Archivo diario: 19 octubre, 2026
Atlantropa
Atlantropa
Mapa del proyecto.
Atlantropa es el nombre dado a un proyecto que preveía la construcción de una inmensa presa en el estrecho de Gibraltar, lo que habría permitido cerrar el mar Mediterráneo. Se propuso por primera vez el 1 de marzo de 1928 por el arquitecto alemán Herman Sörgel.
El proyecto
Organización
El constituyente básico del proyecto era la construcción de una inmensa presa hidroeléctrica de 35 km de longitud en el estrecho de Gibraltar, lo que habría permitido aislar el mar Mediterráneo del océano Atlántico. Dicha presa tendría un caudal de más de 88 000 m³/s, permitiendo la producción de al menos 50 000 MW,[1] el equivalente a 31 EPR. La presa fue diseñada por Bruno Siegwart, y debía incluir centrales hidroeléctricas subterráneas, así como un conjunto de canales y esclusas. Estas debían estar señalizadas en el lado Atlántico por una torre de más de 400 m de altura.[2]
Para limitar su altura, la presa había sido diseñada en forma de codo, de manera que estuviese lo más posible en zonas de aguas poco profundas. De hecho, de este modo solo una sección de cinco kilómetros se situaría en una zona de aguas más profundas, en lugar de doce kilómetros, que es la anchura del estrecho.
Esta construcción habría permitido limitar el suministro de agua al mar Mediterráneo, cuyo nivel habría disminuido un 20 % (el Mediterráneo habría desaparecido en menos de 2000 años si la pérdida fuese de un metro por año[1]). Según los cálculos, si el nivel del mar se redujese 80 cm por año, habrían sido necesarios dos siglos para alcanzar el nivel deseado. Esto habría permitido ganar 233 000 km² de terreno baldío, que es casi la superficie de Rumanía, sobre todo en el norte de África.[1]
Estaban previstas, además, dos vías férreas, que habrían permitido enlazar Berlín, Roma y Ciudad del Cabo.
El proyecto preveía también la construcción de una segunda presa de menor envergadura entre la bota italiana, Sicilia y Túnez. De ese modo, el Mediterráneo se habría dividido en dos cuencas, la occidental, con un nivel de 100 m inferior al normal, y la oriental, que habría sido inferior a 200 m. La presa situada entre estas dos cuencas también permitiría la producción de energía eléctrica, con vistas a un agotamiento a largo plazo de los recursos de carbón y petróleo. De este modo, Europa se habría encontrado en posesión de recursos energéticos suficientes para todo su territorio.
Herman Sörgel había previsto la producción de electricidad a través de los lagos africanos. Habría sido transmitida a Europa a través de tres líneas de muy alta tensión. La primera pasaría a través del estrecho de Gibraltar, y la segunda bordearía el mar Mediterráneo por Egipto, Palestina y Siria para entrar en Europa a través del mar Negro y el valle del Danubio. La tercera se establecería a través del tendido de un cable submarino entre el Norte de África e Italia a través de Sicilia.[3]
El descenso en el nivel del mar Mediterráneo habría dado lugar a la desecación de casi todas las ciudades y los puertos de dicho mar. El arquitecto Peter Behrens imaginó y diseñó diques para mantener los puertos históricos como Génova y Venecia, así como planos para la construcción de nuevos puertos.[2]
Se debía construir una presa en el río Congo a fin de crear un gran lago artificial. Una parte del agua de ese lago debía permitir regar el Sahara a través del lago Chad.[2]
El proyecto estaba dirigido principalmente a la producción de energía, la aparición de nuevas tierras por el descenso del nivel del Mediterráneo y, finalmente, a la unión entre los continentes europeo y africano. Era la solución propuesta por Herman Sörgel para resolver los problemas de la civilización europea. Europa tendría un suministro inagotable de energía (combustible y electricidad), y ello habría permitido unir a los europeos en un proyecto pacífico común, proporcionando nuevas tierras para la agricultura y la industria y uniendo, al mismo tiempo, al continente con África.
