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Koi Krylgan Kala

Koi Krylgan Kala, Uzbekistán

Koi Krylgan Kala (uzbeko: qal’a Qo’yqirilgan; ruso: Кой-Крылган-Кала) es un sitio arqueológico ubicado fuera del pueblo de Taza-Kel’timinar en el Ellikqal’a Distrito (uzbeko: Ellikqal’a Tumani; ruso: Элликкалинский район) en la República de Karakalpakstan, una república autónoma de Uzbekistán.

Koi Krylgan Kala es un sitio arqueológico, situado fuera de la localidad de Taza-Kel’timinar en Uzbekistán. Se trata de un complejo de templos pertenecientes a la dinastía Chorasmian, un pueblo iraniano que gobernó la zona de Khwarezm.

En la antigüedad, estaba ubicado a lo largo de un canal en la región del delta del Oxus.

Ubicación de Koi Krylgan Kala

Existe cierta relación entre Koi Krylgan Kala y Toprak Kala, a 30 km al noroeste.[1] Es un complejo de templos de la dinastía Chorasmian, un pueblo iraní que gobernó el área de Khwarezm. Fue construido c. 400 a. C. La tribu Apa-Saka lo destruyó c. 200 a. C., pero más tarde fue reconstruido en un asentamiento, que duró hasta c. 400 CE. [2] Fue descubierto en 1938 por Sergey Pavlovitch Tolstov, líder de la Expedición Arqueológico-Etnológica Chorasmian. Contenía un templo de fuego de Mazdian y estaba decorado con frescos de consumo de vino.

Vista aérea de Koi Krylgan Kala

 

Ruinas de miles de fortalezas se diseminan en espacios abiertos de las estepas Khorezm, pero los restos de Koy-Krylgan-kala son únicos por la forma de esta antigua construcción, sin precedentes hasta entonces en Khoresm: la poderosa ciudadela no era cuadrada o rectangular como era habitual en ese entonces, sino redonda.

La ciudadela se ubica en el centro exacto de una fortificación defensiva en forma de círculo perfecto, con nueve torres perimetrales. El espacio entre el edificio central y el “anillo” fue hallado completamente construido.

Plano de planta y boceto de Koi Krylgan Kala

La fortaleza forma dos círculos asombrosos y perfectamente concéntricos, con 42 metros de diámetro en el caso del edificio central, y 87 metros el muro defensivo.

Entre las paredes interiores y exteriores se extienden radialmente las habitaciones de los criados y los artesanos.

Miles de fragmentos de magnífica cerámica han sido hallados alrededor de la fortaleza y entre sus ruinas. Junto con otros hallazgos, en particular las puntas de bronce de las flechas, se utilizaron para identificar su edad – los arqueólogos descubrieron que era el más antiguo de todos los monumentos del antiguo estado de Khorezmian.

Fue construido cerca del 400 AEC, poco después que Khorezm hubiera ganado su independencia de Persia. Hacia el 200 AEC fue destruido por la tribu Apa-Saka, para luego volver a ser reconstruido como un asentamiento, el que duró hasta el año 400 aprox.

La ciudadela interior forma un tambor de unos 10 metros de altura que cubre un patio central y seis habitaciones laterales. Originalmente era utilizada como cementerio para gobernantes korezmianos, para ritos de culto e incluso para observaciones astronómicas.

 

Restos actuales de Koi Krylgan Kala

 

Los korezmianos estaban familiarizados con los eclipses, tenían un calendario preciso y sabían la hora exacta de las estaciones, vital para el manejo de su economía agrícola.

 

 

 

 

 

Dibujo/reconstrucción de Koi Krylgan Kala. Imagen: asiecentrale.net

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sitio fue descubierto en 1938 por Sergey Pavlovich Tolstov, líder de la expedición arqueológica. “Qoy Qırılg’an qala” es un nombre dado por los locales durante los últimos siglos y que se traduce generalmente como “fortaleza de la oveja muerta”, sin embargo, el significado exacto de “Qırılg’an” no es “muerto” sino “frágil”. El monumento fue estudiado sistemáticamente en 1951-1957, cuando fue excavado por completo.

La población de la fortaleza consistió en Zoroastrianos, adoradores de Anakhita, la diosa del agua y de los ríos, y Siyavus, el dios del sol. Su parte occidental fue construida en honor de la diosa Anakhita, y las partes del este y del sur se orientaron hacia el sol saliente en honor del dios del Siyavush. En la antigüedad la fortaleza estaba ubicada a lo largo de un canal en la región Oxus (Gozan bíblico).

Vista aérea de Koi Krylgan Kala

Esta fortaleza sigue siendo un rompecabezas histórico hasta ahora, destacándose por su diseño circular, único entre otras fortalezas del antiguo Khorezm, y que nos recuerda a Arkaim.

 

Estatua de un hombre-osario de Koi Krylgan Kala, primeros siglos AD, Museo del Hermitage

 

La estructura es un edificio cilíndrico de dos pisos con un diámetro de 44 metros, alrededor del cual se levantaron muros de la fortaleza a una distancia de 14 metros; El espacio entre la estructura central y los muros se construyó con edificios residenciales. Presumiblemente, la estructura central se utilizó como la tumba de los reyes Khorezm y como un templo zoroastriano. Además, está decorado con frescos. También es posible que un observatorio astronómico funcionara en la fortaleza.

 

Vista aérea de Koi Krylgan Kala

 

El Argar

El Argar

El Argar

Coordenadas: 37°15′08″N 1°55′03″O

Localización administrativa

País: España

División: Andalucía

Subdivisión: Almería

Localidad: Antas

Historia del sitio

Tipo: Yacimiento arqueológico

Uso original: Hábitat y necrópolis

Época: Edad del Bronce

Cultura: Cultura argárica

 

Eventos históricos

Abandono o destrucción: mediados del II milenio a. C.

Ocupantes: unos 500 en su apogeo

 

Hallazgos y descubrimiento

Descubrimiento: finales del siglo XIX

Arqueólogos: Enrique y Luis Siret

Dimensiones del sitio

Superficie: 16 000 m²

El Argar es un yacimiento arqueológico situado en el municipio de Antas, Almería, España. Se encuentra sobre una meseta con abruptas pendientes en su lado occidental, 35 m sobre el río Antas y laderas más suaves en el resto, extendiéndose por parte de estas últimas también.1​ Forma parte de la zona arqueológica de El Argar y La Gerundia, constituyendo un poblado prehistórico de la Edad del Bronce del sudeste ibérico que da nombre a la cultura argárica.

Fue excavado inicialmente por los hermanos Enrique y Luis Siret que publicaron sus resultados en castellano bajo el título de Las primeras edades del metal en el sudeste de España en 1890. Los materiales recogidos en este y otros yacimientos similares constituyeron el corpus básico para singularizar este grupo cultural, siendo estudiados una y otra vez por investigadores como B. Blance o H. Schubart.2

El espectacular desarrollo de esta cultura hizo pensar a sus excavadores que no mantenía ninguna relación con las fases anteriores, buscando su origen en influencias mediterráneas. Pero ahora se sabe que hay una clara continuidad con la época previa de Los Millares (Edad del Cobre).

Cronología

Basándose en las estructuras y ajuares funerarios excavados en el poblado, B. Blance estableció una secuencia dividida en dos periodos, A y B,3​ que, posteriormente, fue revisada y ampliada gracias a otros yacimientos:

  • Argar I o inicial (Argar A según la primera sistematización), con cistas y algunas fosas, así como elementos campaniformes y alabardas tipo Argar;
  • Argar II o antiguo (Argar A también), similar a la anterior en lo material, pero con una evolución hacia los rituales argáricos;
  • Argar III o pleno (Argar B), con predominancia de los pithoi y ajuares compuestos por puñales, hachas, espadas, alabardas tipo Montejícar y adornos personales.
  • Argar IV o tardío (Argar C, un complemento posterior), con elementos de Cogotas I.4

Yacimiento

El Argar. Ajuar funerario.

El Argar es considerado un asentamiento de nueva fundación, sin antecedentes calcolíticos.5​ Con una superficie de 16 000 m² y una población estimada de unos 500 habitantes, es uno de los poblados conocidos más grandes pertenecientes al grupo epónimo. En el interior de las propias viviendas se han encontrado más de mil sepulturas. Estaba estratégicamente situado sobre un cabezo amesetado y protegido también por una muralla, en cuyo interior se han excavado viviendas rectangulares de 8-10 m por 2,5 m, así como otras de planta irregular o circular. Las paredes se construían con madera y barro, levantados sobre un zócalo de piedra.6​ El techo era de cañas o ramas y barro. Tiene un urbanismo complejo que se caracteriza por la creación artificial de terrazas, con una acrópolis situada en lo más alto del yacimiento.

Economía

El Argar era un poblado dedicado a la agricultura y la ganadería, complementadas por la metalurgia, las manufacturas textiles, la caza y la pesca.6​ Debido a la existencia de enterramientos con ricos ajuares, se cree que constituía un lugar central de la cuenca de Vera,7​ similar a La Bastida de Totana o El Oficio.

Enterramiento en tinaja típico de la segunda fase de El Argar

La agricultura jugaría un papel importante, ya que se han encontrado más de quinientos artefactos relacionados con esta actividad, desde piezas de hoz hasta molinos. El cultivo principal era la cebada, seguido a bastante distancia por el trigo, el lino, las habas y las hortalizas.89​ Respecto a la ganadería, no hay elementos suficientes para calibrar su importancia, aunque hay excrementos de cabra10​ y alguna especie nueva como el caballo, el cual, probablemente, no se criaba para el consumo. Se cazaba el jabalí.11

La metalurgia parece que se desarrolló en un único espacio, donde se encontraron todos los elementos propios del proceso: un posible horno, crisoles y moldes para fabricar hachas, cuchillos, punzones o brazaletes. No hay presencia de escorias pero sí buena cantidad de mazos, picos y percutores. La mayoría de los objetos metálicos estaban fabricados en cobre, así como unos pocos en bronce. Entre los ajuares se hallaron dos espadas.12​ Hay presencia creciente de adornos de plata y oro en los ajuares funerarios de mayor prestigio; correspondiendo al final del periodo argárico las primeras aleaciones de bronce.

La producción de pesas de telar debía estar centralizada también, ya que se han encontrado en un mismo espacio 600 pesas en proceso de cocción. Hay muchos artefactos fabricados en materia ósea, como espátulas, punzones o agujas.12

Necrópolis

Hay excavadas un total de 1034 tumbas, de las cuales el 50 % contenían, además de la cerámica, elementos metálicos en sus ajuares. Basándose en la relación del sexo con su ajuar se determinó la correspondencia de los enterramientos femeninos con un punzón y los masculinos con hacha-alabarda-espada.3​ Hay varias tumbas de individuos infantiles masculinos con ajuares significativos, lo que sugiere la existencia de rangos hereditarios.13

El patrón funerario se basa en sepulturas individuales, en las que, a veces, aparecen dos o tres individuos. Están ubicadas bajo las casas, no existiendo una necrópolis como tal. El ritual y los ajuares reflejan una marcada desigualdad social, por lo que se ha propuesto que la sociedad argárica estaría muy estratificada, aunque hay opiniones diversas.

Interpretación

Restos de un cráneo de la sepultura 62 de El Argar, con diadema de plata: «Las alhajas consisten en una diadema de plata, pendientes de oreja, de cobre y de plata, y collar, de hueso y de serpentina».14

La primera fase de ocupación del poblado refleja una comunidad campesina autosuficiente que se iniciaba en la metalurgia y se enterraba predominantemente en fosas, con ajuares muy similares. En una segunda fase se produjo un importante aumento de la demografía y de las actividades metalúrgicas, enterrándose mayoritariamente en cistas, con ajuares ya diferenciados (aparecen en algunos pendientes y anillos metálicos). En la tercera existían claras diferencias socio-económicas entre los habitantes del poblado y predominaban las urnas cerámicas, en cuyos ajuares más ricos se encuentran diademas y espadas (elementos de alto contenido ideológico), mientras que muchos enterramientos carecen de cualquier tipo de ofrenda.15

La ideología dominante era aristocrática y guerrera. Esto se refleja en la fortificación de los poblados, la gran importancia de las armas y la presencia de éstas en los ajuares funerarios.

La sociedad argárica desapareció hacia el 1500 a. C.

Museos ‘argáricos’

Saber más en: http://www.elargar.com/inicio/

                        https://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_arg%C3%A1rica

El Argar, el gran enigma de la civilización que se desvaneció misteriosamente

Surgida hace 4.000 años, fue la primera sociedad dividida en clases de la península Ibérica y la que creó el primer Parlamento del mundo, pero se desvaneció en el 1550 antes de Cristo

Recreación en 3D de La Bastida, cerca de la actual Totana (Murcia), uno de los principales asentamientos de la cultura argárica. Dani Méndez-REVIVES

Es uno de los grandes enigmas de la arqueología. Una cultura, la de El Argar, que aparece en el 2200 antes de nuestra era y que desaparece en el año 1550 antes de Cristo. ¿Las causas? Los expertos se debaten entre un agotamiento de los recursos naturales que la sustentaban ―lo que provocó la huida de la población o la muerte por inanición de más de la mitad de los recién nacidos― o una gigantesca revolución popular que arrasó todas sus ciudades a causa del insoportable yugo de la clase dirigente, la tenedora del armamento, de los recursos y de las vidas.

Sea como sea, la cultura argárica, “la primera sociedad divida en clases de la península Ibérica”, como la define la Universidad Autónoma de Barcelona, la que creó el primer Parlamento del que se tiene constancia en el mundo, la que enterraba a sus aristócratas con bellísimos ajuares de oro y plata, se volatilizó literalmente hasta que un arqueólogo llamado Rogelio de Inchaurrandieta (1836-1915) se topó con ella en Murcia en 1869 y comenzó a hacerse preguntas.

Más información

El rapto de la princesa argárica de Murcia

Inchaurrandieta expuso su gran hallazgo en el Congreso Internacional de Arqueología de Copenhague (1866-1912). Habló de una ignota civilización de la Edad del Bronce que había hallado en un cerro abrupto del municipio de Totana (Murcia), con ajuares increíbles y que incluía una gran ciudad fortificada que carecía de cualquier tipo de conexión con las sociedades históricas conocidas. Nadie le creyó.

Ajuar argárico encontado en la tumba 38 del yacimiento de La Almoloya. Universidad Autónoma de Barcelona

Pero en 1877, los hermanos belgas Luis y Enrique Siret llegaron a Murcia buscando explotaciones mineras y terminaron confirmando la existencia de esta desconocida sociedad, de grandes centros urbanos, que se extendió 35.000 kilómetros cuadrados por el sureste de la Península, que surgió hace 4.000 años y que desapareció sin que nadie supiera las causas. Esta cultura, llamada de El Argar (Antas, Almería), por ser ese yacimiento el primero excavado metódicamente, dominaba la agricultura, los metales y creaba fabulosas piezas de orfebrería. Hasta se conservan los restos de una de sus princesas.

Señala el estudio El Argar: la formación de una sociedad de clases, de los arqueólogos Vicente Lull, Rafael Micó, Roberto Risch y Cristina Rihuete Herrada, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UBA), que El Argar “es una de las culturas emblemáticas de los inicios de la Edad del Bronce en Europa. La constatación de grandes asentamientos en sus cerros, la abundancia de contextos funerarios bien preservados en el subsuelo de los poblados, así como la cantidad, variedad y singularidad del repertorio artefactual, han atraído desde entonces la atención de numerosos investigadores”.

La mayoría de los núcleos de población argáricos ocupaban altozanos situados en las estribaciones de las sierras, separados de los llanos o vegas, pero con un amplio control visual sobre estos. Las viviendas argáricas eran de planta absidal, trapezoidal o rectangular y se disponían sobre terrazas artificiales. Por lo general, “los enclaves ocupaban una superficie de entre una y tres hectáreas, aunque el desarrollo posterior de algunos, como Lorca y La Bastida, los llevó a superar esa extensión (hasta 10 hectáreas)”.

Vista aérea del yacimiento argárico de La Almoloya, en 2015.Universidad Autónoma de Barcelona

Vicente Lull, catedrático de Prehistoria en la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los expertos mundiales más reconocidos sobre esta sociedad, admite que lo argárico “está de moda”. “Vienen especialistas de todo el mundo a interesarse por esta civilización única, contemporánea de la minoica, pero totalmente olvidada”. “Es una civilización sin parangón”, continúa, “con un desarrollo tecnológico de primer orden, que no dejó nada a su paso, pero que lo adelantó todo. Es como la búsqueda de la civilización perdida”.

Los expertos coinciden en que el descubrimiento de El Argar supuso una ruptura con respecto al periodo calcolítico precedente en aspectos como el desarrollo tecnológico, las relaciones económicas, los patrones urbanísticos y de organización territorial y los ritos funerarios. “La orientación de la producción hacia la obtención de excedentes centralizados en un contexto de marcada explotación social supuso el surgimiento de uno de los primeros Estados de Europa occidental”, afirma la UAB.

Los Siret, a finales del siglo XIX, excavaron 10 yacimientos argáricos y abrieron más de mil tumbas en Antas, con el consiguiente destrozo de los restos. No obstante, dibujaron de forma precisa todo lo que iban encontrando. “La cultura de El Argar es la primera sociedad clasista de la península Ibérica. Los asentamientos centrales acumulaban una parte importante de los excedentes de producción y la fuerza de trabajo. Los efectos de dicho control se manifiestan en la normalización de los productos cerámicos y metalúrgicos y en la circulación y uso restringidos, sobre todo, de los productos metálicos”, aseveran los expertos de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Diademas de plata, recipientes, adornos y calavera encontrados en una tumba de El Argar y dibujados por los hermanos Siret.

Pero no todos los habitantes de estas ciudades acumulaban riqueza en igual medida, tal y como demuestran los ajuares funerarios exhumados de la clase dominante. En 1984, Vicente Lull y Jordi Estévez distinguieron tres estratos sociales. La clase más poderosa, formada por el 10% de la población, que “gozaría de todos los privilegios y que disponía de los ajuares más ricos, incluidas armas como alabardas y espadas”; un 50% de individuos con derechos político-sociales reconocidos, y un 40% de personas dedicadas a la servidumbre o a la esclavitud. “Una de las características de esta sociedad es que estaba encerrada en sí misma. Sus defensas no servían solo como protección, sino que creaban una sociedad enclaustrada dominada por una opresiva clase dirigente”, recuerda Lull. Precisamente, esa opresión aristocrática pudo desencadenar el fin de esta civilización.

La cultura argárica se extendió unos 700 años (2200 a 1550 a. C), fue escasamente permeable y se basaba en relaciones de parentesco y un sistema de transmisión hereditaria. El Argar comenzó entre las cuencas de Vera y Guadalentín (Murcia) y se extendió por la Meseta, la Comunidad Valenciana, Almería y Granada.

