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Archivo diario: 8 marzo, 2024

Guiyu

Guiyu

El basurero chino que acumula los desechos electrónicos del mundo – 2018

Funciona desde hace dos décadas y se la conoce como la “ciudad veneno”.

Veinte años después, además de concentrar más de cinco mil empresas que procesan más de un millón y medio de toneladas de chatarra al año, ostenta una cucarda no pautada: la llaman “ciudad veneno”.

Gran parte de los 150 mil habitantes de Guiyu están abocados a la recuperación de plomo, oro, cobre y demás metales valiosos de los equipos electrónicos que allí llegan. La inmensa mayoría, también, exhibe las consecuencias de la indisimulable contaminación ambiente en su salud.

Apenas un lustro después de iniciada la etapa de Guiyu como ciudad recicladora, los estudios sobre la calidad del aire, del agua y la salud de la población eran estremecedores.

Los niveles de plomo, cobre y metales pesados de impactos irreversibles sobre la salud son 300 veces superiores a cualquier otra ciudad de China, un país en el que la contaminación es el subproducto injustificable del crecimiento económico de las últimas dos décadas.

La exposición a metales y ácidos tóxicos genera dolencias cutáneas, migrañas, vértigos, náuseas, gastritis crónica, cáncer, úlceras gástricas y duodenales

La llegada a Guiyu exhibe un inabarcable cementerio a cielo abierto de computadores y teléfonos celulares provenientes de todas partes del mundo. El olor a cables quemados, describe, impregna el aire.

La exposición cotidiana y sostenida a los metales y ácidos tóxicos redunda en unos altísimos índices de enfermedades de todo tipo: dolencias cutáneas, migrañas, vértigos, náuseas, gastritis crónica, úlceras gástricas y duodenales, cáncer.

Los visitantes sufren repentinos dolores de cabeza y un extraño sabor metálico en el paladar. Estudios encargados por Naciones Unidas –y realizados en la clandestinidad dada cierta aversión a la verdad de parte del gobierno chino- señalan que Guiyu acoge los más altos niveles de dioxina jamás registrados en ningún lugar del planeta.

En las muestras de agua y sedimentos del río Lianjiang, que atraviesa la ciudad, los valores de plomo están 190 veces por encima de lo aceptado por la Organización Mundial de la Salud.

Para hacer más completo el panorama, la conversión en chatarra de tarjetas y circuitos electrónicos, así como la costumbre de tirar al agua el material sobrante y las cenizas, ha envenenado el agua corriente de Guiyu. Para consumir agua, la población es abastecida por el transporte en camiones desde poblaciones lejanas y no contaminadas.

El 80 por ciento de la basura tecnológica que se “trata” –si estuviese permitido el uso de semejante término- en Guiyu proviene de EE.UU., Canadá, Japón y Corea del sur. Claro, a esos países les resulta más barato llevarlas hasta este rincón de la China que cumplir con las normas ambientales para su reciclaje.

Solo falta un detalle para entender, a través de Guiyu, cómo funciona de verdad el mundo y cuánta hipocresía hay en cierto discurso ambiental del Primer Mundo: China es firmante de la Convención de Basilea. ¿Saben qué establece? Que está prohibido exportar desechos electrónicos desde los países ricos hacia el tercer mundo.

También es líder en dioxinas cancerígenas

Todo un síntoma de la época.

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Ventanas que rebosan monitores, calles tomadas por montañas de teclados con las letras desgastadas, pilas de aquellos módems que chirriaban al conectarse, baterías que se descomponen junto a una acequia y marañas de cables que desprenden un humo negro al ser quemados para extraer de ellos el cobre. Da igual hacia dónde mire uno, en la pequeña ciudad china de Guiyu siempre hay basura electrónica a la vista.

Y es que, a pesar de los intentos de las autoridades por acotar el negocio del reciclaje no regulado, se estima que 1,6 millones de toneladas de desechos electrónicos acaban en esta localidad de la provincia suroriental de Guangdong cada año. Es un gigantesco negocio que da empleo a casi 80.000 de los 100.000 residentes y deja ingresos por valor de 3.700 millones de yuanes (unos 480 millones de euros). Guiyu es, con diferencia, el lugar del planeta en el que más aparatos se reciclan. Incluidos aquellos que se utilizan en España.

Antes, la mayoría de la basura procedía del extranjero. “Muchos países no quieren reciclar estos productos porque es una actividad contaminante y la legislación en el mundo desarrollado lo hace relativamente caro. Así que muchos envían esa basura a China, a pesar de que existen leyes internacionales que lo prohíben”, explica Li, que tiene un pequeño taller especializado en retirar metales preciosos de teléfonos móviles y que prefiere no dar más datos.