En otras palabras, habría ayudado estrechar lazos entre Europa y África, lo que, según su inventor, habría podido tener numerosos efectos: asegurar el suministro de materias primas, la irrigación del Sahara y la creación de un centro geopolítico mundial en Ginebra.
Por último, Atlantropa habría garantizado a Europa nuevos mercados comerciales e industriales.
Tierra que habría surgido si Atlantropa hubiera sucedido
Recreación artística de la región mediterránea con el proyecto Atlantropa.
Promoción
La entrada a la presa de Gibraltar dibujada por Peter Behrens en 1931.
Incompleto aún, el proyecto fue presentado por primera vez al público en marzo de 1928. Entonces, el New York Times publicó un artículo sobre el tema. Herman Sörgel fue invitado a la Exposición Universal de Barcelona de 1929.[1]
Una exposición itinerante viajaba por Alemania y Austria para promover el proyecto, y también para recaudar fondos para el inicio de las obras, gestionado todo ello por «Atlantropa-Union». La exposición se trasladó a Múnich en 1930, en 1931 a Essen, Hamburgo y Berlín, y en 1932 a Zúrich, Múnich y Dortmund, provocando el asombro de los visitantes. Ello dio lugar seguidamente a una avalancha de artículos, libros, conferencias, películas y nuevas exposiciones, lo que demuestra el interés suscitado por el proyecto.
Con la llegada al poder en 1933 del NSDAP, Herman Sörgel albergó grandes ambiciones sobre su proyecto. Estableció contacto con el nuevo poder, expuso su proyecto y proporcionó numerosos planos y dibujos. Para su desgracia, los alemanes tenían otros planes. Adolf Hitler ya había expresado en Mein Kampf su voluntad de extender el control de Alemania hacia el este y no hacia el sur.
Herman Sörgel también fue invitado a presentar su proyecto en la exposición universal de Nueva York en 1939.
El novelista John Knittel, en su libro Amédée, escrito en 1939, hace aparecer un ingeniero suizo convencido de la necesidad del proyecto. En varias ocasiones, en la novela se explica esta idea. El prólogo dice que «el autor, de acuerdo con Herman Sörgel, expone el proyecto de Atlantropa en el presente volumen, a través de su personaje principal».
Herman Sörgel y Atlantropa
El proyecto Atlantropa ocupó la existencia de Herman Sörgel desde 1928 hasta su muerte en 1952. A lo largo de toda su vida trató de promover su proyecto. A través de este proyecto, el arquitecto quería crear un centro geopolítico mundial, un nuevo continente, que habría permitido la unión de África y Europa. Nada parecía insalvable para el arquitecto, ni siquiera la llegada de la energía nuclear.
Con su proyecto de Atlantropa, Herman Sörgel tenía un objetivo de alcance mundial. De hecho, el mundo habría quedado dividido en tres «A»: América, Atlantropa y Asia. Creía que para Europa sería el único medio de salir adelante frente a los capitales norteamericanos y la población asiática. Además, Europa tendría un acceso directo y privilegiado a las materias primas africanas.
Herman Sörgel había puesto en marcha el proyecto sobre todo para la humanidad, para promover el «Hombre Nuevo». Quería resolver los problemas que afrontaba la civilización europea. Escribió: «Sea Atlantropa o la decadencia del mundo».
Para aumentar sus probabilidades, el arquitecto hizo un llamamiento a varios de sus colegas e ingenieros:
- La pieza central del proyecto, la presa del estrecho de Gibraltar, fue diseñada por su colaborador más cercano, el ingeniero Bruno Siegwart, director de la compañía Royal Dutch Shell.[2]
- El arquitecto Peter Behrens confeccionó proyectos de construcción de nuevos puertos, y también evocó la idea de proteger los puertos más antiguos y bellos.[2]
- Por último, Erich Mendelsohn se encargaría de la ordenación de Palestina, que como resultado de la reducción del nivel del mar Mediterráneo habría dispuesto de un territorio más grande. Estos elementos habrían permitido la resolución del conflicto israelí-palestino antes de que comenzase, y la instalación de colonizadores judíos.[2]
Herman Sörgel produjo numerosos textos, dibujos y planos para apoyar el proyecto y hacerlo creíble. Sus trabajos más importantes y más numerosos fueron publicados en general antes de la llegada al poder de los nazis. Estos no consideraban interesante el proyecto porque su visión expansionista estaba más orientada hacia el este. Además, Herman Sörgel tenía una visión pacifista para su proyecto, lo que no era el caso del nazismo. Esto le valió a Sörgel la prohibición de publicar en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.