Los argáricos solían enterrar a sus difuntos en el interior de las viviendas. “Las prácticas funerarias muestran una remarcable uniformidad a lo largo de todo el territorio. Las comunidades inhumaban a sus difuntos bajo el piso del área habitada en sepulturas individuales, a veces dobles y, en pocas ocasiones, múltiples. El cadáver era depositado en posición flexionada y, generalmente, en decúbito lateral o en posición sedente con la cabeza orientada hacia el sur o el oeste”, recuerdan los expertos de la UAB.

Posición de dos cuerpos enterrados en La Almoloya y localización de los elementos del ajuar con que fueron enterrados.Celdrán Beltrán

El final de las manifestaciones argáricas se sitúa hacia 1550 a. C., dando paso al Bronce Tardío del sudeste peninsular. Las causas del colapso de la sociedad argárica parecen haber sido un conjunto de factores socioeconómicos y ecológicos. Posiblemente, la sobreexplotación del medio condujo a una degradación ecológica que hizo inviable la reproducción económica y social. El final de El Argar está caracterizado por el agotamiento de los recursos naturales, los instrumentos de trabajo y la fuerza de trabajo, este último en forma de una alta mortalidad infantil y el desarrollo de patologías. Quizás esta situación llevó a un estallido social sin precedentes que supuso la desaparición completa de esta civilización, como demuestra el hecho de que numerosas de las edificaciones desenterradas muestran signos de haber ardido por los cuatro costados.

Tapones de oro de lóbulo de oreja de la tumba 38 de La Almoloya. J.A. Soldevilla / Universidad Autónoma de Barcelona

Según los expertos, tras la destrucción vino el completo silencio, solo roto por la permanencia en Alicante y Granada de algunos pequeños grupos argáricos que sobrevivieron un siglo más y que pudieron ser poblados por las clases dirigentes huidas.

De los centenares de tumbas argáricas estudiadas destaca una que los arqueólogos llaman de la princesa de La Almoloya, una joven que murió en el año 1635 antes de Cristo en el actual término de Pliego (Murcia). La enterraron en la cabecera de un edificio singular con su ajuar, que incluía una diadema de plata y una treintena de valiosos objetos de oro, plata, ámbar, piedras semipreciosas, cobre y cerámica. Bajo ella, se halló el cuerpo de un hombre que había fallecido años antes.

A unos 100 kilómetros de Pliego, en Antas, se encontraba el centro económico y político de esta cultura encerrada en sí misma, donde se ha hallado un edificio que incluía una gran sala de gobierno de unos 80 metros cuadrados, con bancos para sentarse y presidida por un hogar y un podio. Estaba preparada para acoger a unas 50 personas. Los investigadores suponen que era una especie de Parlamento, quizás el primero del mundo. “Nunca sabremos qué se debatía allí”, indica Lull, “porque los argáricos, sorprendentemente, y a pesar de su desarrollo, no dominaban la escritura. Es un misterio sobre un misterio”.

De Vicente G. Olaya

Casarabe

Casarabe

Descubren una civilización prehispánica “perdida” en lo profundo del Amazonas, en la región de Los Llanos de Mojos, Cotoca en Bolivia.

15 siglos atrás, crearon carreteras, canales y embalses y erigieron pirámides cónicas de hasta 22 metros de altura.

26·05·22

En la actual Bolivia, una civilización prácticamente desconocida se desarrolló por más de 4.500 kilómetros cuadrados en la profundidad del Amazonas y creó una cultura capaz de convivir armónicamente con su entorno por más de 900 años.

Millones de láseres disparados desde un helicóptero que volaba sobre la cuenca del Amazonas han revelado evidencia de asentamientos desconocidos construidos por una civilización prehispánica “perdida”: los hallazgos indican que el misterioso pueblo Casarabe, que vivió en la región de los Llanos de Mojos de la cuenca del Amazonas entre los años 500 y 1.400 después de Cristo, era mucho más numeroso de lo que se pensaba anteriormente y que había desarrollado una civilización rica y extensa.

Captura de pantalla de una animación 3D del sitio de Cotoca, en Bolivia, donde se descubrieron las huellas de la civilización perdida. Crédito: H. Prümers / Instituto Arqueológico Alemán.

De acuerdo a un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Nature, los investigadores del Instituto Arqueológico Alemán descubrieron varios asentamientos desconocidos dentro de una red de carreteras, calzadas, embalses y canales que se centraba en dos asentamientos de gran magnitud de la cultura Casarabe, ahora llamados Cotoca y Landívar en la actual Bolivia.

Una civilización interconectada y avanzada en medio del Amazonas

Según explican los especialistas en un artículo publicado en Live Science, el sistema de comunicación creado permitía llegar de un asentamiento a otro en alrededor de una hora de caminata. Los descubrimientos indican que esta región del Amazonas estuvo muy densamente poblada en la época prehispánica, a diferencia de lo que se creía hasta hoy.

Estudios previos habían informado la existencia de restos arqueológicos y núcleos urbanos basados en la agricultura y localizados en áreas de bosques tropicales en el sudeste asiático, Sri Lanka y América Central, pero no existían evidencias sobre antiguas comunidades similares en esta zona de América del Sur, más allá de algunos grandes asentamientos interconectados en el sur de la Amazonia. En consecuencia, los sitios identificados pertenecientes a la cultura Casarabe obligan a poner en duda los modelos científicos al respecto.

La región de los Llanos de Mojos es una sabana tropical de tierras bajas, en el suroeste de la cuenca del Amazonas. Presenta estaciones húmedas y secas: en los meses más secos casi no llueve, pero durante la temporada de lluvias, entre noviembre y abril, gran parte del área se inunda durante meses. Los misioneros españoles en el siglo XVI solo encontraron comunidades aisladas viviendo en esa zona: debido a esto, los científicos supusieron que la población prehispánica del área había tenido las mismas características.

A pesar de esto, algunos investigadores comenzaron a dudar de la precisión de esta teoría e iniciaron estudios. Es así que se encontraron movimientos de tierra en la década de 1960, pero muchos científicos cuestionaron si realmente eran ruinas o solamente características naturales. Sin embargo, los últimos estudios confirmaron que los asentamientos más pequeños de Casarabe podrían haber sido el hogar de miles de personas: ya se conocen 24 núcleos urbanos, nueve de los cuales se descubrieron en el actual estudio, liderado por el arqueólogo Heiko Prümers.

Un nuevo tipo de urbanismo tropical

En sus conclusiones, los científicos describen que los sitios pertenecientes a la cultura Casarabe conformaron un denso sistema de asentamientos en cuatro niveles, en un área que abarcó aproximadamente un total de 4.500 kilómetros cuadrados. Cada uno de los núcleos más importantes controlaba un área de aproximadamente 500 kilómetros cuadrados. Los mismos estaban comunicados por una compleja red de caminos y carreteras.

La arquitectura cívico-ceremonial de estos grandes asentamientos incluye andenes escalonados, sobre los cuales se erigen estructuras en forma de U, formaciones rectangulares y pirámides cónicas de hasta 22 metros de altura. Aún se desconoce qué sentido tenían en el marco de la cosmovisión y las creencias de estos pueblos prehispánicos.

En tanto, la enorme infraestructura de gestión del agua, compuesta por canales y embalses, completa el sistema de asentamientos en un paisaje modificado por el ser humano, pero que al mismo tiempo mantenía una armonía con el exuberante entorno natural circundante. Los resultados del estudio indican que el patrón de asentamiento de la cultura Casarabe representa un tipo de urbanismo tropical que no había sido identificado hasta el momento en esa parte de América del Sur.

Una RED de antiguas ciudades, perdidas en el Amazonas, que han permanecido escondidas bajo el espeso dosel del bosque durante siglos ha sido revelada por escaneo láser.

Por Ian Randall

El conjunto de “asentamientos intrincados” fue detectado en el bosque de sabana de los Llanos de Mojos en Bolivia por el arqueólogo profesor José Iriarte de la Universidad de Exeter y sus colegas. Las ciudades, que fueron construidas por las comunidades de Casarabe entre los años 500 y 1400 d. C., presentan una serie de estructuras elaboradas muy diferentes a las descubiertas anteriormente en la región. Incluyen terrazas de 16 pies de altura que abarcan unas 22 hectáreas, el equivalente a 30 campos de fútbol, ​​estructuras cívico-ceremoniales construidas en forma de U y pirámides cónicas cada una de alrededor de 69 pies de altura. Los investigadores también detectaron rastros de una vasta red de embalses, calzadas y puntos de control que se extendían por muchos kilómetros.

Para mirar a través del dosel del bosque tropical, el equipo de investigación utilizó un método de detección remota basado en láser conocido como LiDAR, o “Detección y rango de luz”.

LiDAR funciona un poco como un sonar, enviando haces de luz y cronometrando el tiempo que tarda la luz reflejada en regresar al receptor para crear un mapa 3D del área objetivo.

Según los arqueólogos, la escala de la planificación y el trabajo que habría sido necesario para construir los asentamientos no tiene precedentes conocidos en la Amazonía y, en cambio, solo es comparable con los estados arcaicos de los Andes centrales.

Una red de ciudades perdidas en el Amazonas ha sido revelada por escaneo láser. Foto: Cotoca (Imagen: H. Prümers / DAI)

Anteriormente, los arqueólogos solo conocían 14 asentamientos de Casarabe. El estudio agrega dos asentamientos grandes junto con 24 más pequeños al registro.

A medida que se construyeron las ciudades, agregaron los investigadores, las comunidades casarabe de los Llanos de Mojos transformaron las sabanas amazónicas inundadas estacionalmente del tamaño de Inglaterra en paisajes agrícolas y acuícolas productivos.

La variedad de ‘intrincados asentamientos’ se detectó en el bosque de sabana de los Llanos de Mojos en Bolivia (Imagen: H. Prümers / DAI)

El profesor Iriarte dijo: “Durante mucho tiempo sospechamos que las sociedades precolombinas más complejas de toda la cuenca se desarrollaron en esta parte de la Amazonía boliviana, pero la evidencia está oculta bajo el dosel del bosque y es difícil visitarla en persona.

“Nuestro sistema Lidar ha revelado terrazas construidas, calzadas rectas, recintos con puntos de control y depósitos de agua.

“Hay estructuras monumentales [cada una] a solo una milla de distancia, conectadas por 600 millas de canales: largas calzadas elevadas que conectan sitios, embalses y lagos.

“La tecnología LIDAR combinada con una extensa investigación arqueológica revela que los pueblos indígenas no solo administraron los paisajes boscosos, sino que también crearon paisajes urbanos, lo que puede contribuir significativamente a las perspectivas de conservación de la Amazonía.

“Esta región fue una de las primeras ocupadas por humanos en la Amazonía, donde la gente comenzó a domesticar cultivos de importancia mundial como la mandioca y el arroz.

“Pero se sabe poco sobre la vida cotidiana y las primeras ciudades construidas durante este período”.

: un mapa LiDAR del sitio de Landívar (Imagen: H. Prümers / DAI)

Los descubrimientos, dijeron los investigadores, desafían la visión de la Amazonía como un paisaje históricamente “prístino”.

Los hallazgos lo posicionan como el hogar de una forma temprana de urbanismo creado y administrado por la población indígena durante miles de años.

Además, agregaron, estas ciudades antiguas se construyeron y administraron no en contra de la naturaleza, sino junto a ella.

La cultura Casarabe parece haber empleado con éxito estrategias de subsistencia sostenibles que promovieron el conservacionismo y mantuvieron la rica biodiversidad del paisaje.

El coautor del artículo y arqueólogo ambiental, el Dr. Mark Robinson, de la Universidad de Exeter, dijo: “Estas ciudades antiguas eran los centros principales de una red de asentamientos regionales conectados por calzadas rectas y aún visibles que irradian desde estos sitios hacia el paisaje durante varios kilómetros. El acceso a los sitios puede haber sido restringido y controlado.

“Nuestros resultados descartan los argumentos de que la Amazonía occidental estaba escasamente poblada en la época prehispánica. La disposición arquitectónica de los grandes asentamientos de la cultura Casarabe indica que los habitantes de esta región crearon un nuevo paisaje social y público.

“La escala, la monumentalidad y el trabajo involucrado en la construcción de la arquitectura cívico-ceremonial, la infraestructura de gestión del agua y la extensión espacial de la dispersión de los asentamientos se comparan favorablemente con las culturas andinas y tienen una escala mucho más allá de los asentamientos sofisticados e interconectados del sur de la Amazonía. ”

Los hallazgos completos del estudio se publicaron en la revista Nature .

Saber más en: https://www.nature.com/articles/s41586-022-04780-4

Lidar revela urbanismo prehispánico de baja densidad en la Amazonía boliviana

Higo. 1: Mapa del sureste de los Llanos de Mojos.

La cobertura Lidar está marcada por las áreas grises (A–F). Los triángulos negros representan sitios de asentamiento de la cultura Casarabe que tienen arquitectura de montículos de plataformas. La capa topográfica se basa en datos TanDEM-X DEM de 12 m.

Fig. 2: El sitio de Cotoca (núm. 185).

a, Ocupación del área lidar de Cotoca. b, Sitios y características arqueológicas principales reveladas por lidar en el área de Cotoca. c , imagen Lidar del sitio de asentamiento grande Cotoca con secciones transversales A–B y C–D. msnm, metros sobre el nivel del mar.

Fig. 3: Mapas de dos grandes sitios de asentamiento.

Las líneas rojas indican los recintos poligonales y las calzadas rectas que irradian desde los sitios. Las capas topográficas se basan en datos TanDEM-X DEM de 12 m. a, sitio de Landívar (núm. 168). b, sitio de Cotoca (núm. 185).

Grandes sitios de asentamiento

Los asentamientos que, con más de 100 ha de tamaño, superan muchas veces a la mayoría de los otros asentamientos de la misma cultura, son un fenómeno muy temprano y mundial.

Ambos grandes sitios de asentamiento están rodeados por tres estructuras defensivas concéntricas que consisten en un foso y una muralla (Datos ampliados Fig. 1), algunas de las cuales están constituidas por muros dobles (Datos ampliados Fig. 9a). En el sitio de Cotoca, las estructuras defensivas internas solo se conservan en algunas secciones (Datos ampliados Fig. 1), lo que puede sugerir que cuando el sitio creció, las murallas se adaptaron en consecuencia.

Conclusiones

Nuestros resultados descartan los argumentos de que la Amazonía occidental estuvo escasamente poblada en la época prehispánica 28 . La disposición arquitectónica de los grandes asentamientos de la cultura Casarabe indica que los habitantes de esta región crearon un nuevo paisaje social y público a través de la monumentalidad. Proponemos que el sistema de asentamiento de la cultura Casarabe es una forma singular de urbanismo tropical agrario de baja densidad 2 —hasta donde sabemos, el primer caso conocido para toda la zona tropical de las tierras bajas de América del Sur 29 , 30 . La escala, la monumentalidad, el trabajo involucrado en la construcción de la arquitectura cívico-ceremonial y la infraestructura de gestión del agua, y la extensión espacial de la dispersión de los asentamientos se comparan favorablemente con las culturas andinas y tienen una escala mucho mayor que los asentamientos sofisticados e interconectados del sur de la Amazonía 31 , que carecen de arquitectura cívico-ceremonial monumental. Como tal, los datos contribuyen a la discusión sobre la riqueza global de la diversidad urbana temprana y ayudarán a redefinir las categorías utilizadas para las sociedades amazónicas pasadas y presentes.

Harappa

Harappa

Mapa esquemático de la zona ocupada por la civilización del valle del Indo (entre el 2500 y el 1700 a. C., mostrando la ubicación de la ciudad de Harappa.

Mapa de la zona ocupada por la posterior cultura del Cementerio H (entre el 1900 y el 1300 a. C.) y la cultura del río Swat (entre el 1600 y el 500 a. C.) en la época de composición del Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.). La ciudadela de Harappa (que aparece en el centro de la parte inferior de la imagen) ya había sido abandonada y olvidada.

Puente de botes sobre el río Ravi, a pocos kilómetros de la antigua Harappa; fotografía de 1895 aproximadamente.

Harappa es un yacimiento neolítico muy importante en el Punyaba (provincia del noreste de Pakistán) que perteneció a la cultura del valle del Indo. Está situado 8 kilómetros al sur del río Indo (aunque posiblemente hace tres mil años el río pasaba a pocos metros de la ciudad), a 35 km al suroeste de Sahiwal, a 185 km al suroeste de Lahore y a unos 1000 km al noreste de Karachi (en la costa del mar Arábigo).

La pequeña ciudad actual de Harappa está construida a unos 7 km al sureste de las ruinas de la antigua ciudad fortificada.

El 30 de enero de 2004 el «Sitio arqueológico de Harappa» fue inscrito en la Lista Indicativa de Pakistán —paso previo a ser declarado Patrimonio de la Humanidad—, en la categoría de bien cultura (n.º ref 1878).1

A mediados del siglo XIX las ruinas fueron expoliadas, desapareciendo los restos visibles de la antigua ciudad. Entre 1872 y 1873, la ciudadela fue excavada por el equipo de arqueólogos de sir Alexander Cunningham.

En 1920, el equipo de Rai Bahadur Daya Ram Sahni inició una excavación más exhaustiva. Su trabajo y el de sus contemporáneos, tanto en Harappa como en la antiquísima ciudad de Mohenjo-Daro (también en Pakistán), permitieron conocer al mundo esta olvidada civilización.

En los años 1930 y 1940, otros arqueólogos continuaron la excavación, hasta que en 1946 sir Mortimer Wheeler encontró los restos de la muralla de la ciudad.

Los arqueólogos estiman que la antigua ciudad de Harappa era un asentamiento urbano que dominaba la zona norte de la región del río Indo.

Fue un hallazgo equiparable al descubrimiento de la tumba de Tutankamón: uno de los primeros asentamientos de la historia de la humanidad, que abruptamente fue abandonado.

La ciudad de Harappa tiene cuatro milenios, fue construida 2.600 años antes de Cristo y mantiene todavía un buen estado de conservación, persistiendo los vestigios de una civilización que surgió en el valle del río Indo, con sus muros, casas o calles. Según las estimaciones de los arqueólogos, se trataba de un asentamiento urbano que dominaba la zona norte de la región del río Indo, y fue a mediados del siglo XIX cuando las ruinas fueron expoliadas. En 1826, un viajero británico llamado Charles Masson se encontró con unos extraños montículos de ladrillos y pensó que eran castillos viejos. No fue hasta 30 años después que unos ingenieros que construían un ferrocarril encontraron más ladrillos: la primera evidencia de la ciudad perdida de Harappa.

Sir Alexander Cunningham fue el primero en comenzar a excavarla entre 1872 y 1873, después en 1920 se inició una excavación más exhaustiva en Harappa y Mohenjo-Daro. Así fue como se dio a conocer al mundo esta civilización olvidada, y la excavación continuó durante los años 30 y 40, hasta que en el 46 sir Mortimer Wheeler encontró los restos de la muralla de la ciudad. A día de hoy, los turistas visitan la zona para descubrir sus secretos y disfrutar de la calma del lugar. Su antigüedad y algunos de los daños sufridos hacen difícil saber algunas cosas sobre ella, ¿por qué fue abandonada hace 2.800 años?