Sin embargo, la coyuntura ha cambiado radicalmente desde que en 2008 estalló la crisis financiera y económica en Occidente. “Ahora, el 70% de la chatarra se produce localmente”, explica Li. El pequeño empresario emplea a tres personas que hacen todo el trabajo de forma manual, en contacto habitual con químicos nocivos para la salud. “Se gana bastante, así que trabajaré aquí unos años para ahorrar y luego volveré a mi pueblo, en la provincia de Guizhou”, asegura uno de ellos.

«Antes, la basura se nos enviaba de otras partes del mundo hacia China. Esa era la principal fuente (de residuos) y el principal problema», dijo Ma Jun, director de una de las principales ONG ecologistas, el Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales. «Pero ahora, China se ha convertido en una potencia consumidora por sí sola», agregó. Genera 6 millones de toneladas de desechos electrónicos al año, Estados Unidos 7,1 millones y el mundo entero 41,8 millones, según los datos de 2014 de la ONU.

Por si toda esta contaminación no fuera suficiente, China ostenta el dominio sobre el mercado de tierras raras, que podría decirse que se sustenta en su mayor disposición a asumir el impacto ambiental que esta actividad conlleva, a diferencia de otros países.

En Guiyu la mayoría del trabajo de reciclaje se lleva a cabo en unos 5.500 pequeños almacenes, patios, y domicilios. Hay padres que no tienen inconveniente en manipular todo tipo de componentes peligrosos con su bebé en brazos. Otros incluso emplean a sus hijos, adolescentes, durante los fines de semana. El control sorprende por su ausencia, y la presencia de periodistas es mal recibida por los residentes, que incluso amenazan con utilizar la fuerza para evitar la toma de fotografías.

Pero hay vecinos que sí quieren mostrar lo que sucede. Quienes no tienen relación con la industria denuncian la gran degradación medioambiental que provoca. Y eso es algo que salta a la vista. Por los arroyos que circunvalan la ciudad corre tinta negra burbujeante, y lo que antes eran huertas ahora son vertederos en los que se amontona todo tipo de material sin valor.

“Por un lado están quienes utilizan los aparatos para sacar repuestos y, por otro, los que simplemente los despiezan para obtener materias primas. La más valiosa de las que se encuentra en cantidad es el cobre, que cotiza a unos 50.000 yuanes por tonelada (6.500 euros). Luego el acero, el hierro, y el plástico”, explica Hui Lufeng, un residente que critica el alto costo que tiene para la población el trabajo de despiece.

No en vano, según el estudio que la Universidad de Shantou hizo en 2009, Guiyu sufre la mayor concentración de dioxinas cancerígenas del mundo y una de las tasas más altas de enfermedades respiratorias. Muy por encima de la media nacional están también los casos de problemas cutáneos, migraña, vértigo, gastritis crónica y úlcera duodenal.

En el hospital local reconocen, aunque nadie quiere revelar su identidad, que la ciudad también está a la cabeza de abortos y de nacimientos con deformaciones y enfermedades congénitas. El principal enemigo es el plomo, que se cuela en el organismo por todas las vías posibles y hace que los niños de Guiyu sufran las consecuencias: capacidad intelectual disminuida y trastornos en los sistemas nervioso y reproductivo.

HuoXia, investigadora de la facultad de Medicina, hizo pruebas a 165 jóvenes de la ciudad y los resultados demostraron que el impacto del reciclado de la basura electrónica es demoledor para su salud: un 82% superaba la concentración de plomo en sangre que se considera peligrosa por la Organización Mundial de la Salud, y la media era un 49% superior.

Huo comparó los resultados con una muestra similar en Chendian, un pueblo cercano que no participa del reciclado. Allí, sólo el 20% de los niños tenía exceso de plomo en la sangre. Además, el número de nacidos muertos en Guiyu multiplicaba por seis el de Chendian, y el porcentaje de partos prematuros era un 62% superior. Por su parte, diferentes muestras de polvo y tierra analizadas por Greenpeace aparecen también contaminadas con arsénico, antimonio, cadmio y una larga lista de metales que, a través de los alimentos, se introducen en el organismo de los habitantes de Guiyu.

La corrupción incrementa el problema

Conscientes del peligro, las autoridades locales han tratado en varias ocasiones de clausurar los negocios que operan en peores condiciones. “Pero cierran uno y abre otro. Además, los dueños sobornan a la Policía para que haga la vista gorda, y amedrentan a los vecinos para que estén callados. El negocio es demasiado grande”, afirma Hui, que critica el nuevo estilo de vida que lleva a esta situación.