Veía la construcción y el movimiento en cuanto a la ciudad un poco como Fritz Lang en la película Metrópolis.
Los problemas
Herman Sörgel consideraba como poco importantes algunos de los problemas planteados. Estos problemas iban desde riesgos de cambio climático hasta riesgos terroristas, pasando por el destino de África. Algunos [¿quién?] han acusado también a Herman Sörgel de querer establecer la paz, pero al precio de la dominación de África por los europeos.
Por último, pueden mencionarse los numerosos problemas ecológicos que se derivarían de la ausencia del Mediterráneo en las zonas que baña. Por ejemplo, con la reducción de la masa de agua y su impacto en la circulación atmosférica, todos los climas del sur de Europa se verían afectados de forma importante. También se derivarían riesgos tectónicos debido a la convergencia en esta zona de las placas euroasiática y africana.
En la ficción
En El hombre en el castillo, de Philip K. Dick (1962), se sigue en cierto modo el proyecto Atlantropa. En la novela, el mar Mediterráneo se vacía y es reemplazado por inmensas zonas fértiles.
En Ilium (2004) y Olympos (2006), de Dan Simmons, el mar Mediterráneo también ha sido vaciado y sustituido por tierras de cultivo.
En el mod del videojuego de estrategia Hearts of Iron IV, The New Order: Last Days of Europe (2016) en la Europa dominada por nazis se crea Atlantropa pero salió mal y dejaron las presas bajo el control de la Unión Ibérica (una unión de España y Portugal) en el estrecho de Gibraltar y el del Imperio italiano la presa en la parte central del reducido y caluroso mar Mediterráneo.
La novela de historia alternativa The Atlantropa Articles (2018) del youtuber y escritor estadounidense Cody Franklin, se ambienta miles de años después de que la Alemania nazi implementara por completo el proyecto junto con toda Europa y la Segunda Guerra Mundial junto con toda la historia que vino después como la conocemos nunca sucedió. Sin embargo, en lugar de revelar tierras fértiles, todo el mar Mediterráneo se evaporó, creando un desierto cubierto de sal. Esto afectó negativamente al clima global y dejó inhabitable la mayor parte del sur de Europa y el norte de África. Su secuela inédita, Savannah Runner, seguiría la historia de los descendientes de los refugiados europeos que se asentaron en África central, a lo largo de los grandes lagos creados por el agua desplazada por las presas.
Póster de Atlantropa en la exposición de 1932 (fuente)
Recorte del New York Times del 29 de diciembre de 1929 anunciando el proyecto de Sörgel.
El proyecto de Sörgel tuvo cierta publicidad (El New York Times le dedicó una columna), pero no despertó demasiado entusiasmo.
Herman Sörgel, su vida y su contexto histórico
Es difícil entender la historia y las motivaciones de nuestro protagonista sin adentrarnos un poco en su vida y en el contexto de su época. Herman Sörgel nació a finales del siglo XIX en Alemania, en el seno de una familia acomodada. Su padre, Hans Sörgel, fue un importante arquitecto en Baviera, hasta el nivel de lograr un título nobiliario gracias a su ayuda en la mejora de la sociedad bávara. Esto sin duda facilitó a Herman Sörgel acceder a una buena educación e influenció a la hora de elegir sus estudios de arquitectura en Múnich. Durante sus primeros años tras su época de estudiante, Herman estuvo ligado al diseño y construcción de edificios gubernamentales, e incluso dedicó gran parte de su tiempo a la enseñanza y divulgación para entender consideraciones estéticas de la arquitectura.