Parece que en ese tiempo, los habitantes decidieron abandonar las ciudades para migrar a pequeños pueblos en las faldas del Himalaya. Nadie ha sido capaz de resolver el misterio. La civilización era muy avanzada en muchos aspectos, por ejemplo, tenían una red de abastecimiento de agua impresionante y se beneficiaban del clima cuando el monzón no era muy fuerte, para así poder dedicarse a la cultura de regadío.

Las variables

Se detuvo el comercio. Alrededor de la época en la que las ciudades del Indo comenzaron a colapsar, Mesopotamia atravesaba problemas políticos, y era su principal socio comercial. Algunos historiadores apuntan que ese podría haber sido el motivo de la migración, que se produjo especialmente en la ciudad y no tanto en las aldeas.

¿Hubo una guerra? Otros historiadores creían que la civilización del Indo fue destruida en una gran guerra, debido a que los poemas hindúes llamados RigVeda (de alrededor del 1.500 a.C) describen a los invasores del norte que conquistaron las ciudades del Valle del Indo. En la década de los 40, Mortimer Wheeler descubrió 39 esqueletos humanos en la ciudad de Mohenjo-Daro, y pensó que eran personas que habían sido asesinadas por invasores. No obstante, a día de hoy esta teoría no tiene mucha fuerza pues no hay evidencia de guerra o asesinatos.

Alrededor de la época en la que las ciudades del Indo comenzaron a colapsar, Mesopotamia atravesaba problemas políticos, y era su principal socio comercial

¿Se movió el río? Muchos historiadores creen que la civilización se derrumbó debido a cambios en la geografía y el clima de la zona. Los movimientos en la corteza terrestre (la capa exterior), podrían haber causado que se hundiese el río y cambiase de dirección. Las principales ciudades estaban estrechamente vinculadas al río, por lo que los cambios en su caudal habrían tenido un efecto terrible en ellas. Las inundaciones repetidas podrían haber provocado una acumulación de sal en el suelo, lo que dificulta el cultivo.

Se creía que, al mismo tiempo, el Ghaggar-Hakra (otro río de la zona) se secó. La gente se vio obligada a abandonar muchas de las ciudades ubicadas a lo largo de sus orillas, como Kalibangan y Banawali. Quizá la gente comenzó a enfermar y a pasar hambre, y se habría propagado el caos. Esta teoría, sin embargo, también fue negada por un estudio publicado en ‘Nature Communications‘: ese gran río del Himalaya no fluyó al mismo tiempo que el desarrollo de los asentamientos urbanos de la Civilización de Indo. La investigación muestra cómo los antiguos centros urbanos no necesitaron necesariamente un sistema fluvial activo para prosperar.

“No hacían arte, ni grandes ciudades, ni escribían… pero subsistieron durante otro milenio gracias al secano”

Analizando los sedimentos de la zona, un equipo de científicos ha llegado a la conclusión de que el monzón durante el invierno se incrementó, mientras que el del verano se redujo, lo que les habría hecho migrar de esa zona a las del Himalaya, cambiando su cultura de regadío por la de secano. “No hacían arte, ni grandes ciudades, ni escribían… pero subsistieron durante otro milenio gracias al secano”, señalan fuentes del propio estudio en ‘BBC‘. Aunque por ahora son teorías, parece que los arqueólogos están cada vez más cerca de conocer la verdad. Pero aún queda por saber si no fueron un cúmulo de sucesos los que terminaron abruptamente con una de las civilizaciones más antiguas de la historia de la humanidad.

El origen de la Civilización del Indo y la Cultura Harappa

Hace 4.500 años, esta región jugó un papel fundamental en el desarrollo de una antigua y avanzada cultura, la Civilización del Indo también conocida cómo cultura Harappa. Perduró dos milenios y fue la más extensa de las grandes civilizaciones fluviales de la Edad de Bronce, que surgieron al amparo de grandes ríos como el Indo, el Tigris y el Éufrates, el Nilo y los ríos Huang He y Yangsté en China.

Harappa (pronunciación punjabi:  [ɦəɽəppaː]; urdu/punjabi: ہڑپّہ) es un sitio arqueológico en Punjab, Pakistán, a unos 24 km (15 millas) al oeste de Sahiwal. El sitio toma su nombre de un pueblo moderno ubicado cerca del antiguo curso del río Ravi, que ahora corre 8 km (5,0 millas) al norte. El pueblo actual de Harappa está a menos de 1 km (0,62 millas) del sitio antiguo. Aunque la moderna Harappa tiene una estación de tren heredada del período del Raj británico, en la actualidad es una pequeña ciudad encrucijada de 15.000 habitantes.

Civilización harappa ہڑپّہ (en urdu)

Una vista del granero y el gran salón de Harappa

Localización: Distrito de Sahiwal , Punjab, Pakistán

Tipo: Asentamiento

Área: 150 ha (370 acres)

 

Historia

Periodos: Harappa 1 a Harappa 5

Culturas: Civilización del valle del Indo

Notas del sitio

Sitio web: www .harappa .com

El sitio de la antigua ciudad contiene las ruinas de una edad de bronce fortificada de la ciudad, que era parte de la civilización del Indo centrados en Sindh y el Punjab, y luego la cultura del cementerio H.[1] Se cree que la ciudad tuvo hasta 23.500 residentes y ocupó alrededor de 150 hectáreas (370 acres) con casas de ladrillos de arcilla en su mayor extensión durante la fase madura de Harappa (2600 a. C. – 1900 a. C.), que se considera grande para su época.[2] [3] Según la convención arqueológica de nombrar una civilización previamente desconocida por su primer sitio excavado, la Civilización del Valle del Indo también se llama Civilización Harappa.

La antigua ciudad de Harappa sufrió graves daños bajo el dominio británico, cuando los ladrillos de las ruinas se utilizaron como lastre de las vías en la construcción del ferrocarril Lahore-Multan. En 2005, un controvertido esquema de parque de atracciones en el sitio fue abandonado cuando los constructores desenterraron muchos artefactos arqueológicos durante las primeras etapas del trabajo de construcción.[4]

Historia

Mapa que muestra los sitios y la extensión de la civilización del valle del Indo. Harappa fue el centro de una de las regiones centrales de la civilización del valle del Indo, ubicada en el centro de Punjab. La arquitectura de Harappa y la civilización de Harappa fue una de las más desarrolladas en la antigua Edad del Bronce.

La civilización Harappa tiene sus raíces más tempranas en culturas como la de Mehrgarh, aproximadamente 6000 aC. Las dos ciudades más importantes, Mohenjo-daro y Harappa, surgieron alrededor del 2600 a. C. a lo largo del valle del río Indo en Punjab y Sindh.[5] La civilización, con un posible sistema de escritura, centros urbanos y un sistema social y económico diversificado , fue redescubierta en la década de 1920 también después de excavaciones en Mohenjo-daro en Sindh cerca de Larkana , y Harappa, en el oeste de Punjab al sur de Lahore . También se han descubierto y estudiado varios otros sitios que se extienden desde las estribaciones del Himalaya en el este de Punjab, India en el norte, hasta Gujarat en el sur y el este, y hasta el Baluchistán paquistaní en el oeste. Aunque el sitio arqueológico de Harappa fue dañado en 1857 [6] cuando los ingenieros que construían el ferrocarril Lahore – Multan utilizaron ladrillos de las ruinas de Harappa para lastre de las vías, se han encontrado una gran cantidad de artefactos.[7] Debido a la reducción del nivel del mar, ciertas regiones a finales del período Harappa fueron abandonadas.[8] Hacia el final, la civilización Harappa perdió características como la escritura y la ingeniería hidráulica.[9] Como resultado, el asentamiento del valle del Ganges ganó prominencia y se desarrollaron las ciudades del Ganges.[10]

Cultura y economía

La civilización del valle del Indo era básicamente una cultura urbana sustentada por el excedente de producción agrícola y el comercio, este último incluido el comercio con Elam y Sumer en el sur de Mesopotamia. Tanto Mohenjo-Daro como Harappa se caracterizan generalmente por tener “viviendas diferenciadas, casas de ladrillo con techo plano y centros administrativos o religiosos fortificados”.[11] Aunque tales similitudes han dado lugar a argumentos a favor de la existencia de un sistema estandarizado de diseño y planificación urbana, las similitudes se deben en gran medida a la presencia de un tipo semi-ortogonal de diseño cívico y una comparación de los diseños de Mohenjo. -Daro y Harappa muestran que, de hecho, están dispuestos de una manera bastante diferente.

Los pesos y medidas de la civilización del valle del Indo, por otro lado, estaban altamente estandarizados y se ajustan a una escala establecida de gradaciones. Los sellos distintivos se utilizaron, entre otras aplicaciones, quizás para la identificación de bienes y el envío de mercancías. Aunque se utilizaba cobre y bronce, todavía no se utilizaba hierro. “Cotton fue tejido y teñido para la ropa; fueron trigo, arroz, y una variedad de vegetales y frutas cultivada, y un número de animales, incluyendo el toro joroba, fue domesticado,”[11], así como “aves de corral para la lucha”.[12] La alfarería hecha con ruedas —algunas de ellas adornadas con motivos animales y geométricos— se ha encontrado en abundancia en todos los principales sitios del Indo. De la uniformidad cultural revelada se ha inferido una administración centralizada para cada ciudad, aunque no para toda la civilización; sin embargo, sigue siendo incierto si la autoridad recaía en una oligarquía comercial. Los harappans tenían muchas rutas comerciales a lo largo del río Indo que llegaban hasta el golfo Pérsico, Mesopotamia y Egipto. Algunas de las cosas más valiosas comercializadas fueron cornalina y lapislázuli.[13]

Lo que está claro es que la sociedad de Harappa no era del todo pacífica, y los restos óseos humanos demostraron algunas de las tasas más altas de lesiones (15,5%) encontradas en la prehistoria del sur de Asia.[14] El análisis paleopatológico demostró que la lepra y la tuberculosis estaban presentes en Harappa, con la mayor prevalencia de enfermedades y traumatismos presentes en los esqueletos del Área G (un osario ubicado al sureste de las murallas de la ciudad).[15] Además, las tasas de trauma e infección craneofacial aumentaron con el tiempo, lo que demuestra que la civilización se derrumbó en medio de enfermedades y lesiones. Los bioarqueólogos que examinaron los restos han sugerido que la evidencia combinada de las diferencias en el tratamiento mortuorio y la epidemiología indica que algunas personas y comunidades en Harappa fueron excluidas del acceso a recursos básicos como la salud y la seguridad.

Comercio

Los harappanos habían comerciado con la antigua Mesopotamia, especialmente con Elam, entre otras áreas. Los textiles de algodón y los productos agrícolas fueron los principales objetos comerciales. Los comerciantes de Harappa también tenían colonias de adquisiciones en Mesopotamia que también servían como centros comerciales.[dieciséis]

Arqueología

Imágenes votivas en miniatura o modelos de juguetes de Harappa, ca. 2500. Figuras de terracota modeladas a mano con policromía.

Los excavadores del sitio han propuesto la siguiente cronología de la ocupación de Harappa:[3]

  1. Aspecto Ravi de la fase Hakra , c. 3300-2800 AC.
  2. Fase Kot Dijian (Harappa temprano), c. 2800 – 2600 antes de Cristo.
  3. Fase de Harappa, c. 2600-1900 antes de Cristo.
  4. Fase de transición, c. 1900 – 1800 antes de Cristo.
  5. Fase de Harappa tardía, c. 1800-1300 antes de Cristo.

Con mucho, los artefactos más exquisitos y oscuros desenterrados hasta la fecha son los pequeños sellos cuadrados de esteatita (esteatita) grabados con motivos humanos o animales. Se ha encontrado una gran cantidad de focas en sitios como Mohenjo-Daro y Harappa. Muchos llevan inscripciones pictográficas que generalmente se cree que son una forma de escritura o escritura.[cita requerida] A pesar de los esfuerzos de los filólogos de todas partes del mundo, ya pesar del uso del análisis criptográfico moderno, los signos permanecen sin descifrar. También se desconoce si reflejan proto- Dravidian u otro (s) lenguaje (s) no védico (s). La atribución de la iconografía y la epigrafía de la civilización del valle del Indo a culturas históricamente conocidas es extremadamente problemática, en parte debido a la evidencia arqueológica bastante tenue de tales afirmaciones, así como a la proyección de preocupaciones políticas modernas del sur de Asia en el registro arqueológico del área. Esto es especialmente evidente en las interpretaciones radicalmente variables de la cultura material de Harappa según lo visto tanto por los académicos con sede en Pakistán como en la India.[investigación original?] [cita requerida]

En febrero de 2006, un maestro de escuela en la aldea de Sembian-Kandiyur en Tamil Nadu descubrió un hacha de piedra (herramienta) con una inscripción que se estima tiene hasta 3.500 años de antigüedad.[17][18] El epigrafista indio Iravatham Mahadevan postuló que los cuatro signos estaban en la escritura del Indo y llamó al hallazgo “el mayor descubrimiento arqueológico de un siglo en Tamil Nadu”.[17] Con base en esta evidencia, continúa sugiriendo que el idioma utilizado en el valle del Indo era de origen dravídico . Sin embargo, la ausencia de una Edad de Bronce en el sur de la India, en contraste con el conocimiento de las técnicas de fabricación de bronce en las culturas del Valle del Indo, cuestiona la validez de esta hipótesis.

El área del período Harappa tardío consistió en áreas de las regiones de Daimabad, Maharashtra y Badakshan de Afganistán. El área cubierta por esta civilización habría sido muy grande con una distancia de alrededor de 2.400 kilómetros (1.500 millas)[19]

Los primeros símbolos similares a la escritura del Indo

Tablas de arcilla y piedra desenterradas en Harappa, que fueron datadas por carbono del 3300-3200 a. C., contienen marcas en forma de tridente y en forma de plantas. “Es una gran pregunta si podemos llamar a lo que hemos encontrado escritura verdadera, pero hemos encontrado símbolos que tienen similitudes con lo que se convirtió en escritura Indus”, dijo el Dr. Richard Meadow de la Universidad de Harvard, Director del Proyecto de Investigación Arqueológica de Harappa.[20] Esta escritura primitiva se sitúa un poco antes que las escrituras primitivas de los sumerios de Mesopotamia, fechadas hacia el 3100 a. C.[20] Estas marcas tienen similitudes con lo que más tarde se convirtió en Indus Script . [20]

Notas

Harappa. Fragmento de vasija grande y profunda, alrededor del 2500 aC Cerámica roja con decoración pintada en rojo y negro, 4 15/16 × 6 1/8 pulg. (12,5 × 15,5 cm). Museo de Brooklyn

Estatuillas de Harappa

El controvertido torso masculino de Harappa (izquierda). El descubridor, Madho Sarup Vats, reclamó una fecha de Harappa, pero Marshall fechó la estatuilla en el período de Gupta.[21] Otra estatuilla famosa del sitio es el bailarín de piedra gris Harappa (derecha).

  • La datación por radiocarbono más antigua mencionada en la web es 2725 ± 185 a.C. (sin calibrar) o 3338, 3213, 3203 a.C. calibrada, dando un punto medio de 3251 a.C. Kenoyer, Jonathan Mark (1991) Proceso urbano en la tradición del Indo: un informe preliminar. En Excavaciones de Harappa, 1986–1990: Un enfoque multidisciplinario del urbanismo del Segundo Milenio, editado por Richard H. Meadow: 29–59. Monografías de arqueología mundial No 3. Prensa de la prehistoria, Madison Wisconsin.
  • Los períodos 4 y 5 no están fechados en Harappa. La terminación de la tradición de Harappa en Harappa cae entre 1900 y 1500 a. C.
  • Mohenjo-Daro es otra ciudad importante del mismo período, ubicada en la provincia de Sindh en Pakistán. Una de sus estructuras más conocidas es el Gran Baño de Mohenjo-Daro.

Saber más en: https://hmong.es/wiki/Indus_Valley_Civilisation

 

 

Foto: Calle de un asentamiento del sitio arqueológico de Harappa (2.500-2.000 a.C.), en Pakistán. / EDGAR KNOBLOCH / WERNER FORMAN / GTRES.

Arquitectura de Harappan

La Arquitectura de Harapase o la Civilización del Valle del Indo La arquitectura es la arquitectura de los pueblos antiguos que vivieron en el Valle del Indo aproximadamente desde el 3300 aC hasta el 1300 aC. Los Harapas estaban bastante avanzados para su tiempo, especialmente en arquitectura. La Civilización del Valle del Indo (QLI) fue una civilización de la Edad del Bronce (3300-1300 aC, período de 2600 a 1900 aC), principalmente en la parte noroccidental del sur de Asia, que se extiende desde lo que hoy es el norte de Afganistán hasta Pakistán y el noroeste de India. Junto con el Antiguo Egipto y Mesopotamus, fue una de las primeras tres civilizaciones antiguas del Viejo Mundo y una de las tres más extendidas. La desertificación de esta región durante el milenio aC pudo haber sido el estímulo inicial para la urbanización asociada con la civilización, pero también redujo el suministro de agua lo suficiente como para causar el desplazamiento de su población hacia el este. En su apogeo, la civilización del valle del Indo puede haber tenido una población de más de cinco millones de personas. Los antiguos residentes pulmonares de Indus desarrollaron nueva tecnología en artesanías (productos de cornalina, sellos grabados) y metalurgia (cobre, bronce, plomo y pálido). Las ciudades del Indo son conocidas por su planificación urbana, casas de ladrillo, sistemas de dragado elaborados, sistemas de suministro de agua y grandes montones de edificios no residenciales. La civilización del Valle del Indo también se conoce como Harapas Civilization, según Harapas, el primer sitio excavado en el sitio de esta civilización en la década de 1920, conocida como la provincia de Punjab en Gran Bretaña y que ahora se encuentra en Pakistán. El descubrimiento de Harapa y poco después, Mohenjo-daros, fue la coronación de la obra iniciada en 1861 con el establecimiento de la Encuesta arqueológica de la India en la India británica. La excavación de los sitios de Harapa ha continuado desde 1920, con importantes descubrimientos hasta 1999. Culturas anteriores y posteriores, a menudo denominadas culturas burguesas primitivas y culturas burguesas tardías, en la misma área de la Civilización Harapas. La Civilización de Harapas a veces se ha llamado Cultura de Madurez de Harapase para distinguirla de estas culturas. En 1999, más de 1.056 ciudades y asentamientos fueron excavados, principalmente en la región de Indus y Ghaggar-Hakra y sus ramas más pequeñas. Entre los asentamientos se encuentran los principales centros urbanos de Harapas, Mohenjo-daros (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO), Dholavira, Ganeriwala en Cholistan y Rakhigarhi. El lenguaje del arpa no se prueba directamente y su relación familiar no está clara ya que la escritura de Indus todavía no está codificada. Algunos estudiosos favorecen una relación con la familia de las lenguas Dravidian o El-Dravidian.