“Antes los aparatos que llegaban eran mucho más viejos. Había televisores de hacía más de veinte años. Ahora, cada vez nos llega tecnología más moderna, que incluso funciona correctamente pero que se tira porque la gente prefiere cosas más modernas. Pasa mucho con las teles de culo, y con los móviles” reconoce Han, un joven transportista que lleva chatarra del puerto a Guiyu en un viejo camión azul. “Y luego está la obsolescencia programada, claro, que hace que aparatos como los reproductores de DVD duren dos días”, añade Li.

Desafortunadamente, no parece que la situación vaya a mejorar. Porque, si bien la cantidad de basura electrónica que producen países como Estados Unidos se ha estabilizado y, gracias al aumento de su reciclado en origen, se ha reducido su impacto nocivo, en China se da el caso contrario y aumenta sin cesar. De hecho, se ha multiplicado en el último lustro y podría superar a la superpotencia americana en 2017. Sin duda, en Guiyu se frotan las manos, aunque a muchos les espere una vida breve.

41,8 millones de toneladas de basura electrónica generadas a nivel mundial en un solo año (2014), el equivalente a llenar 1,15 millones de camiones que colocados en hilera formarían una fila de 23.000 kilometros (la distancia en línea recta entre Madrid y Nueva Zelanda no llega a los 20.000 km). Y creciendo… Para 2018 se estima que alcancemos los 50 millones de toneladas…

Estos escalofriantes datos provienen del primer estudio realizado con una metodología estandarizada sobre el volumen de basura electrónica que se genera en el mundo, obra de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) sobre datos de 2014. Este estudio ha tratado de medir los volúmenes de basura electrónica, sus correspondientes impactos y el estado de su gestión a nivel global.

Más preocupante aún que estas impresionantes cifras: de esos casi 42 millones de toneladas, se calcula que solo un 15,5% pudo ser tratada adecuadamente. Es decir, en torno a un 85% de toda la basura generada (unos 35 millones de toneladas) no recibe ningún tratamiento adecuado, por lo que termina en vertederos e incineradoras o, mucho más grave aún y como es bien conocido, en depósitos incontrolados en diversos países del llamado Tercer Mundo, con China a la cabeza (donde la población de Guiyu se considera el centro de desechos electrónicos más grande del mundo) seguido de diversos países africanos como Ghana, donde el vertedero de Agbogbloshie -aunque se podría llamar más propiamente «gran centro de procesamiento de basura electrónica»- es tristemente conocido por los diversos reportajes de que ya ha sido escenario (como el realizado por TVE ya comentado en este blog). Uno de esos reportajes, publicado por Eldiario.es, nos muestra la cara más dramáticamente humana de ese comercio de residuos electrónicos a través del trabajo de dos fotográfos que han retratado la vida diaria en esos vertederos, donde miles de personas se dejan su salud para extraer los materiales servibles de los equipamientos, los cuales muchas veces terminan de nuevo en los países del «primer mundo» para seguir alimentando la maquinaria de producción (según el informe de la UNU, el valor intrínseco de los materiales que componen esa basura electrónica se calculó en 48 mill millones de euros en 2014).

China construye en Guiyu un parque para el reciclaje de RAEE

China Radio International (CRI), 2015-12-10

Guiyu, poblado de la provincia meridional china de Guangdong y el mayor centro de eliminación de desechos electrónicos de China, informó el jueves de que todas las empresas de reciclaje electrónico deben trasladarse a un parque industrial antes de finales de 2015 a fin de mejorar el control de la contaminación.

El parque ofrece servicios de eliminación estandarizada de aguas residuales, deshechos y emisiones y no permite ninguna basura dañina.

Hasta noviembre, el poblado había cerrado más de 400 talleres y había hecho que se trasladaran al parque más de 3.000 empresas.

Guiyu comenzó a reciclar desechos electrónicos en los años 80. La industria emplea a unas 100.000 personas, que desmantelan 450.000 toneladas de basuras electrónicas anualmente.

No obstante, los miles de pequeños talleres que han surgido han causado una grave contaminación del suelo, el agua y el aire.

“El agua del río del poblado solía tener un alto grado de acidez y el nivel de cobre en el lodo del lecho del río había llegado al mismo nivel de una mina de cobre”, dijo Huang Tengyuan, director del departamento de protección ambiental de la ciudad de Shantou, que administra Guiyu.

La situación ha mejorado en gran medida desde que se inició el traslado de empresas al parque en 2013.

Los datos del departamento muestran que, en comparación con los niveles de 2012, el contenido de metales pesados en el aire de Guiyu había bajado un 94 por ciento en los tres primeros trimestre de 2015, mientras que los de plomo, níquel y cobre en el río local registraron caídas del 37, el 78 y el 94 por ciento respectivamente.