Y entonces estalló la Gran Guerra.
Herman Sörgel (fuente)
Las consecuencias de esta guerra fueron brutales en toda Europa, principalmente, lo que hizo que mucha gente comenzase a ver el mundo de otro modo. El nacionalismo que se había instaurado en Europa no facilitaba el progreso, ya que con cada guerra todas las potencias implicadas veían perder su influencia en un mundo cada vez más global. El sentimiento Paneuropeo parecía ser una solución, puesto que permitía la colaboración entre las naciones europeas con una idea conjunta de progreso.
En la mentalidad de la época, la sociedad europea aún tenía una idea superioridad que ocupaba de forma continua cualquier discusión en la esfera pública. La unidad paneuropea y el sentimiento eurocentrista, aún dejaba cabida para que el colonialismo de África continuase adelante, aunque con beneficio para todos los europeos, sin que las naciones luchasen entre ellas por el control del continente africano.
En este contexto nació la id
ea de Atlantropa
El autor de tan alocada idea fue Herman Sörgel, un ingeniero civil que veía con preocupación como la creciente población de Europa y la competencia por los recursos acercaba el mundo a la guerra.
Herman Sörgel en una fotografía tomada en octubre de 1928.
Desastre ecológico
Pero pese a parecer realizable sobre el papel, Atlantropa chocaba con las limitaciones de la ingeniería de su tiempo. Las que la humanidad solo ha acercado con la construcción de la presa de las tres gargantas en 2016, de manera que aunque los nazis hubieran ganado la guerra todavía se habrían tardado décadas en tan siquiera plantearse empezar Atlantropa.
Las presas también serían muy vulnerables a los terremotos al estar construidas todas ellas cerca de fallas tectónicas, cuyo mínimo movimiento podría producir una apocalíptica inundación del terreno conquistado al mar que se cobraría miles de vidas.
La presa del estrecho de Gibraltar contaría con dos esclusas a ambos lados para permitir el paso de barcos mercantes y cruceros del Atlántico al Mediterráneo.
En 1932 los holandeses cerraron el lago Zuiderzee con un gran dique de 32 kilómetros de largo que sería tomado como ejemplo de cara al proyecto Atlantropa.
Así, el aumento de la desertificación y el descenso de la evaporación y el efecto moderador del mar provocarían extremos de frío y calor en Europa y el norte de África que arrasarían los cultivos, catástrofe empeorada por las tormentas de arena generadas en el nuevo desierto y las torrenciales lluvias que castigarían puntualmente el interior.
Además toda la vida marina del Mediterráneo moriría por la ultrasalinización de sus aguas, convertidas en algo parecido al mar Muerto, al tiempo que el comercio marítimo se vería gravemente perjudicado al quedar cegados todos los puertos y dificultándose el paso por el Canal de Súez.
A nivel global Atlantropa tendría otras consecuencias, con una subida de un metro del nivel del mar que engulliría ciudades enteras, y la posibilidad de un aumento de la actividad tectónica por el menor peso de las placas euroasiática y africana.
Imposible desde un punto de vista técnico y catastrófico desde el ambiental, Atlantropa siempre fue un castillo en el aire.
En su libro Atlantropa, Sörgel detalla cómo llevar a cabo este megalómano proyecto.
Los grandes trabajos (y no de Hércules)
Gran presa de Gibraltar (fuente)
Esta es la gran presa del estrecho de Gibraltar. Con ella se pretendía disminuir en 100 metros el nivel de agua del mar Mediterráneo. La idea es que el agua iría bajando poco a poco por la propia evaporación del agua, ganando territorio en todas las zonas costeras. Esta presa de 35 kilómetros de longitud también sería la principal fuente energética de todo el proyecto, ya que mantendría un flujo de agua desde el océano Atlántico, lo que permitiría extraer toda esa energía hidroeléctrica.