Cronología

El Período de Madurez de la Civilización de Harapas duró aproximadamente desde 2600 hasta 1900 aC Con la inclusión del precursor y culturas posteriores, la cultura Harapase Temprana y Tardía, respectivamente, se puede considerar que la totalidad de la Civilización del Valle del Indo abarca desde el siglo XXXII hasta la del de XIV aC Las primeras culturas de Harapase están precedidas por la cultura Mehrgarh (alrededor de 7.000 a 3.300 aC) en Balukistán paquistaní. Para la periodización de QLI (Civilization of the Indus Valley) se usan dos términos: Phase y Epoka. Las Etapas Tempranas, la Maduración y el Harapase Tardío también se denominan Épocas de Regionalización, Integración y Localización, respectivamente, con la era de la Regionalización que alcanza el II Período Neolítico de Mehrgarh.

7000-5500 aC Mehrgarh I (Neolítico ya de cerámica)
5500-3300 aC Mehrgarh II-VI (Cerámica neolítica) La era de la regionalización
3300-2800 aC Harapase temprano Harapan 1 (fase Ravi)
2800-2600 aC Harapan 2 (fase Kot Diji, Nausharo I, Mehrgarh VII)
2600-2450 aC de la madurez de Harapase (Puerta del Indo) Harapan 3A (Nausharo II) La era de la integración
2450-2200 aC Harapan 3B
2200-1900 aC Harapan 3C
1900-1700 aC Harapase tardío (cementerio H); Cerámica pintada con ocre. Harapan 4 Edad de localización
1700-1300 aC Harapan 5
1300-300 aC Post-Harapan Cerámica gris pintada, cerámica negra, vidriada (edad de hierro), tradición indogangética. Período védico, «Segunda urbanización» (500-200 aC).

La primera civilización Harapas

Early Phase Harapase Ravi, llamado así por el cercano río Ravi, duró de 3300 aC a 2800 aC. Está asociado con la Etapa de Hakra, identificada con el valle del río Ghaggar-Hakra al oeste y antes que la Fase Kot Diji (2800-2600 aC, Harapas 2), llamada así por un sitio en el norte de Sindh en Pakistán cerca de Mohenjo Daro-s. Los primeros ejemplos de la escritura del Indo se remontan al III milenio del BCE. La temprana edad de la cultura rural temprana estuvo representada por Rehman Dheri y Amri en Pakistán. Kot Diji representa la etapa que conduce al Período de Maduración Harapase, con la fortaleza que representa la autoridad centralizada y un aumento en la calidad de vida. Otra ciudad de esta fase se encontró en Kalibangan en la India en el río Hakra. La red comercial vinculó esta cultura a culturas regionales cercanas y fuentes remotas de materia prima, incluyendo lapislázuli y otros productos botánicos. Para entonces, los aldeanos usaban numerosos productos vegetales, como peras, semillas de sésamo, frutas de palma y algodón, así como animales, incluido el búfalo de agua. Las comunidades tempranas de Harapase regresaron a los principales centros urbanos alrededor del 2600 aC, donde comenzó la fase de maduración de Harapase. Las investigaciones recientes muestran que la gente del Valle del Indo se mudó de las aldeas a las ciudades.

Periodo de madurez de Harapase

Alrededor del 2600 a. C., las comunidades tempranas de Harapase regresaron a los principales centros urbanos. Estos centros urbanos incluyen Harapan, Ganeriwala /, Mohenjo-daron en el Pakistán actual y Dholaviran, Kalibangan, Rakhigarh, Rupar y Lothal en la India actual. En total, se han encontrado más de 1.052 ciudades y asentamientos, principalmente en la región general del río Indo y sus sucursales.

La caída tardía de la cultura del arbusto tardío

Alrededor de 1800 aC, comenzaron a aparecer signos de un declive gradual y alrededor del 1700 aC, la mayoría de las ciudades fueron abandonadas. En 1953, Sir Mortimer Wheeler propuso que el colapso de QLI fue causado por las invasiones de una tribu indoeuropea de Asia Central llamada «Arjanë». Como evidencia, menciona un grupo de 37 esqueletos encontrados en varias partes de Mohenjo-Daro y pasajes de los Vedas citados como batallas y fortalezas. Sin embargo, los investigadores pronto comenzaron a rechazar la teoría de Wheeler, ya que los esqueletos pertenecían a un período posterior al abandono de la ciudad y no se encontraron ninguno cerca de la Acrópolis. Otros exámenes esquemáticos de Kenneth AR Kennedy en 1994 mostraron que las marcas de cráneo fueron causadas por la erosión y no por ningún ataque violento. Hoy en día, muchos estudiosos creen que el colapso de Qyt en Lug of Indus fue causado por la sequía y el colapso del comercio con Egipto y Mesopotamia. Las últimas revisiones de esqueletos humanos del sitio de Harapa demuestran que el fin de la civilización del Indo estuvo asociado con un aumento de la violencia interpersonal y enfermedades infecciosas como la lepra y la turbotomía. También se ha sugerido que la emigración de nuevos pueblos, la deforestación, las inundaciones o los cambios en los caudales de los ríos pueden haber contribuido al colapso de Qyt. a Lug. de Indus. La cultura del cementerio fue una manifestación de la cultura tardía de Harapase en una gran área del sur y de la cultura de la cerámica ocre, sucesora. Anteriormente, se creía que el colapso de la civilización Harapas llevó a la demolición de la vida urbana en el subcontinente indio. Sin embargo, el Lug del Valle del Indo no desapareció inesperadamente y muchos de sus elementos se pueden encontrar en culturas posteriores que se han encontrado. David Gordon White menciona a otros tres pensadores prevalecientes que «han demostrado con vigor» que la fe védica se ha filtrado en parte del Qyt del Lug of Indus. Los datos actuales sugieren que la cultura material clasificada como la cultura posterior de Harapase puede haber continuado al menos hasta el 1000-900 a. C. y fue parcialmente contemporánea con la cultura de la cerámica gris. El arqueólogo de Harvard, Richard Meadow, muestra el asentamiento tardío de Piratas en Harapas, que floreció constantemente desde 1800 a. C. hasta el momento de la invasión de Alejandro el Grande en el 325 a. Recientes excavaciones arqueológicas prueban que la caída de Harapa llevó a residentes del este. Después de 1900 a. C., el número de sitios en India aumenta de 218 a 853. Las excavaciones llanas de Gangetics indican que los asentamientos urbanos comenzaron alrededor de 1200 aC, solo unos pocos siglos después de la caída de Harapa y mucho antes de lo que se pensaba. Los arqueólogos han enfatizado que, al igual que en la mayoría de las áreas del mundo, hubo una serie continua de desarrollo cultural. Estos vinculan «las llamadas dos etapas principales de la urbanización en el sur de Asia». Como resultado del colapso de QLI, surgieron culturas regionales, que muestran grados variables de influencia de Qyt. y Lug. de Indus. En la antigua gran ciudad de Harapas, se descubrió que las tumbas que se encontraron coincidían con una cultura regional llamada Cementerio Cultura. Al mismo tiempo, la Cultura de Cerámica de color roble se extendía desde Rajastán hasta la Banda de la Meseta. La cultura del cementerio tiene la evidencia más antigua de cremación; una práctica predominante en el hinduismo actual.

Tecnología

Gente de Qyt. a Lug. de Indus logró una gran precisión en la medición de longitud, masa y tiempo. Fueron de los primeros en desarrollar un sistema uniforme de peso y masa. Una comparación de objetos disponibles muestra un gran grado de variación en todo el territorio del Indo. Su división más pequeña, que se anotó en una regla de marfil encontrada en Lothal of Gujarat, fue de aproximadamente 1,704 mm, la división más pequeña jamás registrada en una hilandera de la Edad de Bronce. Los ingenieros de QLI siguieron los decimales de las medidas para todos los propósitos prácticos, incluida la medición de la masa, como lo demuestran sus alturas hexagonales. Estos pesos estaban en la relación 5: 2: 1 con pesos de 0.05, 0.1, 0.2, 0.5, 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 unidades, cada uno con un peso aproximado de 28 gramos y objetos más pequeños pesados un mismo informe con unidades 0.871. Sin embargo, como en otras culturas, los pesos no fueron uniformes en toda el área. Los pesos y las medidas utilizados más adelante en Arthashastra de Kautilya (siglo IV aC) son los mismos que los utilizados en Lothal. Harapasses mejoró algunas de las nuevas tecnologías metalúrgicas y produjo cobre, bronce, plomo y estaño. Las habilidades del arnés de la hoja fueron sobresalientes, especialmente en la construcción de patios navales. Se encontró una pieza de prueba con cintas de oro en Banawali, que probablemente se usó para pruebas de pureza de oro (una técnica que todavía se usa en algunas partes de la India).

Ingeniería hidráulica de Indus QL

La antigua civilización del valle del Indo en el sur de Asia, incluidos Pakistán y el noroeste de la India, fue notable en ingeniería hidráulica y suministro de agua, así como en herramientas de saneamiento y sanidad que fueron las primeras de su tipo. Entre otras cosas, tienen el primer sistema de baño de agua corriente conocido del mundo. Estos existían en muchos hogares y estaban vinculados a un sistema común de alcantarillado de alcantarillado. La mayoría de los hogares también tenían pozos de agua privados. Las murallas de la ciudad funcionaban como una barrera contra la inundación de las aguas. Las áreas urbanas de Qyt Lug of Indus proporcionaron baños públicos y privados, los canales de descarga se ubicaron en tuberías subterráneas construidas con azulejos de ladrillo y un sofisticado sistema de administración de agua con múltiples reservorios. En el sistema de drenaje, el alcantarillado de las viviendas estaba vinculado a un alcantarillado público más grande. Lothal era un puerto en el Mar Arábigo que tenía un astillero.

Comercio y transporte

La economía de Qyt. a Lug. Indus parece depender significativamente del comercio, que fue facilitado por los principales avances en la tecnología del transporte. QLI podría haber sido la primera civilización en usar sillas de ruedas. Estos avances pueden haber incluido barras de acelerador y barcos. La mayoría de estos barcos probablemente sean pequeños, con un fondo plano, tal vez movidos por los velos; sin embargo, hay evidencia secundaria para los barcos de vela. Los arqueólogos han descubierto un canal excavado masivo y lo que consideran como una conveniencia en la forma de un astillero en la ciudad costera de Lothal en el oeste de la India (estado de Gujarati). Una red de canal larga, utilizada para el riego, fue encontrada por H.-P. Francfort. Durante el período de 4300-3200 aC BC, el Qyt. y Lug. Indus muestra similitudes en la alfarería con el sur de Turkmenistán y el norte de Irán, lo que sugiere una considerable capacidad de recuperación y comercio. Durante el Período Temprano de Harapase (alrededor de 3200-2600 aC), las similitudes en cerámica, sellos, estatuillas, adornos, etc. Documentan caravanas comerciales intensivas con Asia Central y la meseta iraní. A juzgar por la distribución de los artefactos de QLI, las redes comerciales, integradas económicamente en un área invaluable, que incluye partes de Afganistán, las regiones costeras de Persia, el norte y el oeste de la India y Mesopotamia. Las cirugías dentales realizadas por personas enterradas en Harapa sugieren que algunos residentes habían emigrado a la ciudad a través del valle del Indo. Hay evidencia de que los contactos comerciales se extendieron a Creta y probablemente en Egipto. Tenía una gran red de comercio naval que operaba entre las civilizaciones del Indo y Mesopotamia desde la fase del bajo medio, con una gran parte del comercio en poder de la «clase media Dilmun» (Bahréin y el moderno Failaka situado en la bahía persa). Este comercio marítimo de larga distancia fue posible gracias al desarrollo innovador de embarcaciones flotantes construidas con tablas, equipadas con un único mástil central que transportaba un velo o prenda de vestir tejida. Muchos asentamientos costeros como Sotkagen-dor (río Dasht, al norte de Jiwan), Sokhta Koh (río Shadi, al norte de Pas-ni) y Balakot (cerca de Sonmiani) en Pakistán junto con Lothal en India, países occidentales, dan testimonio de su papel como facilitación del comercio de QLI Las costas poco profundas que se encuentran en los deltas de los ríos permitieron el comercio de ganado con las ciudades mesopotámicas.

Ciudades

Una cultura sofisticada y tecnológicamente avanzada es evidente en Qyt Lug of Indus, convirtiéndolos en los primeros centros urbanos de la región. La calidad de la planificación urbana de las ciudades sugiere el dominio de la planificación urbana y la qetita de gobiernos eficientes que dan una alta prioridad a la higiene o el acceso a los rituales religiosos. Como se vio en Harapa, Mohenjo-Daro y recientemente excavado en Rakhigarhi, esta planificación urbana incluyó los primeros sistemas de saneamiento del mundo para la higiene pública. Dentro de la ciudad, casas separadas o grupos de casas estaban sacando agua de los pozos. Desde una habitación que parecía estar reservada para el lavado, el agua residual se dirigía a canales de drenaje drenados que se extendían por las calles principales. Las casas solo estaban abiertas a patios interiores y callejones más pequeños. La construcción de casas en algunas aldeas de la región todavía se parece a los aspectos de Harapase. Los antiguos sistemas de alcantarillado y drenaje que se desarrollaron y utilizaron en las ciudades de la región del Indo fueron más avanzados que cualquier otro que se encuentre en los sitios urbanos contemporáneos en el Medio Oriente. La arquitectura avanzada de Harapase ha sido mostrada por patios navales, graneros, almacenes, plataformas de azulejos y muros de protección. Las enormes murallas de las ciudades del Indo tenían más probabilidades de proteger las mordeduras de las inundaciones y podrían haber evitado conflictos militares. El propósito de las fortalezas sigue siendo debatido. En un cambio profundo con las civilizaciones contemporáneas, como la de Mesopotamia y el antiguo Egipto, no se construyeron grandes estructuras monumentales. No hay información concluyente sobre la presencia de palacios o templos, o reyes, ejércitos y sacerdotes. Se cree que algunas estructuras han sido punteadas. Se ha encontrado un gran balneario bien construido («El Gran Baño de Mohenjo-daro») en una ciudad, que puede haber sido un baño público. Aunque las fortalezas de la ciudad estaban amuralladas, no fue posible aclarar si estas estructuras eran defensivas o no. Pueden haber sido construidos para evitar derrames de agua. La mayoría de los residentes de la ciudad parecen ser comerciantes o artesanos que vivían con otros siguiendo la misma profesión en lugares bien definidos. Los materiales de regiones remotas se usaron para crear sellos, sellos y otros objetos. Aunque algunas casas eran más grandes que las otras, las ciudades QLI fueron notables por su aparente, aunque relativamente relativa igualdad. Todas las casas tenían acceso a instalaciones de agua y alcantarillado y drenaje. Esto da la impresión de una sociedad relativamente menos rica, aunque vista como adornos personales a diferentes niveles. La prehistoria de las regiones fronterizas indo-iraníes muestra un aumento constante a lo largo del tiempo y la densidad de los asentamientos. La población creció en las llanuras del Indo debido a la caza y recolección de frutas y plantas.

Mohenjo-daro

Mohenjo-daro (Sindhi: موئن جو دڑو, urdu: موئن جو دڑو), literalmente la colina de los muertos; es un sitio arqueológico en la provincia de Sindh, Pakistán. Construido alrededor del 2500 aC, fue uno de los asentamientos más grandes de Qyt. a Lug. Indus y una de las primeras áreas urbanas principales del mundo, contemporánea con las civilizaciones del Antiguo Egipto, Mesopotamia, la Civilización de Minorías Cretense y Qyt. Norte Chico. Mohenjo-dare fue abandonado en el siglo XX. del siglo XIX aC después de la caída de Qyt. a Lug. Indus y el sitio no se descubrieron hasta la década de 1920. Desde entonces, se han llevado a cabo importantes excavaciones y el sitio de la ciudad ha sido proclamado patrimonio mundial por la UNESCO en 1980. Actualmente, el sitio está amenazado por la erosión y las restauraciones inmanejables. El sitio de Mohenjo-daro aparece en el billete de 20 páginas rumano pakistaní. Mohenjo-daro, el nombre moderno del sitio, ha sido interpretado de varias maneras como «El Charco de los Muertos» en Sindhs y como «Pirgu de Mahoma» (donde Mohan es Krishna). El origen del nombre es desconocido. Basado en el análisis del sello de Mohenjo-daro, Iravatham Mahadevan asumió que el antiguo nombre de la ciudad podría haber sido Kukkutarma («la ciudad [-rma] de rosas»]. El rugir de la guerra pudo haber tenido un significado ritual y religioso para la ciudad, con pollos ahumados para fines sagrados en lugar de como fuente de alimentos. Mohenjo-daro puede haber sido un punto de distribución para la mitigación general de las aves de corral.

Harapa

Harapa (pronunciación de Panjabi: ɦəɽəppaː; urdu: ہڑپہا) es un sitio arqueológico en Punjab, Pakistán, a unos 24 km al oeste de Sahiwal. El sitio lleva el nombre de la aldea moderna situada cerca del antiguo río Ravi. La aldea actual de Harapa se encuentra a 6 km del sitio antiguo. Aunque la moderna Harapa tiene una estación de ferrocarril heredada del período del dominio británico, hoy en día es solo una pequeña ciudad en el cruce de 15,000 asientos. El sitio de la antigua ciudad contiene ruinas de una ciudad fortificada de la Edad del Bronce, que formaba parte de la Cultura del Cementerio H y Qyt. a Lug. Indus, centrado en la región de Sindh y Punjab. Se cree que la ciudad tuvo hasta 23,500 residentes y ocupó aproximadamente 150 hectáreas con casas fangosas en su mayor extensión durante la fase de Harapase Maturian (2600-1900 aC), que se consideró grande para su tiempo. Como una convención arqueológica de nombrar a una civilización antigua desconocida desde su primer sitio excavado, la Civilización del Valle del Indo también se llama Civilización Harapas. La antigua ciudad de Harapa fue severamente dañada durante el gobierno británico cuando los ladrillos de las ruinas se usaron como polea para la construcción del Ferrocarril Lahore-Multan. En 2005, un esquema de patio de recreo controversial fue abandonado cuando los constructores tiraron en muchos artefactos arqueológicos durante las primeras etapas de las obras. Una oración del arqueólogo pakistaní Ahmad Hasan Dani al Ministerio de Cultura de Pakistán llevó a la reconsideración del sitio.

Çatalhöyük

Çatalhöyük

Coordenadas: 37°40′03″N 32°49′42″E

Çatalhöyük, también conocido como Çatal Höyük, Çatal Hüyük o Catal Hüyük (del turco çatal: ‘tenedor’, y höyük: ‘túmulo’), es un antiguo asentamiento de los períodos Neolítico y Calcolítico, siendo el conjunto urbano más grande y mejor preservado de la época neolítica en el Oriente Próximo. En su apogeo este asentamiento llegó a cubrir 13 hectáreas.

Çatalhöyük está ubicado al sur de la península de Anatolia, en la planicie de Konya, cerca de la actual ciudad de Konya (antigua Iconium) y aproximadamente a 140 km del volcán Hasan Dağ, en Turquía.

Situada a 11 kilómetros de la ciudad de Konya Çumra Çatalhöyük es considerado como uno de los primeros asentamientos de la humanidad con densa población de ocho mil personas.

