo de comercio y también de reunión de las comunidades locales.
El enclave arqueológico de Valencina posee más de 400 hectáreas y es considerado como una verdadera capital del sur de la península ibérica durante el III milenio antes de Cristo. En el Museo de Valencina, monográfico del yacimiento prehistórico, los objetos procedentes de las excavaciones, los panales explicativos, las maquetas o los audiovisuales nos ayudan a comprender cómo era la vida y la muerte en este lugar del Aljarafe. Entre las piezas a destacar de este museo se podrían mencionar las relacionadas con el trabajo del cobre: sierras, punzones, hachas… Además de elementos como crisoles u hornos. También se pueden encontrar cerámicas, puntas de flecha, representaciones simbólicas (ídolos) y ornamentos como cuentas de collar la bellota esculpida en caliza.
Tras esta puerta hay unas escaleras un pelín empinadas
En algunas partes pueden apreciarse los dedos de los constructores en el barro.
Es una estructura funeraria con corredor y cámara circular con una longitud total de 32 metros.
La cubierta se realiza con grandes losas mientras que el suelo es de arcilla apisonada.











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