Presa de Mármara (fuente)
El mar de Mármara también tendría una presa en el estrecho de los Dardanelos. Esta presa únicamente tendría como fin mantener un desnivel entre las dos grandes masas de agua (el mar Negro y el mar Mediterráneo), para de este modo servir de central hidroeléctrica para abastecer a parte de Europa oriental de la energía necesaria.
Presa de Sicilia (fuente)
Esta segunda presa, desde Sicilia hasta Túnez, únicamente se construiría cuando el nivel del agua del Mediterráneo ya hubiera disminuido 100 metros. El objetivo de esta sería que todo el mar Mediterráneo Oriental se rebajara otros 100 metros más. Esto permitía ganar más territorio en esta zona del Mediterráneo y crear una tercera presa hidroeléctrica para abastecer a toda Europa Central de la energía necesaria. De forma semejante al caso de la presa de Gibraltar, la presa de Sicilia también facilitaba la construcción de un segundo túnel para establecer una línea de ferrocarril que llevase desde Berlín hasta Ciudad del Cabo.
Extensión del canal de Suez (fuente)
El proyecto de Sörgel también era consciente de los efectos que podría tener en el funcionamiento del comercio internacional. El canal de Suez, que se había completado en 1869, había supuesto un importante revulsivo para el comercio de toda Europa, al minimizar los costes de transporte entre Europa y Asia. Por ello, el plan también tenía en consideración alargar el canal de Suez para atravesar todas esas nuevas tierras emergidas y poder rebajar los barcos poco a poco a los 200 metros de profundidad en los que se encontraría el mar Mediterráneo Oriental una vez finalizado el proyecto.
Una canal para conectar Venecia con el Mediterráneo (fuente)
El plan también incluía la preservación de grandes iconos de Europa, como es el caso de Venecia. Una vez el mar Adriático hubiera descendido los 200 metros, Venecia se quedaría a más de 1.000 kilómetros de la costa, y totalmente seca. Por ello, Sörgel planteo una serie de diques que ayudaran a preservar el agua en el entorno de la ciudad de Venecia y, para mantener el comercio, la creación de un canal que llegara desde la bahía de Venecia hasta el mar Mediterráneo Oriental.
Más allá del Mediterráneo
Pero el gran proyecto de Atlantropa llegaba mucho más allá del mar Mediterráneo. No era solo la idea de conectar Europa con África para facilitar el colonialismo, sino también aumentar el valor íntegro del continente africano y su capacidad para desarrollarse. Es por esta razón por la que Sörgel también ideó una gran presa en el río Congo, en torno a Kinshasa y Brazzaville, para crear un lago artificial y abastecer mediante la energía hidroeléctrica a todo el continente africano.
La idea empezaba en el nuevo lago Congo, pero no se ceñía exclusivamente a él. Este lago tendría un abastecimiento de agua casi ilimitado, gracias a las lluvias tropicales, por lo que se conectaría mediante el río Ubangi a la cuenca del lago Chad. Esto permitiría agrandar y recuperar forma indirecta el antiguo lago Mega-Chad, en la parte sur del Sahara. Este nuevo lago de agua dulce sería clave para crear una nueva red de canales de irrigación que ayudaría a sustentar vegetación y cultivos en todo el Sahara.
Red de lagos y canales para África (fuente)
Estos nuevos lagos estarían conectados mediante múltiples redes de canales que facilitarían la navegación y abaratarían el transporte hacia muchas de las nuevas colonias europeas. El más remarcable de todos sería el nuevo canal Erg, el cual uniría la actual costa de Túnez con el lago Chad, atravesando los campos de dunas más extensos del desierto del Sahara. De algún modo, Sörgel pretendía replicar en el África Occidental la red de lagos y ríos del África Oriental, que con tanto éxito había facilitado el progreso y los avances de civilizaciones tan memorables como la egipcia.