Un canal del río Çarşamba fluía antiguamente entre los dos montículos que forman el yacimiento, levantado sobre terrenos de arcilla aluvial que pudieron ser favorables para una precoz agricultura. El que está situado hacia el este pudo llegar a alcanzar unos 20 metros de altura sobre la llanura en los últimos momentos de ocupación del Neolítico. El del oeste forma una elevación menor y hay también un yacimiento bizantino a unos cientos de metros hacia el este. Los asentamientos de época prehistórica fueron abandonados antes de la Edad del Bronce. En sus capas inferiores (y más antiguas) el yacimiento data de hacia mediados del VIII milenio a. C. y las más recientes hacia el 5700 a. C. Aunque, según la «Escuela de Lyon», pertenece a los períodos 4 y 5 de la prehistoria del Oriente Próximo (6600-5600 a. C.)1

El desarrollo de esta civilización se interrumpió bruscamente hacia el 5700 a. C. por un gran incendio, que coció el adobe y permitió que paredes de hasta tres metros quedaran en pie. La mayor parte del asentamiento fue destruido o abandonado.

En 2012, la Unesco lo incluyó dentro de la lista del Patrimonio de la Humanidad.2

Descubrimiento

Mapa del Creciente Fértil asiático, con los principales centros de desarrollo cultural conocidos, entre los cuales se encuentra Çatalhöyük.

Descubierto inicialmente en 1958, el sitio de Çatalhöyük no atrajo la atención mundial hasta las excavaciones de James Mellaart, llevadas a cabo entre 1961 y 1965,3​ las cuales revelaron que esta región de Anatolia era un foco de cultura avanzada durante el período Neolítico. Pero Mellaart fue expulsado de Turquía debido a su implicación en el asunto Dorak, al haber publicado los dibujos de unos artefactos de la Edad del Bronce supuestamente importantes, que luego desaparecieron (ver Pearson y Connor, más abajo).

Después del escándalo, el yacimiento permaneció inactivo hasta el 12 de septiembre de 1993, cuando comenzaron las investigaciones dirigidas por Ian Hodder, entonces en la Universidad de Cambridge. Dichos trabajos están entre los más ambiciosos proyectos de excavación actualmente en marcha, de acuerdo con, entre otros, Colin Renfrew. Además del uso extensivo del método arqueológico, se buscan también interpretaciones psicológicas y artísticas del simbolismo de las pinturas murales. Hodder, un antiguo discípulo de Mellaart, escogió el lugar como el primer ensayo real a nivel mundial de su entonces controvertida teoría académica de la arqueología postprocesual. El éxito de la excavación ha validado el método postprocesual como un nuevo enfoque que ha creado escuela.4

El yacimiento

Vivienda restaurada (interior).

Según unos autores todo el asentamiento de Çatalhöyük estaría formado por edificios de uso residencial, sin que se pueda establecer la existencia de edificios públicos de manera irrefutable. Para otros, el hecho de que las mejores y más exuberantes pinturas murales estén en los locales más grandes, les lleva a definir éstos como lugares rituales. Pero el propósito de estas habitaciones profusamente decoradas no resulta claro.3

La población de la colina este ha sido estimada por encima de las 10 000 personas, pero la población total probablemente variaría a lo largo de la historia del poblado. Un promedio de entre 5000 y 8000 habitantes sería una estimación razonable. Estos vivían en casas rectangulares construidas con adobe, adosadas, sin calles ni pasajes entre ellas, apiñadas como si formaran un panal de abejas. El acceso a las viviendas se hacía por los techos, caminando sobre ellos como si de calles se tratara, utilizando escaleras, interiores y exteriores, para comunicar los diversos niveles. Los muros también eran de adobe y para conformar la cubierta utilizaron vigas de madera y barro apisonado sobre esteras vegetales. Las aberturas de los techos servían también como la única fuente de ventilación, proporcionando aire fresco y permitiendo salir el humo producido por cocinas y hogares abiertos.

Al estar las casas en medianera, se configuraba una especie de muralla defensiva hacia el exterior, sin aberturas. Esto debió resultar suficiente para salvaguardar a sus habitantes de ataques, pues no se han encontrado signos de luchas en el yacimiento.

Todos los interiores de las casas están enyesados con un acabado muy suave y se caracterizan por la ausencia de ángulos rectos. Constan generalmente de una habitación común de 20 a 25 m² y algunas estancias anexas. La pieza principal dispone de bancos y plataformas para sentarse y dormir, de un hogar rectangular elevado del suelo y de un horno para hacer pan, sirviendo para un amplio abanico de actividades domésticas. Las habitaciones auxiliares se usaban como almacenes y se accedía a ellas desde la sala principal por unas aberturas bajas.3

Las habitaciones se mantenían escrupulosamente limpias: los arqueólogos han identificado muy poca basura o desechos en el interior de los edificios, pero los montones de desperdicios que hay en el exterior de las ruinas contienen aguas residuales y restos de comida, así como significativas cantidades de ceniza vegetal. Posiblemente, cuando hacía buen tiempo muchas de las actividades diarias se realizarían en las terrazas, que así podrían haber formado un espacio abierto similar a una plaza. Al parecer, en época tardía en las terrazas se construyeron grandes hornos comunales. En el transcurso de los siglos las casas se fueron renovando mediante demoliciones parciales y reconstrucciones sobre unos cimientos formados por escombros, lo cual provocó el crecimiento de la colina. Se han descubierto hasta 18 niveles de asentamientos.

Cultura y rituales

Reconstrucción de una habitación de Çatalhöyük con las posiciones originales de los bucráneos y la figura humana en relieve.

Los pobladores de Çatalhöyük enterraban a sus muertos dentro de la aldea: han sido encontrados restos humanos en hoyos debajo de los suelos de las estancias, especialmente bajo los hogares, las plataformas de las habitaciones principales y las camas. Los cuerpos eran plegados al máximo y, a menudo, introducidos en cestos o envueltos en esterillas rojas. Los huesos desarticulados de algunas tumbas sugieren que los cuerpos pudieron ser expuestos al aire libre durante un tiempo, antes de ser recogidos y enterrados. En ciertos casos, las tumbas han sido removidas y las cabezas de los individuos separadas del esqueleto, pudiendo haber sido usadas dichas calaveras de manera ritual, ya que algunas han sido encontradas en otras zonas de la comunidad. Varios cráneos fueron emplastados y pintados con ocre para recrear la cara humana, una costumbre más característica de los sitios neolíticos de Siria y de Jericó, que de yacimientos más cercanos.

Se han hallado restos de hasta cuarenta edificios (repartidos entre nueve de los niveles de la población) que parecen dedicados a sepulcros y santuarios. En los muros de estos santuarios se encontraron frescos que mostraban escenas de caza, danzas rituales, hombres con penes erectos, representaciones en rojo de los ahora extintos uros (Bos primigenius o toro salvaje) y ciervos, así como buitres precipitándose sobre figuras descabezadas. Un fresco que aparentaría ser la aldea con los dos picos gemelos del Hasan Daği al fondo se cita frecuentemente como el “mapa más antiguo del mundo” y la primera pintura paisajística.3​ Pero algunos arqueólogos cuestionan tal interpretación: Stephanie Meece, por su parte, argumenta que el fresco es más parecido a la piel de un leopardo que a un volcán, a un diseño geométrico decorativo que a un mapa.5

Modelados en relieve, en los muros de estos “santuarios” hay personajes femeninos (mujeres en posición de dar a luz y la figura de la «Diosa Madre» dominando animales), cabezas de animales, como leopardos, cabras, osos y, destacando entre todos ellos, los bucráneos de arcilla provistos de verdaderos cuernos de toros (abajo, a la izquierda). Las características figurillas de mujer hechas de arcilla o piedra, y descubiertas por todo el asentamiento, dentro y fuera de sus muros, incluso en el interior de recipientes para conservar el grano, pertenecen a los niveles superiores del yacimiento (los más recientes).

Aunque según algunos investigadores, no se han encontrado aún templos claramente identificables, es indiscutible que las tumbas, los murales y las figurillas sugieren que la población de Çatalhöyük poseía una religión compleja, rica en simbología y que se reunían en ciertas salas, abundantes en tales hallazgos, que serían capillas o zonas de encuentro.3

Economía y sociedad

Cabezas de toro de Çatalhöyük.

Al parecer, los pobladores de Çatalhöyük vivían de manera relativamente igualitaria, sin que tengamos constancia de que existieran clases sociales, ya que no se han encontrado hasta ahora casas con características diferenciadas (que pertenecieran a la realeza o a la jerarquía religiosa, por ejemplo). Las investigaciones más recientes también revelan poca diferenciación social basada en el género, recibiendo una alimentación equivalente tanto hombres como mujeres y, aparentemente, teniendo un estatus social similar relativo, hecho establecido como propio de las culturas paleolíticas.6789

Las enfermedades más corrientes entre la población del asentamiento fueron la anemia, la artritis y la malaria, endémica en la región debido a unos pantanos cercanos. La esperanza de vida sería de unos 34 años para los hombres y de 29 para las mujeres, aunque algunos individuos pudieron llegar a los 60.

En los niveles superiores del sitio resulta evidente que los habitantes de Çatalhöyük fueron ganando conocimientos en la agricultura y en la domesticación de animales. Se cultivaban cereales tales como el trigo y la cebada, así como guisantes, garbanzos, lentejas y lino, mientras que de los árboles de las colinas circundantes se recogían frutos como almendras, pistachos y manzanas. Se extraían aceites vegetales de plantas y semillas, lo mismo que una especie de cerveza. Aunque la mayoría de las proteínas animales procedían de la pesca y de la caza (ciervo, jabalí y onagro), la oveja ya había sido domesticada y las evidencias sugieren que los bóvidos comenzaban a estarlo también.

La elaboración de cerámica y la fabricación de utensilios de obsidiana (obtenida en el volcán Hasan Daği) eran unas industrias florecientes, lo cual les permitía mantener relaciones comerciales con puntos distantes de la península anatólica, obteniendo a cambio conchas del Mediterráneo y sílex de Siria. También trabajaban la madera y el cobre, siendo los artesanos de Çatalhöyük expertos en su fundición, lo cual supondría el ejemplo más antiguo de actividad metalúrgica en el Oriente Próximo. La lista de productos que manufacturaban estos artesanos incluiría puntas de flecha, lanzas y puñales de obsidiana o de sílex, mazas de piedra, figurillas en piedra y arcilla cocida, prendas textiles, cuencos y otros recipientes de madera o cerámica, y joyería hecha con perlas o cobre.

Gracias al clima seco de esta zona se han conservado restos de tejidos de excelente calidad. También se han encontrado sellos de arcilla para estampar los trajes con diversos dibujos, cuyo diseño guarda muchas semejanzas con los de las alfombras turcas actuales.

Religión

Mujer sentada de Çatalhöyük, la figura femenina aparece sentada en un trono flanqueado por dos felinos.

Un rasgo distintivo de Çatalhöyük son sus estatuillas femeninas: Mellaart sostenía que estas figurillas realizadas esmeradamente en materiales tan diversos como mármol, calizas azules y pardas, esquisto, calcita, basalto, alabastro y arcilla, representaban una deidad femenina del tipo Diosa Madre. Aunque existía también un dios masculino, el número de las figurillas femeninas era muy superior y este dios no aparece realmente hasta después del nivel VI, habiéndose identificado, hasta la fecha, 18 niveles. Las figurillas fueron encontradas ante todo en zonas que Mellaart consideraba que fueron capillas. La imponente diosa sentada en un trono flanqueado por dos felinos (ilustración de la derecha) fue hallada dentro de un recipiente usado para almacenar el grano, lo que le sugirió a Mellaart que era una deidad que aseguraría la cosecha o protegería las provisiones almacenadas.10

Mientras Mellaart excavó cerca de doscientos edificios en cuatro temporadas, actualmente, Ian Hodder dedica una temporada entera a excavar un único edificio.11​ Durante 2004 y 2005 Hodder y su equipo comenzaron a creer que el modelo propuesto por Mellaart de una cultura de signo matriarcal era falso. Habiendo encontrado solamente una figurilla similar al modelo de Diosa Madre que Mellaart propugnaba, entre la gran cantidad de ellas desenterradas, Hodder decidió que el yacimiento no ofrecía suficientes indicios como para establecer si era una cultura matriarcal o patriarcal, sino que apuntaba más bien hacia una sociedad relativamente igualitaria.121314

El catedrático Lynn Meskell expone, en apoyo de esta teoría, que mientras en las excavaciones iniciales se encontraron sólo 200 estatuillas, los nuevos trabajos han desenterrado 2000, de las cuales muchas son de animales, siendo únicamente un 5 % de las figurillas de mujeres.14

Montículos este y oeste

Los montículos están formados por la acumulación de destrucción como resultado de destrucciones como terremotos y guerras. Por esta razón, constituyen un asentamiento arqueológico de varias etapas y un sitio reliquia que pertenece a diferentes historias.

Los montículos orientales y occidentales en Çatalhöyük están ubicados en dos colinas diferentes a diferentes altitudes. El montículo oriental, la edad neolítica y el montículo occidental se usaron como área de asentamiento en la edad calcolítica. Las excavaciones del montículo Este a Çatalhöyük se hace entre el primero descubierto por el arqueólogo británico James Mellaart y su equipo en 1961-1965 y situado al lado de uno al otro como 18 casas de adobe fueron descubiertos capa de asentamiento neolítico. En las capas fechadas entre 7400 y 6200 aC, se han alcanzado muchas reliquias y conocimientos que se han establecido y se han creado importantes archivos que contienen obras arquitectónicas y artísticas.

El höyük occidental está fechado entre 6200 y 5200 aC y tiene características que pertenecen a la Edad Calcolítica. El montículo revela que la estructura cultural vista en el primer período del montículo oriental se mantuvo. Además, los restos de cerámica y cerámica de los Períodos bizantino y helenístico y los fosos de enterramiento pertenecientes al Período Bizantino se encontraron en los niveles superiores del montículo occidental.

Los montículos, distribuidos en un área de aproximadamente 14 hectáreas, se han utilizado como área de asentamiento durante más de 2000 años sin interrupción. El hecho de que las capas expuestas muestren las etapas de transición del pueblo a la ciudad diferencia a la ciudad neolítica de Çatalhöyük de otros asentamientos neolíticos.

Casas agrupadas

Çatalhöyük tiene una luz importante sobre la historia arquitectónica de la humanidad con la primera arquitectura de la casa datada del 5500 aC El tamaño y el diseño de las casas en la ciudad muestran un ejemplo temprano de urbanismo basado en ideales sociales e igualitarios.

Las casas de una sola planta están hechas de ladrillos de barro y madera. Los techos planos están cubiertos con juncos y arcilla compacta, que se forman con vigas procedentes de los árboles plantados entre las paredes. Las casas generalmente consisten en dos habitaciones. En las habitaciones, hay plataformas elevadas y almacenes para facilitar la vida doméstica.

Las paredes interiores de las casas están enlucidas con un yeso blanco para lograr suavidad. Los tallos de las plantas y los fragmentos de hojas se agregaron a las grietas de las parcelas que se encontraron enterradas 160 veces. Las paredes estaban decoradas con figuras geométricas, patrones kilim, círculos, estrellas, motivos florales, representaciones de caza y danza. En las paredes de la casa, además de los dibujos y pinturas, también hay cabezas reales de toro, ciervo y carnero con escayola. Además, se encontraron relieves humanos y animales como decoración de paredes.

Las tumbas de la casa también se usaron como tumbas. Las excavaciones encontraron entierros, especialmente en el fondo de la estufa, en las plataformas dentro de las habitaciones principales y debajo de las camas.

Sin calle y sin desperdicio

No hay una calle en la ciudad neolítica de Çatalhöyük debido al orden secuencial de las casas. Los techos estaban funcionando en la calle y, por lo tanto, el transporte se realizó sobre los techos. Se cree que las presas se han construido sobre los techos de muchas actividades que se llevan a cabo en la vida diaria y se usan en tiempos especiales porque se usan como calles. Históricamente se encontraron capas más cercanas en hogares colocados en las presas. Esta situación sugiere que actividades como comer y beber en conjunto, especialmente en clima favorable, también se realizan en el techo.

Se ha tenido mucho cuidado con el cuidado y la limpieza de las casas. Durante las excavaciones, se encontraron muy pocas cuevas en las casas. Los montones de cenizas afuera de las casas muestran que la basura, los alimentos y las aguas residuales se recolectan y queman. La ventilación de las casas es proporcionada por las ventanas que emergen de las diferencias de altura de las paredes que ocurren con las casas adyacentes debido a la inclinación de la tierra.

Transición y comercio

Como resultado de las excavaciones, los primeros pobladores de Çatalhöyük fueron una comunidad de cazadores-recolectores; se ha entendido que han pasado a la sociedad agrícola desde la sexta capa revelada. El hecho de que una rama del río Çarşamba hubiera fluido a través de los montículos orientales y occidentales en ese momento creó la estructura de suelo aluvial adecuada para la agricultura. El trigo, la cebada y los guisantes son las primeras plantas en ser cultivadas. Se cree que las estatuas en las cajas que cultivan se guardan en cajas para fertilidad y protección. Tanto la ganadería como la agricultura han sido tratadas, el ganado y las ovejas comenzaron a domesticarse.

La comunidad que vive en Çatalhöyük no solo ha comenzado a dedicarse a la agricultura y la cría de animales, sino también a la producción de sal, tejidos, alfarería, joyería, cestería, herramientas y mano de obra de madera. Habiendo sido encontrados en excavaciones hechas de conchas de mar que se cree que vinieron de la costa mediterránea, demuestra que están comerciando con comunidades que viven en diferentes lugares.

No hay clase social

Çatalhöyük es un asentamiento que experimentó la fase de urbanización. Esta característica la separa de otros asentamientos neolíticos. La población que excedió los ocho ha causado que el asentamiento se expandiera espacialmente y resultó en una fuerte tradición de cultura.

Se cree que la colonia no fue fundada por inmigrantes de otras regiones sino por una pequeña comunidad indígena, y que creció con el tiempo debido al crecimiento de la población. Las casas en los primeros niveles son menores que las de los niveles superiores. El número de casas aumenta a medida que sube las capas superiores. Este hallazgo demuestra que la ciudad creció con el tiempo.

No hay construcciones como palacios, templos, edificios públicos que se separen de las casas de la ciudad. No hay distinción de clase social en la vida social. Además, las mujeres y los hombres tienen el mismo estatus social.

Primeros santuarios?

No hay templos en Çatalhöyük. Sin embargo, se cree que tienen una rica dinastía, como se entiende a partir de las pequeñas estatuillas hechas de la tierra y las pinturas murales en la era prehistórica donde se da el nombre de la estatuilla. Se estima que estos tipos de hallazgos son intensos y que las salas que son más grandes que otras son áreas religiosas públicamente abiertas.

Las paredes de estas habitaciones, que se cree que son lugares religiosos, incluyen adornos relacionados con la caza y la abundancia, así como representaciones de eventos de la naturaleza que han tenido lugar. En el höyük oriental, muchos edificios con estas características fueron descubiertos. Si estas habitaciones se usaron para fines religiosos como se pensaba, son las estructuras sagradas más antiguas que se encuentran en Anatolia.

Estatua de la diosa madre

Numerosas esculturas de la Diosa Madre se encontraron en excavaciones en el höyük oriental. La longitud de las esculturas hechas de tiza cocida, mármol o piedra caliza varía entre 5 y 15 centímetros. Algunas de estas figurillas con formas elaboradas, llamadas figurillas, representan la abundancia, y algunas de ellas representan el mal y la muerte.

Aquellos que tienen la forma de una cara quebrada, grasa, pecho grande y caderas grandes simbolizan la vida, la abundancia y la abundancia. Algunas de estas figurillas se representan como dar a luz, y el énfasis de la abundancia se esclarece aún más. Vista fea y fertilidad figuras que tienen la reversión simboliza la vida, mientras que los figurines encontraron un ave de presa en las manos simboliza el vínculo con la madre diosa de los muertos.

Como resultado de la datación de estos hallazgos, se considera que uno de los centros más antiguos de la Diosa Madre en Anatolia es Çatalhöyük.

El primer mapa del mundo

Se encontró un mapa en las paredes norte y este de una habitación que se creía sagrada en las primeras excavaciones en 1963. El mapa, que se entiende que es el plano de la ciudad de Çatalhöyük, data de hace unos 8200 años. Las pruebas de carbono realizadas indican 6200 aC con más o menos 97 años de desviación. El mapa, que mide aproximadamente 3 metros de largo y 90 centímetros de alto, es el primer mapa conocido del mundo. Todavía se exhibe en el Museo de las Civilizaciones de Ankara Anatolia.

Último estado en excavaciones

Todos los restos arqueológicos descubiertos por investigaciones y excavaciones de Çatalhöyük, que habían sido abandonados antes de la Edad del Bronce en aproximadamente 5700 aC, han sido documentados y bien conservados.

Los hallazgos de excavación se encuentran en el Museo de Arqueología de Konya. Algunos de ellos fueron exhibidos y otros fueron protegidos en almacenamiento.

Las excavaciones están dirigidas por Ian Hodder en la Universidad de Cambridge; Gran Bretaña, Turquía, Grecia y llevado a cabo por un equipo mixto de investigadores de Estados Unidos. El trabajo de excavación continuará hasta 2018. Después de esta fecha, se iniciarán los trabajos de protección y restauración para finalizar el trabajo de excavación.

La autoría de las fotografías son de:

Fotoğraf: Elelicht Ev içi canlandırma

Fotoğraf: Stipich Béla

Fotoğraf: catalhoyuk.com

Fotoğraf: Dr. Colleen Morgan

Fotoğraf: Omar Hoftun

Fotoğraf: Roweromaniak

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cahuachi

Cahuachi

Cahuachi

Patrimonio Cultural de la Nación

Coordenadas: 14°49′07″S 75°07′00″O

País: Perú

Cahuachi era un centro ceremonial de la cultura Nazca que vivió su época de esplendor entre el año 1 y el 500, y estaba situado en el valle del río Nazca, a 28 km de la ciudad del mismo nombre y cerca de las Líneas de Nazca. Su nombre significa lugar donde viven los videntes.1

El arqueólogo italiano Giuseppe Orefici ha estado excavando el lugar desde 1982.2​ Debido al clima seco, los hallazgos son abundantes e incluyen material efímero, tal como ropa; en 1998 se descubrió un depósito de ropas, con 200 prendas de tela estampada. Esto es algo fuera de lo corriente en la cultura nazca, que en general usaba tejidos de un único color, bordados posteriormente. Cahuachi también ha sido estudiado por Helaine Silverman, que ha escrito un libro sobre esta ciudad.3

La ciudad

Sus habitantes permanentes eran pocos y vivían de la agricultura, pero era un centro de peregrinaje cuya población crecía en las fechas de acontecimientos ceremoniales importantes, acontecimientos que implicaron probablemente las Líneas de Nasca y la duna gigante.

También tenía una necrópolis llamada Chauchilla, otra causa de viajes periódicos. Esta teoría del peregrinaje está apoyada tanto por evidencia arqueológica de la escasez de población en Cahuachi como por las figuras de Nasca, que muestra criaturas como una orca, mono, perro, etc que no existen en la región Nasca, aunque esto también puede explicarse por el comercio o por expediciones de otro tipo.

La ciudad fue fundada antes del nacimiento de la Cultura Nasca, durante el siglo IV a. C., y declinó cerca el 300 d. C., tras la invasión de los Huari.

Hallazgos

Sus construcciones eran de adobe, en forma cónica, alcanzando 24 km², siendo una de las zonas urbanas más grandes del mundo andino y la más importante de la Cultura Nazca (400 a. C.400 d. C.). Los restos apuntan a que los techos, puertas y ventanas eran sostenidos con madera de guarango y la techumbre se hacía con cañas entrecruzadas atadas con cuerdas de pelo de llama y algodón.

Hasta ahora se han descubierto 34 construcciones dentro de la muralla, entre los que destacan:

  • Gran pirámide, que tiene 150 metros de largo y 28 de altura, y de la que se han descubierto siete niveles escalonados. Era el centro ceremonial del culto.
  • Templo escalonado, del que se ha descubierto un muro con inscripciones y frisos, de 5 metros de alto y 25 de largo.
  • Montículos: 40 montículos con construcciones de adobe.

En la necrópolis se han investigado varias tumbas, encontradas con su ajuar intacto.

Todo el material arqueológico procedente de este yacimiento se encuentra exhibido en el Museo Arqueológico Antonini de Nasca.

Ciudad perdida de Cahuachi

El tamaño que abarca la ciudad perdida de Cahuachi es enorme y el trabajo necesario para restaurarlo va a llevar muchísimos años. Únicamente los veranos (Junio a Agosto), son usados por el equipo de Giuseppe Oreficci para su restauración, por lo que me temo de que si el gobierno de Perú no financia la excavación y añade más recursos, jamás será desenterrada esta maravilla del desierto de Nazca.

No son muchos los senderos habilitados y no se tiene acceso directo a las pirámides, sólo a sus alrededores por lo que te puede defraudar un poco. Eso sí, lo más impactante es que te puedes encontrar con huesos humanos por casi cualquier camino. Increíble para una ciudad construida alrededor del 450 A.C.

A unos 28 kilómetros al oeste de Nasca surgen las imponentes ruinas del centro ceremonial de Cahuachi, el más notable centro ceremonial de la costa sur del país.

Es unos de los lugares más sagrados y más espectaculares de la cultura Nasca. De hecho, se le considera como el centro religioso más grande del antiguo Perú, la ciudad en adobe más grande del mundo y el centro de peregrinación más grande del sur de Perú.

Entre 300 a.C. y 400 d.C. se convirtió en un centro religioso de gran prestigio, y se construyeron treinta y cuatro grupos principales de templos destinados al culto de las deidades adoradas por la población nasca.

No se conoce el origen del topónimo, pero se puede interpretar de diferentes maneras, incluyendo el lugar donde se puede “ver” u “observar” o bien, según otra dicción del idioma quechua, lugar de castigo. Sin embargo los Nascas hablaban un idioma de origen proto-aymara, entonces estas diferentes denominaciones son sólo especulaciones.

Cahuachi fue construida en la parte más baja del valle, donde la capa freática emerge naturalmente en la superficie. En la antigüedad, el agua era un símbolo de poder y, en el caso de Cahuachi, este poder pertenecía a la casta sacerdotal.

Las ruinas cubren una extensión de hasta 24 km cuadrados y algunas de ellas están separadas de la famosa pampa de San José donde se encuentran los geoglifos de Nasca sólo por el Río Nasca. No hay duda de que exista una correlación entre el centro ceremonial de Cahuachi y los geoglifos de la Pampa, lo que podría llamarse una alternativa al centro ceremonial de espacios abiertos, delimitado únicamente por la presencia de contornos exteriores formados por hileras de piedra.

Los principales arqueólogos que se han dedicado a su excavación, están de acuerdo en afirmar que fue un lugar sagrado y de grandes peregrinaciones por las poblaciones del valle del Rio Grande, que aquí realizaban importantes ceremonias. Por su relevancia religiosa y su majestuosidad incluso fue descrito como “Vaticano Prehispánico”.

En uno de los sectores arqueológicos de Cahuachi se descubrieron los restos humanos más antiguos del área de Nasca, que remontan a hace 4.200 años. Se trata de un personaje femenino sacrificado en la base de un pequeño altar ceremonial dentro de la estructura llamada Gran Pirámide 2.

Cahuachi fue construida en 5 fases, relativas a las diferentes fases de desarrollo de la cultura Nasca, y que incluye alrededor de 900 años, entre 450 a.C. y 450 d.C. aproximadamente. Cada una de estas fases se caracterizan por el uso de diferentes elementos constructivos: las paredes fueron construidas con “adobes” (ladrillos de barro), y luego cubiertas con arcilla.  Las estructuras eran templos, escalonados y con grandes recintos ceremoniales.  Las escaleras daban acceso a los distintos niveles. En su mayoría, las paredes eran de color.

En ciertas épocas del año, diferentes grupos humanos procedentes de lugares hasta muy remotos accedían al centro ceremonial para participar en los rituales. La danza y la música eran elementos constantes en las liturgias colectivas. Dentro de las estructuras existían talleres textiles y áreas de conservación de productos agrícolas. En Cahuachi se encontraron muchas ofrendas de tipo votivo, incluyendo: antaras y tambores, llamas y cuyes sacrificados, tejidos refinados, cabezas-ofrenda y vajillas de cerámica en la que son representadas algunas deidades.

Entre los 34 grupos principales de templos descubiertos, se distingue sobre todo el Grande Templo, la Gran Pirámide y el Templo Escalonado, la Pirámide Naranja, la Gran Pirámide 2

.La Gran Pirámide constituye el templo emblemático de todo el complejo y puede medir 22 metros de altura y más de 100 metros por cada lado, a través de 7 niveles de escaleras, cada una con columnas de huarango enlucidas para sostener los techos elaborados con frisos de colores. En el lado oriental de la pirámide, se elaboró una escalera de grandes dimensiones que conducía al interior del edificio orientado hacia el Cerro Blanco, una duna considerada sagrada.

Entre 400 y 450 d.C. hay evidencia de desastres naturales, como un terremoto catastrófico, precedido y seguido de dos grandes inundaciones, que cubrieron gran parte de los edificios del centro ceremonial. La vida en el centro ceremonial se recuperó y se procedió a sellar los templos con una gran cantidad de material de construcción, con el fin de cristalizar el lugar sagrado más allá del tiempo y del espacio. Posteriormente, tras el abandono de Cahuachi, el sitio se convirtió en una “huaca”  y sus espacios se utilizaron para contener grandes necrópolis.

Saber más en: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/cahuachi-gran-ciudad-milenaria-sur-peru_16784

 

 

 

Mohenjo-Daro

Mohenjo-Daro

Ruinas de Mohenjo-Daro.

Localización: Distrito de Larkana, Sindh, Pakistán

Tipo: Asentamiento

Área: 250 ha (620 acres) [1]

Historia

Fundado: 26-25 siglo a. C.

Abandonado: Siglo XIX a. C.

Culturas: Civilización del valle del Indo

Efigie de piedra de un rey sacerdote, encontrada en Mohenjo-Daro (fotografía de Mamoon Mengal).

Fotografía del libro Mohenjo Daro and the Indus Civilization (del arqueólogo británico sir John Marshall; Londres, 1931) que muestra un sello de esteatita del 1500 a. C. Se puede ver la imagen de una persona sentada sobre una mesa baja. Marshall creyó que podría ser el dios indio Shivá sentado en meditación, por lo que afirmó que el yoga había sido creado en el II milenio a. C.

Mohenjo-Daro y Harappa, son las dos ciudades más importantes de la denominada Cultura Harappa, de la Civilización del valle del Indo.

Mapa de la zona ocupada por la cultura del valle del Indo, mostrando la ubicación de Mohenjo-Daro.

Puerta de entrada al complejo Mohenjo-Daro.

Mohenjo-Daro (sindhi: موئن جو دڙو, AFI: [moˑin ʥoˑ d̪əɽoˑ]) fue una ciudad de la antigua cultura del valle del Indo. Sus ruinas se encuentran en territorio del actual Pakistán. Se desconoce su nombre antiguo. El actual nombre Mohenjo Daro significa literalmente ‘montículo de la muerte’. Fue habitada durante el tercer milenio antes de nuestra era (entre el 2600 a. C. y el 1800 a. C.) a orillas del río Indo.

Fue uno de los primeros y más importantes asentamientos urbanos del mundo, existente al mismo tiempo que las civilizaciones de Mesopotamia, Caral, el Antiguo Egipto, y Creta. Probablemente un cambio en el curso del río provocó el abandono de la ciudad.

Descubrimiento

En 1920, el arqueólogo británico John Marshall descubrió estas ruinas urbanas y describió por primera vez la cultura del valle del Indo. Sus estudios fueron completados por otros investigadores como Wheeler, Marshall Mackay y Sahni, además de arqueólogos indios y pakistaníes a partir de 1960. Las ruinas de Mohenjo-Daro están algo mejor preservadas que las de Harappa, la otra gran ciudad de la cultura del valle del Indo, por lo cual constituyen una mejor fuente de información acerca de esta cultura. En 1980 la Unesco declaró las ruinas de Mohenjo-Daro como Patrimonio de la Humanidad.

Significación histórica

Mohenjo-Daro fue muy probablemente una de las mayores ciudades de la antigua cultura del valle del Indo, también conocida como cultura Harappa, por la ciudad de Harappa, otra importante localización del valle del Indo, ubicada a 570 km al noreste de Mohenjo-Daro en el Panyab (Pakistán).1

La cultura prehistórica del Indo dio origen a la civilización del valle del Indo alrededor del 3000 a. C. La civilización se extendió por Pakistán y la India del Norte, pero de repente empezó a declinar alrededor del 1900 a. C. Los asentamientos de la civilización del Indo se extendían por el oeste hasta la frontera con Irán, con un puesto avanzado en Bactria, y por el sur hasta la costa del Mar Arábigo en la India Occidental, en Gujarat. Entre los principales asentamientos urbanos se encuentran Harappa, Mohenjo-Daro y Lothal.

En su apogeo, Mohenjo-Daro fue la ciudad más desarrollada y avanzada del sur de Asia, mostrando una ingeniería (con pozos, avanzados sistemas de desagüe y baños en las casas) y planificación urbana muy sofisticados para su época.2

Algunos estudiosos opinan que los sumerios, establecidos en Mesopotamia ―que inventaron la rueda en el 3500 a. C. y la escritura en el 3300 a. C.―, no tendrían un origen completamente autóctono, sino que tendrían influencias de la cultura Harappa, representada por enclaves como Mohenjo-Daro (que alcanzó su apogeo entre el 2600 a. C. y el 1800 a. C.).3​ Los escasos registros genéticos de los sumerios (“cabezas negras”) obtenidos hasta la fecha apuntan también en ese sentido, una proveniencia nor-india.

Sitio arqueológico

Se estima que en su momento de mayor ocupación, Mohenjo-Daro contaba con 35000 habitantes. La ciudad se encontraba cercada por murallas defensivas de ladrillo cocido. Abarcaba un kilómetro cuadrado de extensión, y comprendía dos zonas: la ciudadela, sobre un montículo, en donde se encontraba el centro administrativo y quizás religioso; y la “ciudad baja”, donde se agrupaban los barrios de artesanos, zonas residenciales, graneros y almacenes. Esta organización parece que es el resultado de una planificación urbana.

La ciudadela

La ciudadela está elevada sobre un montículo artificial. Este monte fue estudiado por Marshall, quien llegó a la conclusión de que hubo habitantes sobre el período Harappa inicial que construyeron el muro que encontramos bajo estas estructuras. Después este muro fue rellenado de tierra y trozos de ladrillo y sirvió de base para la construcción de las diferentes estructuras que encontramos en ella. La entrada a este monte está curiosamente en la parte trasera u oeste y contiene unas escaleras de unos siete metros de ancho. Después hay una pequeña puerta en la esquina sudoeste. Como estructuras significativas en la ciudadela tenemos tres edificios: el Gran Baño, el Granero y la Casa de los Sacerdotes.

Los Grandes Baños son un tanque rectangular que mide unos 12 metros de largo por 7 m de ancho y 2,4 m de profundidad. Alrededor de este tanque se encuentra una serie de columnas que se abren desde el sur, por lo tanto se puede situar la entrada en el sur del edificio. Además del tanque y la columnata hay un carril que parece ser público que rodea la estructura. Así pues la estructura del edificio se divide en tres zonas concéntricas que sirven para rodear el tanque.

Según Marshall, el agua provendría de un pozo que tiene una estructura concéntrica, dentro de una pequeña habitación lateral y saldría por un desagüe que está en la esquina sudoeste del baño. El agua pasaría por una galería bien elaborada, cubierta con un arco y con un tamaño suficiente para que un hombre pudiese caminar por ella. Posiblemente el tamaño de la galería fuese así para permitir la limpieza de esta y, en ocasiones, sería una buena vía de escape secreta; esto último, es solo una hipótesis.

Al oeste del gran baño está el Granero (según Wheeler). Es una gran construcción hecha en su mayor parte de madera y con un fuerte y grueso techado plano. Se aprecia que fue arreglado varias veces. Su construcción no es muy elaborada y su peso indica que necesitaba bastantes soportes.

Originalmente medía 50 metros por 27 y tenía 1350 metros cuadrados. Consiste en una plataforma hecha a base de ladrillos puestos unos sobre otros hasta llegar a la altura de 6 metros y en la parte superior encontramos unos canales de ventilación. Esto era simplemente la base de la construcción, después, se hacía el edificio de madera. Al norte encontramos una plataforma de carga.

La casa de los sacerdotes, actualmente, es un conjunto de muros difícil de entender. Algunas hipótesis hablan de la residencia de un posible alto sacerdote o bien de una institución religiosa. Mide aproximadamente 70 metros de largo por 24 m de ancho y ha ido sufriendo diversos cambios en su estructura interior. Al norte y al sur de la estructura se encuentran grandes habitaciones y hacia el centro son más pequeñas. Parece tener una puerta en el muro oeste y hay una sección que se asemeja a la construcción del muro norte del gran baño, con ventanas interiores.

La ciudad baja

Mohenjo-Daro se distingue por haber sido una ciudad en la que no existían grandes desigualdades sociales. En la ciudad baja, las casas más grandes, que eran una minoría, podían contar con más de 200 metros cuadrados y veinte habitaciones, dispuestas alrededor de uno o más patios abiertos con escaleras que conducían a un piso superior o techo plano. La mayor parte de la población moraba en viviendas de entre 50 y 100 metros cuadrados y una sola habitación (de entre 5 × 10 m y 5 × 20 m); estas viviendas constituían la mitad del total. La otra mitad, exceptuando las pocas casas de gran superficie que se han mencionado, estaba formada por casas de entre 100 y 150 metros cuadrados (de entre 5 × 20 m y 5 × 30 m). El principal material de construcción era el adobe (ladrillo de tierra sin cocer). Muchas calles y pasajes tenían alcantarillado conformado con ladrillos y con aberturas para inspecciones periódicas. Las casas individuales tenían baños y retretes con agua corriente. Estos últimos se vaciaban en un receptáculo o, a través de un tubo de bajada hecho de arcilla, al alcantarillado público. Todo un sorprendente sistema de saneamiento en una cultura que floreció hace 4500 años.

Algunas de las construcciones más destacables de la ciudad baja se encuentran en la calle principal. Esta vía mide unos 9,5 metros de ancho, atraviesa la ciudad de norte a sur y está provista de alcantarillado; además estaba pavimentada con una argamasa de trozos de ladrillo y mortero, lo que no era muy común en las demás calles. Esta pavimentación hizo pensar a los arqueólogos que transitaban carros por esta calle y por eso se necesitó pavimentarla, sobre todo cuando el tiempo era lluvioso; no obstante no se han encontrado marcas de ruedas.

También es interesante la casa VIII del bloque 10 dentro del área HR. Esta casa está situada en la parte norte de la excavación y consiste básicamente en un patio central con una distribución de diferentes habitaciones alrededor. Toda ella mide 29,5 metros, sus muros tienen un espesor de aproximadamente 1,5 metros y tiene dos puertas exteriores, una delante y otra detrás, pero ninguna ventana, algo que es típico de la cultura de Harappa.

En la ciudad baja también encontramos talleres de alfareros, tintoreros, herreros, artesanos de conchas y de cuentas (abalorios). Algunos de estos artículos artesanales se fabricaban con materiales importados, mientras que otros pueden haberse destinado exclusivamente para la exportación. Por lo anterior se sabe que sus actividades incluían la agricultura, la manufactura y el comercio.

Según el escritor estadounidense Will Durant, las monedas que se han encontrado en Mohenjo-Daro datan del año 2900 a. C.:

En Mohenjo-Daro, en la India [sic, por “en Pakistán”], se han hallado monedas del año 2900 a. C., más antiguas que las monedas lidias de Creso (570-546 a. C.). […] Senaquerib (hacia el 700 a. C.) acuñó monedas de medio siclo.

Will Durant4

Fortificaciones

La excavación de la ciudad reveló pozos muy altos (izquierda), que parece que se construyeron continuamente a medida que las inundaciones y la reconstrucción aumentaron la elevación del nivel de la calle. [21]

Mohenjo-daro no tenía una serie de murallas, pero estaba fortificado con torres de vigilancia al oeste del asentamiento principal y fortificaciones defensivas al sur. Considerando estas fortificaciones y la estructura de otras ciudades importantes del valle del Indo como Harappa, se postula que Mohenjo-daro era un centro administrativo. Tanto Harappa como Mohenjo-daro comparten relativamente el mismo diseño arquitectónico y, por lo general, no estaban fuertemente fortificados como otros sitios del valle del Indo. Es obvio a partir de los diseños idénticos de la ciudad de todos los sitios del Indo que hubo algún tipo de centralidad política o administrativa, pero la extensión y el funcionamiento de un centro administrativo sigue sin estar claro.

Más en: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/cultura-valle-indo_8008

Artefactos notables

Barco con búsqueda de aves para encontrar tierra. [32] Modelo del sello Mohenjo-Daro, 2500-1750 a. C.

Numerosos objetos encontrados en la excavación incluyen figuras sentadas y de pie, herramientas de cobre y piedra, sellos tallados, balanzas y pesas, joyas de oro y jaspe y juguetes para niños. [33] Se han recuperado del lugar muchas piezas de bronce y cobre, como figurillas y cuencos, lo que demuestra que los habitantes de Mohenjo-daro sabían cómo utilizar la técnica de la cera perdida.[34] Se cree que los hornos encontrados en el sitio se utilizaron para trabajos de cobre y fundición de metales en lugar de fundición. Incluso parece haber una sección completa de la ciudad dedicada al trabajo de conchas, ubicada en la parte noreste del sitio.[35] Algunas de las obras de cobre más destacadas recuperadas del sitio son las tablillas de cobre que tienen ejemplos de la escritura e iconografía del Indo sin traducir.[36] Si bien el guión aún no se ha descifrado, muchas de las imágenes de las tabletas coinciden con otra tableta y ambas tienen el mismo título en el idioma indio, y el ejemplo que se muestra tres tabletas con la imagen de una cabra montesa y la inscripción en el reverso se leen las mismas letras para las tres tabletas.[37]

Se han recuperado tiestos de cerámica y terracota del sitio, y muchas de las ollas tienen depósitos de ceniza, lo que lleva a los arqueólogos a creer que se usaron para contener las cenizas de una persona o como una forma de calentar una casa ubicada en el sitio.[38] Estos calentadores, o braseros, eran formas de calentar la casa al mismo tiempo que se podían utilizar para cocinar o filtrar, mientras que otros creen que se usaron únicamente para calentar.[38]

Los hallazgos de Mohenjo-daro se depositaron inicialmente en el Museo de Lahore, pero luego se trasladaron a la sede de ASI en Nueva Delhi, donde se estaba planificando un nuevo “Museo Imperial Central” para la nueva capital del Raj británico, en el que al menos un se mostraría la selección. Se hizo evidente que se acercaba la independencia de la India, pero la Partición de la India no se anticipó hasta el final del proceso. Las nuevas autoridades paquistaníes solicitaron la devolución de las piezas de Harappan excavadas en su territorio, pero las autoridades indias se negaron. Finalmente se llegó a un acuerdo, por el cual los hallazgos, por un total de unos 12.000 objetos (la mayoría de los tiestos de cerámica), se dividieron en partes iguales entre los países; en algunos casos esto se tomó muy literalmente, con algunos collares y fajas cuyas cuentas se separaron en dos pilas. En el caso de las “dos figuras esculpidas más célebres”, Pakistán pidió y recibió al Sacerdote-rey , mientras que India retuvo a la Dancing Girl , mucho más pequeña,[39] y también el sello Pashupati.

La mayoría de los objetos de Mohenjo-daro retenidos por India están en el Museo Nacional de India en Nueva Delhi y los devueltos a Pakistán en el Museo Nacional de Pakistán en Karachi, y muchos también en el museo ahora establecido en Mohenjo-daro. En 1939, un pequeño grupo representativo de artefactos excavados en el sitio fue transferido al Museo Británico por el Director General del Estudio Arqueológico de la India.[40]

Ídolo de la diosa madre

Descubierto por John Marshall en 1931, el ídolo parece imitar ciertas características que coinciden con la creencia de la Diosa Madre común en muchas civilizaciones tempranas del Cercano Oriente.[41] Se han observado esculturas y estatuillas que representan a mujeres como parte de la cultura y religión de Harappa, ya que se recuperaron múltiples piezas femeninas de las excavaciones arqueológicas de Marshall. [41] Estas cifras no se categorizaron correctamente, según Marshall, lo que significa que no está claro dónde se recuperaron del sitio. Una de dichas figuras, que se muestra a continuación, mide 18,7 cm de alto y se encuentra actualmente en exhibición en el Museo Nacional de Pakistán, en Karachi.[41] Los aspectos de fertilidad y maternidad que se exhiben en los ídolos están representados por los genitales femeninos que se presentan en un estilo casi exagerado como lo afirma Marshall, y él infiere que tales figurillas son ofrendas a la diosa, a diferencia del entendimiento típico de ellos siendo ídolos que representan la semejanza de la diosa.[41] Debido a que las figuras son únicas en términos de peinados, proporciones corporales, así como tocados y joyas, existen teorías sobre a quién representan estas figuras.[41] Shereen Ratnagar teoriza que debido a su singularidad y descubrimiento disperso por todo el sitio, podrían ser figurillas de mujeres domésticas comunes, que encargaron que estas piezas se usaran en rituales o ceremonias de curación para ayudar a las mujeres mencionadas anteriormente.[41]

Bailarina

En 1926, se encontró una estatuilla de bronce apodada la “Dancing Girl”, de 10,5 centímetros (4,1 pulgadas) de alto [42] y de unos 4.500 años de antigüedad, en la “zona de HR” de Mohenjo-daro; ahora se encuentra en el Museo Nacional de Nueva Delhi.[42] En 1973, el arqueólogo británico Mortimer Wheeler describió el artículo como su estatuilla favorita:

Creo que tiene unos quince años, no más, pero está parada allí con brazaletes hasta el brazo y nada más. Una chica perfectamente, por el momento, perfectamente segura de sí misma y del mundo. Creo que no hay nada como ella en el mundo.

John Marshall, otro arqueólogo de Mohenjo-daro, describió la figura como “una niña, con la mano en la cadera en una postura medio imprudente y las piernas ligeramente adelantadas mientras marca el ritmo de la música con las piernas y los pies”.[43] El arqueólogo Gregory Possehl dijo de la estatuilla: “Puede que no estemos seguros de que fuera una bailarina, pero era buena en lo que hacía y lo sabía”. La estatua condujo a dos descubrimientos importantes sobre la civilización: primero, que conocían la mezcla de metales, fundición y otros métodos sofisticados de trabajar con minerales, y segundo, que el entretenimiento, especialmente la danza, era parte de la cultura. [42]

Sacerdote-Rey

En 1927, se encontró una figura masculina de esteatita sentada en un edificio con ladrillos inusualmente ornamentales y un nicho en la pared. Aunque no hay evidencia de que sacerdotes o monarcas gobernaran Mohenjo-daro, los arqueólogos llamaron a esta figura digna un “Sacerdote-Rey”. La escultura mide 17,5 centímetros (6,9 pulgadas) de alto y muestra a un hombre pulcramente barbudo con perforaciones en los lóbulos de las orejas y un filete alrededor de la cabeza, posiblemente todo lo que queda de un peinado o tocado que alguna vez fue elaborado; su cabello está peinado hacia atrás. Lleva un brazalete y una capa con motivos de trébol perforado, círculo simple y círculo doble, que muestran rastros de rojo. Sus ojos podrían haber sido originalmente incrustados.[44]

Sello pashupati

Una fosa descubierta en el sitio tiene la imagen de una figura sentada, con las piernas cruzadas y posiblemente itifálica rodeada de animales. La figura ha sido interpretada por algunos eruditos como un yogui, y por otros como un “proto- Shiva ” de tres cabezas como “Señor de los animales”.

Collar de siete hebras

Sir Mortimer Wheeler estaba especialmente fascinado con este artefacto, que creía que tenía al menos 4.500 años. El collar tiene un broche en forma de S con siete hebras, cada una de más de 4 pies de largo, de pepitas de bronce y metal en forma de cuentas que conectan cada brazo de la “S” en filigrana. Cada hebra tiene entre 220 y 230 de las pepitas multifacéticas, y hay alrededor de 1,600 pepitas en total. El collar pesa alrededor de 250 gramos en total y actualmente se encuentra en una colección privada en la India.[cita requerida]

Decadencia

Se cree que Mohenjo-Daro fue atacada en la mitad del segundo milenio a.C. La identidad de los atacantes es incierta. No obstante, la ciudad ya se encontraba en una etapa de decadencia antes de que fuera destruida. Fuertes inundaciones habían dejado bajo el agua, en más de una vez, a grandes zonas.

Conservación y estado actual

Un acuerdo inicial para financiar la restauración se acordó a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en París el 27 de mayo de 1980.

El trabajo de conservación de Mohenjo-daro se suspendió en diciembre de 1996 después de que se interrumpiera la financiación del gobierno paquistaní y de organizaciones internacionales. El trabajo de conservación del sitio se reanudó en abril de 1997, utilizando fondos puestos a disposición por la UNESCO. El plan de financiación de 20 años proporcionó $ 10 millones para proteger el sitio y las estructuras en pie de las inundaciones. En 2011, la responsabilidad de la preservación del sitio se transfirió al gobierno de Sindh.[45]

Actualmente, el sitio está amenazado por la salinidad del agua subterránea y una restauración inadecuada. Muchos muros ya se han derrumbado, mientras que otros se están derrumbando desde cero. En 2012, los arqueólogos paquistaníes advirtieron que, sin mejores medidas de conservación, el sitio podría desaparecer para el 2030. [5] [46]

Las ruinas del gran baño en la ciudadela de Mohenjo-Daro, en el actual territorio de Pakistan. Las ruinas de Mohenjo Daro son Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO.

Mohenjo-Daro, la gran sorpresa

El hallazgo de Mohenjo-Daro, en el valle del Indo, puso al descubierto una civilización tan grandiosa como ignorada.

María Domínguez: 13/09/2019

La arqueología británica vivía momentos de euforia a comienzos del siglo XX. Estaba redescubriendo las primeras civilizaciones de la historia gracias a los hallazgos de sir Arthur Evans en Creta y a los de varios equipos en Egipto y Mesopotamia. En esta coyuntura, exactamente en 1922 (el mismo año en que el Valle de los Reyes asombró al mundo con los tesoros de Tutankhamón), un monje budista condujo a un oficial del Servicio Arqueológico de la India hasta un convento. El edificio se alzaba en lo alto de un montículo junto a una stupa.

Pronto se supo que el túmulo no escondía reliquias de Buda. Era mucho más antiguo, dos milenios anterior. La gente de la región, a duras penas bañada por el río Indo, llamaba al lugar el Montículo de la Muerte, en lengua sind Mohenjo-Daro, por la desolación que lo rodeaba. Sin embargo, bajo ese enclave desértico no tardaron en surgir vestigios de una época mejor, plena de vida. De cuando, como en el Nilo, el Indo se desbordaba cada primavera, alimentado por la nieve derretida del Himalaya, y dejaba su cuenca cubierta por un limo muy fecundo tras el paso de las aguas de camino hacia el mar de Arabia. Este fenómeno, junto al sol radiante de Asia meridional, había permitido el florecimiento, en el remoto III milenio a. C., de una cultura agrícola y urbana tan próspera, organizada y avanzada como desconocida en el Valle del Indo.

Similitudes con Harappa

Rakhaldas Banerji, el oficial guiado por el religioso, comprendió al instante la relevancia del sitio en cuanto lo tanteó. La zona que excavó en torno a la stupa reveló los primeros indicios de una ciudad arcaica que, según se vería en las décadas siguientes, abarcó 1,5 km2 durante su apogeo, entre 2600 y 1900 a. C. Lo cierto es que el estudioso no había apostado a ciegas por este yacimiento.

Se tenían vagas nociones de lo que se conocería como la civilización del río Indo desde mediados del siglo XIX, cuando el Servicio Arqueológico de la India se topó con restos de Harappa, la otra gran metrópolis de esta cultura, buscando reminiscencias de peregrinaciones chinas en tiempos de Buda. No obstante, nadie imaginó entonces la antigüedad real de las evidencias localizadas. Eso ocurrió luego, coincidiendo con la Primera Guerra Mundial y con la investidura como caballero de un nuevo director de la entidad, John Marshall.

Se tenían nociones de lo que se conocería como la civilización del río Indo desde mediados del siglo XIX, cuando el Servicio Arqueológico de la India se topó con restos de Harappa, la otra gran metrópolis de esta cultura.

Este flamante sir impulsó una investigación a fondo de Harappa, que siete años después se materializó en un desenterramiento sistemático del lugar. Luego se comprobó que algunos de los hallazgos correspondían al período Calcolítico, a la transición del Neolítico a la Edad del Bronce. De ahí el entusiasmo que embargó a sir John cuando le llegó la noticia de que su empleado Banerji, sin haber presenciado los descubrimientos protohistóricos de Harappa, había encontrado en paralelo en Mohenjo-Daro sellos de barro de una antigüedad similar.

Mohenjo-Daro está a 590 km de distancia de su coetánea, lo que significa que el ámbito geográfico de influencia de la cultura que empezaba a asomar había sido amplio. Con respecto a su antigüedad, cualquier duda se disipó gracias a la aportación de un tercer arqueólogo. Se trataba de Ernest MacKay, un catedrático de la Universidad de Chicago especializado en Mesopotamia que un día vio en una publicación la fotografía de un sello hallado en Mohenjo-Daro. Para su sorpresa, era exactamente igual a uno que él había recuperado en Sumeria. Se había cerrado el ciclo descubridor. En el río Indo había existido una civilización asombrosa, capaz de comerciar con la lejana región del Tigris y el Éufrates, e ignorada durante milenios.

El rescate de la Unesco

Las excavaciones en Mohenjo-Daro adquirieron un ritmo incesante a partir de ese momento. Durante los años veinte y treinta trabajaron en el yacimiento Marshall y MacKay. Y en los cuarenta y cincuenta, otra estrella de la arqueología anglosajona, sir Mortimer Wheeler, descubridor de un presunto granero en la localidad. Unos y otros, con ayuda de colegas indios y pakistaníes, sacaron a la luz hasta un tercio de la vieja capital. Mientras, la supervisión del lo que ocurría en el Valle del Indo pasaba del gobierno colonial británico al de la India independiente y luego al de Pakistán, tras la secesión de este país.

No obstante, a mediados de los sesenta, finalizada una última campaña a gran escala emprendida por la Universidad de Pennsylvania, hubo que detener las obras ante la fragilidad del yacimiento. Este reposaba sobre capas tectónicas inestables que, al reacomodarse o ser removidas, hacían aflorar agua salada. El salitre erosionaba el principal material de construcción empleado en Mohenjo-Daro, los ladrillos de adobe, que se resquebrajaban al mojarse con la sal y calentarse por el fuerte sol de la zona.

En los sesenta se comprobó que el salitre de las aguas subterráneas resquebrajaba los ladrillos de adobe, y la Unesco tomó cartas en el asunto.

La amenaza era tan grave que la Unesco tomó cartas en el asunto. Por un lado, inició un proyecto de colaboración con las autoridades pakistaníes para bombear y desviar el agua subterránea del yacimiento. Por otro, declaró a Mohenjo-Daro Patrimonio de la Humanidad, con la protección global que ello implica.

¿Aún más antiguos?

En el sitio, mientras tanto, el cese de las excavaciones en profundidad dejó lugar a tareas de conservación y documentación y también a prospecciones superficiales. Especialmente dinámicas desde los años ochenta, estas actividades, internacionalizadas desde la intervención de la Unesco, han deparado grandes avances en el conocimiento de la civilización del Indo. Hoy se saben muchos detalles de ella gracias a estudiosos como el alemán Michael Jansen, el italiano Maurizio Tosi o los norteamericanos Gregory Possehl y Jonathan Kenoyer. Por ejemplo, que su área de influencia abarcaba el equivalente a tres veces el tamaño de España, que el grueso de su sociedad urbana lo formaba una próspera burguesía de mercaderes y artesanos y que en las ciudades había un alcantarillado muy moderno, similar al romano, pero dos milenios anterior.

En las ciudades había un alcantarillado muy moderno, similar al romano, pero dos milenios anterior.

Los arqueólogos locales también han contribuido de forma notable a aportar más datos sobre esta cultura asombrosa. Es el caso de los indios Braj Basi Lal y Shikaripur Ranganatha Rao y, hace tan solo tres meses, del pakistaní Ghulam Mustafá Shar, quien, al frente de una veintena de colegas, descubrió en enero de 2009 el sitio de Lakhian Jo Daro no lejos de Mohenjo-Daro. Pese a que aún se investiga, se podría cifrar la fecha de inicio de esta civilización en 9.000 años de antigüedad, en vez de los 5.500 que se creía hasta ahora. Así permite aventurarlo el hallazgo de un taller de cerámica vidriada datado en el V milenio a. C.

Mientras se despeja esta incógnita –u otras como la lengua, la poca belicosidad y la misteriosa desaparición de este pueblo–, la primitiva civilización del Indo continúa teniendo en Mohenjo-Daro su recuerdo arqueológico por excelencia. Tanto por ser la más antigua de las dos metrópolis que edificaron como por tratarse de la mejor conservada, a pesar del destructivo salitre contra el que se sigue luchando.

Este artículo se publicó en el número 493 de la revista Historia y Vida. Si tienes algo que aportar, escríbenos a redaccionhyv@historiayvida.com.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gede

Ruinas de Gede

Las ruinas de Gede están formadas por los restos de enclave de cultura suajili. Están situadas en la localidad de Gede en la costa del océano Índico en Kenia, resguarda uno de los mayores misterios en la historia de África oriental.

Las ruinas del antiguo puerto se encuentran en la actualidad alejadas de la costa dentro de un bosque tropical que las recubre. Pese a la importancia de las ruinas no se ha encontrado ninguna referencia a esta ciudad en las fuentes históricas. Son datadas a través de la única inscripción encontrada sobre una tumba (1399 d. C.). Los principales restos están formados por la mezquita mayor, el palacio, las murallas y unas tumbas exteriores al recinto.

Ruinas de la Gran Mezquita en Gede.

Trozo de piedra con las inscripciones en árabe que se utilizaron para fechar el sitio.

Se debió tratar de un emplazamiento comercial ya que entre los restos se han encontrado cerámicas chinas. Se desconoce la causa de su desaparición, que pudo deberse a ataques de las tribus cercanas o al alejamiento de la costa.

La ciudad perdida de Gede, el “Machu Picchu” de Kenia

Esta urbe suajili ha desconcertado durante décadas a arqueólogos e historiadores por la falta de referencias a este emplazamiento en fuentes históricas, pero sus vestigios prueban que albergó una civilización avanzada antes de su abandono en el siglo XVII.

Situada a pocos kilómetros de las aguas turquesas del océano Índico que bañan la turística localidad de Watamu, en el sureste de Kenia, el yacimiento ocupa una pequeña porción de la reserva de Arabuko Sokoke, el mayor bosque costero de África oriental.

“Fue una de las ciudades más antiguas establecidas en la costa del Índico. Se empezó (su construcción) en el siglo XII. Llegó a ocupar 45 acres (18 hectáreas), de las que sólo se han excavado 12 acres (unas 5 hectáreas)”, explica a Efe el guía Hudson Mukoka, al precisar que su población pudo alcanzar unas “tres mil personas”.

Gede, que significa “preciosa” en la lengua de los oromos (uno de los pueblos que habitó la urbe), es un remanso de paz quebrada sólo por el canto de las cigarras -“la música del bosque”, según Mukoka- y las travesuras de los monos que salen al paso de los visitantes.

Espíritus al acecho

La tribu mijikenda, que vive actualmente en las inmediaciones, venera desde antaño las ruinas, que considera sagradas y custodiadas por “Los Ancianos”, espíritus al acecho de intrusos que osen profanar el lugar.

Sin embargo, Gede pasó inadvertida durante siglos hasta la llegada de los colonizadores británicos. En 1884, el explorador John Kirk redescubrió la urbe, aunque las excavaciones empezaron en 1948 supervisadas por James Kirkman, pionero de la arqueología suajili.

Kirkmam topó con un entorno casi sobrenatural. “Cuando comencé a trabajar en Gede -dijo-, tenía la sensación de que algo o alguien estaba mirando detrás de las murallas, ni hostil ni amistoso, pero esperando a lo que sabía que iba a suceder”.

A la sombra de baobabs, higueras y tamarindos, esos trabajos sacaron a la luz una sofisticada urbe edificada con piedra coralina sobre calles trazadas dentro de dos murallas concéntricas: la interna protegía a la élite y la externa todo el recinto.

“Este es el gran palacio, que se dividía en dos zonas: una residencia privada y un área de actividades públicas. Al rey le llamaban sultán“, señala Mukoka ante los escalones de la imponente puerta principal aún en pie, con arco de exquisita labor.

Asombran también los restos de ocho mezquitas, entre ellas la llamada “gran mezquita”, donde se conservan el minbar (púlpito) y la quibla orientada a la Meca, que “funcionaba como un altavoz y producía un eco”, aclara el guía, quien de repente grita “¡Allahu akbar (Alá es el más grande)! para recrear ese efecto acústico.

El yacimiento presenta asimismo ruinas de casas con baños e inodoros, pilares funerarios ornamentados y hasta un sistema de alcantarillado, obras que desmontan el (erróneo) estereotipo de que África carecía de desarrollo antes de la invasión colonial europea.

“Los visitantes dicen que (el emplazamiento) se parece a Machu Picchu“, comenta a Efe el Mukoka, en alusión al famoso santuario del imperio inca en Perú.

Al igual que Machu Picchu, Gede encierra muchos enigmas, como la causa de su abandono, que pudo deberse, según diversas teorías, a una falta de agua (nada menos que 28 pozos se han hallado en la urbe), un conflicto armado o una devastadora enfermedad.

Para descifrar esa incógnita, el paleontólogo keniano-estadounidense Chapurukha Kusimba, de la Universidad de South Florida (EEUU), hace excavaciones con ayuda de National Geographic para responder a una pregunta: “¿qué ocurrió realmente?”.

“Una de las cosas que queremos averiguar es si la población de Gede fue víctima de la peste negra”, la epidemia que causó estragos en el mundo en la Edad Media, explica a Efe por teléfono el profesor Kusimba, quien ha descubierto en los pozos “literalmente miles de ratas negras”, roedores a los que se culpó de la enfermedad.

El paleontólogo se siente intrigado también porque la urbe no consta en documentos históricos, ni siquiera en los mapas de los portugueses, que arribaron a finales del siglo XV a Malindi (a 16 kilómetros de Gede), “eran grandes cartógrafos y lo anotaban todo”.

De lo que nadie parece dudar es que la ciudad fue un relevante y próspero centro de intercambio comercial en el océano Índico.

No en vano, apunta Mukoka, los arqueólogos han desenterrado monedas de China, cuentas de Venecia (Italia), lámparas de hierro de India e incluso “unas tijeras españolas (de hierro) del siglo XVI” que pueden contemplarse en el pequeño museo anexo al yacimiento.

“Esto -agrega- es una prueba de que (Gede) comerciaba con pueblos de distintos países. Los objetos hallados indican que la ciudad alcanzó su cenit entre los siglos XV y XVI“, preámbulo de la decadencia que acabó sentenciando a muerte a la urbe.

Pese a la importancia de las ruinas (monumento histórico y popular atracción turística) y la nominación del Gobierno de Kenia, Gede no ha logrado todavía ingresar en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, aunque el profesor Kusimba cree que “merece estar ahí”.

Saber más: https://udare.es/ruinas-de-gede-en-watamu-la-costa-de-kenia/

Fotos: EFE/ Pedro Alonso

 

Castellar de Meca

Castellar de Meca

Poblado íbero Castellar de Meca

Coordenadas: 38°57′36″N 1°09′18″O

País: España

El poblado ibérico Castellar de Meca, cuya época corresponde al ibérico (siglos V-II a. C.), y también al bronce, romano, islámico, medieval, se localiza en el término municipal de Ayora, en la comarca de El Valle de Ayora-Cofrentes (Provincia de Valencia, España), sobre un largo cerro denominado Mugrón de Meca (Sierra del Mugrón), dentro de la finca denominada “Casas de Meca”.

Está declarado Bien de Interés Cultural desde el 3 de junio de 1931. Identificador otorgado por el Ministerio de Cultura: RI-550000053.1

Historia

Las ruinas del Castellar de Meca aparecen como conocidas en documentos de autores como Escolano, Cavanilles, Pierre Paris, Schulten, y especialmente por Julián Zuazo, entre otros.2​ Este yacimiento muestra evidencias de ocupación desde la edad de Bronce ( siglo VI a.C.), los Íberos ( siglos IVIII a.C.) y los romanos (siglos II I a.C. ) hasta la edad Media (siglo XII).23

Detalle del camino de acceso

Las ruinas se consideran pertenecen a un poblado Ibérico ocupando aproximadamente 15 hectáreas. A simple vista se pueden ver sus antiguas murallas que servían de defensa a esta población, pero además por las características del terreno, estas también forman parte de una fortaleza natural, situándose a unos 1218 metros de altura sobre el nivel del mar en su punto más elevado.4​ Se encuentra en una meseta del monte, con un único acceso, y por el que posiblemente los íberos trazaron un camino, el llamado Camino Hondo (que hoy aún conserva importantes vestigios de las huella dejadas por las ruedas de los carros, y pequeñas cavidades, donde ponían el pie las bestias que transportaban sus cargas), que unía la ciudad- fortaleza con el llano. De esta época íbera son también los restos de casas excavadas en la roca así como los aljibes.3

La ciudad ibérica desapareció con la conquista de los romanos, aunque la influencia ibérica se mantuvo durante un tiempo. En la zona occidental se observan restos de una torre romana, no hay constancia de que hubiera elementos arquitectónicos, aunque sí se hallaron sillares de varios tamaños bien labrados.3

La población fue creciendo y extendiéndose por las laderas, sobre el camino íbero inutilizado, construyéndose habitaciones medievales rectangulares. Se sabe que en el siglo XV la ciudad estaba desierta, lo cual puede deberse al brote de peste negra que sufrió la zona a mediados del siglo XIV.3

Descripción

Camino interior

Depósito

La planta del yacimiento tiene unas 15 Ha, con un extensión de unos 800 m en dirección Este-Oeste. Murallas ciclópeas, numerosas cisternas y casas talladas en la roca. Cerámicas ibéricas, romanas, islámicas. El denominado Camino Hondo, con una pendiente del 30 % constituye una asombrosa obra de ingeniería prerromana. En el último tramo, la roca está excavada 4,30 m. con una anchura de 1,93-2,15 m. Para superar la pendiente se alargó el recorrido y obligó a realizar una cerrada curva para cambiar el sentido del camino hacia el centro de la ciudad. El suelo, sobre roca viva, presenta profundas rodaderas como consecuencia del paso de las ruedas de carro durante 1500 años.

En los laterales se aprecian unas hendiduras en la piedra que presumiblemente servirían para introducir trancas de madera y sujetar así las ruedas evitando el deslizamiento por la pendiente. En la meseta se pueden observar habitaciones excavadas en la roca, escaleras, y numerosos depósitos (más de 100), el mayor llamado “El Trinquete” de 29 x 5 m, con una profundidad estimada de 14 m (más de 2000 m3). No todos los depósitos serían aljibes, ya que algunos pudieron ser utilizados como graneros o almacenes.

Existen restos de muros de difícil datación, ya que el poblado estuvo habitado hasta época medieval (posiblemente hasta los siglos XIII-XIV). Al oeste de la denominada “Cueva del Rey Moro” se encuentra la fuente, con su caño original que ha sufrido una modificación, y en la que se aprecian unas escaleras excavadas de época ibérica, y algo más abajo el aljibe.

Las características del poblado sugieren que éste sería un gran almacén de productos agropecuarios que explicaría el camino de acceso para facilitar su transporte desde el llano. La construcción del camino y de los sistemas de almacenaje requiere de una clase dirigente con capacidad de organizar recursos y gestionarlos de forma eficaz. En épocas de depresión por malas cosechas o crisis, la defensa del lugar y sus recursos excedentarios almacenados en periodos de bonanza sería fundamental.

Vista parcial

Estas clases ibéricas dirigentes y un sistema económico bien organizado serían la base del desarrollo de la cultura ibérica desde el siglo V al III a. C., con su capacidad de crear monumentos funerarios, ricas necrópolis, santuarios y escultura, característicos de la zona. El Castellar de Meca sería un importante centro económico del que únicamente queda su esqueleto impreso en piedra. La excavación científica de la ciudad pondría de manifiesto, sin duda, que estamos ante una de las principales ciudades ibéricas.[cita requerida]

Días de visita

El yacimiento arqueológico es propiedad privada y se puede acceder libremente los días de visita. La visita dura unas 3 horas desde el aparcamiento habilitado por los propietarios, y hay que ascender un desnivel de 170 metros, con algunos tramos peligrosos. Se recomienda mucha precaución. Los días de visita son los domingos de 9 a 14h. La visita no es adecuada para niños pequeños o personas ancianas.

Enlaces externos

 

 

 

 

 

Vilars de Arbeca

Vilars de Arbeca

Vista sudoeste de la fortaleza

 

Localización

País: España

Comunidad: Cataluña

Provincia: Lérida

Localidad; Arbeca

Coordenadas: 41°34′06″N 0°57′15″E

Datos generales

Declaración: 26 de mayo de 1998

Categoría: Zona arqueológica

Código: RI-55-0000549

Construcción: 750 a. C. – 325 a. C.

La fortaleza de los Vilars de Arbeca (775 a. C.-325 a. C.) está situada en una zona de llanura, a 4 km de la localidad de Arbeca en la comarca de Las Garrigas, en la provincia de Lérida en Cataluña (España). Fue construida hace 2800 años por una tribu de ilergetes que pertenecía al grupo cultural de los campos de urnas, llamado así por la costumbre de incinerar y enterrar en vasos cerámicos las cenizas de sus muertos, es única en el mundo íbero catalán. Constituye, especialmente por sus defensas, un conjunto arqueológico único en el panorama peninsular y europeo de la Primera Edad del Hierro y la Cultura Ibérica.

Se ubica en una zona inundable del río Corb y fue construida durante la Primera Edad del Hierro manteniéndose habitada ininterrumpidamente durante cuatrocientos años. De forma ovalada se estructura alrededor de una cisterna de agua que ocupa el centro de una plaza junto a la cual se van levantando las viviendas de forma rectangular. Todo el conjunto está rodeado de una muralla torreada de cinco metros de ancho y otros cinco de alto con 12 torres semicirculares y un foso inundable de 15 metros de anchura y 4 de profundidad en el que se abren dos puertas de acceso de pequeñas dimensiones. Rodeando el complejo había una barrera de piedras clavadas en el suelo, sistema defensivo denominado chevaux-de-frise, que impedían el paso de a pie o a caballo. Estas características defensivas la hacían casi inexpugnable.1

Con capacidad para albergar unas 100 personas fue habitada desde el siglo VIII a.C. hasta el año 325 a.C siendo abandonada de forma abrupta. Doscientos años después, en contacto con otras culturas mediterráneas, los habitantes de Els Vilars vivieron el proceso de iberización, convirtiéndose en el pueblo llamado por los escritores antiguos como los ilergetes. La fortificación fue edificada en el llano, despreciando los cerros de más fácil defensa, sobre el barranco de Aixaragall, controlando el agua y las tierras aluviales.

El descubrimiento de la fortaleza fue en 1975, pero la falta de recursos impidió que se hicieran excavaciones arqueológicas hasta que comenzaron una década después.2

Desde 1985, con el patrocinio del Servicio de Arqueología de Cataluña, la Diputación de Lleida y el Ayuntamiento de Arbeca, la Universidad de Lleida excava este conjunto arqueológico excepcional.

El recinto no fue destruido, sino simplemente desalojado. Una cosa parece segura: el espacio interior era muy reducido, la muralla, el foso y las defensas, que habían sido la razón de ser del asentamiento, siglos más tarde se convirtieron en un obstáculo para su crecimiento.

En el año 1998 fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional, en la categoría de Zona Arqueològica, por la Generalidad de Cataluña.

A escasos cuatro kilómetros de los restos del poblado ilergete el viajero llega hasta la localidad más próxima, Arbeca, que se sitúa alrededor de una colina, en cuya cima se ubican los restos del antiguo y poderoso castillo de los Duques de Cardona, que tiene su origen en una fortaleza árabe conquistada a mediados del siglo XII.

El poblado dejó de ser aldea para transmutarse en fortaleza.

Puerta Norte del yacimiento./CRPU Mascançà

 

Vista oeste de Els Vilars de Arbeca./CRPU Mascançà

La recreación mediante técnicas del siglo XXI del poblado de Vilars d’ Arberca nos transporta a un mundo íbero, sin duda, más avanzado tecnológicamente de lo que a veces podemos llegar a imaginar.

Para saber más: https://caminandoporlahistoria.com/vilars-darbeca/

Las murallas fue el primer elemento que se construyó en la ciudad, ya que las casas interiores aparecieron adosadas a esta. A dicho espacio amurallado se le añadió en primer término un campo frisio, es decir, se rodeó de piedra clavadas en el suelo de forma vertical, su utilidad retrasar y entorpecer la marcha de los posibles asaltantes. Este elemento pronto será sustituido por la gran balsa de agua que rodeaba todo el poblado, esta se consiguió tras una gran labor de impermeabilización del terreno, para aprovechar las aguas freáticas existentes en la zona. Debemos destacar que la balsa no era perpetua, sino que se podía inundar cuando fuese necesario, este aspecto dota a esta fortaleza íbera de características exclusivas, y nos revela las grandes dotes para la ingeniería de los íberos ilergetes.

La muralla se fue adecuando a los cambios del terreno durante los más de 400 años que duró el poblado, se han constatado hasta cuatro niveles constructivos diferentes: (Vilars I, II, III; IV) son los elegidos por los expertos para la explicación del yacimiento. El resultado fue una especie de anillos concéntricos, donde las primeras murallas servían por un lado de cimentación de las posteriores, cada vez más altas, y por otro de contención para la balsa exterior. Destacar que la muralla final contó con 12 torres, de las cuales solo la de la entrada principal parecía tener características defensivas, al hallase en su interior un espacio abierto para su inutilización como morada de los vigías y acceso a la parte superior, el resto parecen tener un carácter más estructural.  Añadir que la muralla tenía tres puertas, solo una de ellas con acceso directo a la pasarela de entrada, todas tres de reducidas dimensiones que favorecía la defensa, al no pasar dos personas a la misma vez.

Una de las tres entradas a Vilars d’Arbeca

Restos de muralla donde se observa el campo frisio

Cisterna en el centro del poblado de Vilars d’Arbeca

El espacio inundable extramuros

La casa del herrero de Vilars d’Arbeca

Más restos amurallados con las piedras de la cantera del Médol

Restos de los ocho hornos públicos

Vilars d’Arbeca contaba incluso con cloacas para la extracción de agua del interior del poblado.

Por otro lado, destacar que Vilars d’Arbeca es el yacimiento íbero más impresionante de la Península ibérica, no por sus dimensiones, sino por encontrarnos ante un yacimiento solo habitado por pre-iberos e íberos, por lo que se convierte en un yacimiento prácticamente único para conocer el proceso de iberización.