Como ya hemos visto, a pesar de intentar ser pacifista, Sörgel era un hijo de su época y tenía un pensamiento eurocéntrico y colonialista, por lo que en ningún momento planteaba la gran cuestión de crear grandes lagos artificiales: todos los ciudadanos que serían desplazados y privados de sus tierras por el beneficio de los europeos.
Proyecto Atlantropa
Las consecuencias de Atlantropa se reflejarían en las nuevas líneas costeras del Mediterráneo (ver mapa). Por ejemplo, Mallorca y Menorca formarían una única isla, al igual que Cerdeña y Córcega. La península italiana se extendería hacia el este conectando con la costa balcánica y haciendo desaparecer el Mar Adriático. También aumentarían su superficie Grecia y Anatolia, mientras que muchas de las islas de Egeo quedarían unidas en una sola masa terrestre. Sörgel estimó que su proyecto añadiría al menos 660.000 kilómetros cuadrados a las naciones ribereñas del Mediterráneo.
El propio Sörgel admitió que la idea se le ocurrió después de leer un tratado de geografía que calificaba el Mediterráneo como un mar de evaporación, cuyo nivel se mantiene únicamente gracias al aporte del Atlántico [1]. Sin este último, el mar desaparecería, literalmente, puesto que el aporte de los ríos que desembocan en él no podría compensar la evaporación. Al parecer, la lectura del libro de H.G. Wells, The Outline of History, fue también decisiva. Wells argumentaba que el Mediterráneo fue, probablemente, creado hace 50.000 años. Antes, había sido un lugar de valles y montañas, separados del Atlántico por una cordillera, que se rompió por la presión de este. Wells pensaba que era poco profundo y se secaría en cuanto no tuviese aporte del Atlántico. Wells también adelantaba una idea que fue, como veremos más tarde, seminal en el proyecto de Sörgel: las tres «A», América, Afro-Europa y Asia, como bloques en los que se dividiría el mundo.
El concepto de desecación tiene su fundamento en un acontecimiento ocurrido hace, aproximadamente, unos 6 millones de años, durante la edad Messiniense, en el Mioceno superior, aunque Sörgel no fuese consciente de los detalles del evento. Como consecuencia de procesos geológicos iniciados unos 20 millones de años antes, el Mediterráneo occidental fue expandiéndose y reconfigurando las costas que bañaba. Como consecuencia de esas expansión, tierras emergidas, inicialmente adosadas a la placa ibérica, se separaron de esta y fueron diseminándose en forma de arco: las actuales Córcega y Cerdeña hacia el este, el macizo de la Cabilia hacia el sur (África del norte) y los sistemas Bético y del Rif hacia el sureste (Atlántico), llegando a cerrar, en última instancia, el paso de comunicación entre los dos mares. El Mediterráneo se desecó durante un episodio que duró entre medio millón y 600.000 años, y que concluyó cuando se volvió a abrir la comunicación con el Atlántico en lo que es actualmente el estrecho de Gibraltar. A este acontecimiento se le conoce como la crisis de salinidad del Messiniense, y a la inundación de la cuenca mediterránea como consecuencia de la reapertura de estrecho de Gibraltar, se la denomina zancliense, por la edad en la que sucedió.
Reconstrucción paleogeográfica del Mediterráneo durante la crisis de salinidad del Messiniense (Krijgsman et al., Marine Geology, 403, pp. 238-246, 2018)
Otros megaproyectos
La irrigación del desierto del Sahara y los desiertos australianos
La idea de la irrigación del desierto del Sahara y los desiertos australianos, como idea, me parece brillante, otra cosa muy distinta es la posibilidad de llevar a la práctica estos megaproyectos, aunque no en la mente del inventor británico Arthur Paul Pedrick. Este británico, que entre 1962 y 1976 patentó 162 inventos, registró en 1976, poco antes de morir, la patente número GB 1047735 «Transferencia de agua dulce desde un lugar en la superficie de la tierra a otro en una latitud diferente, con el propósito de irrigación, con energía de bombeo derivada del efecto de la Rotación de la tierra sobre el eje polar”. Algo así como irrigar los desiertos del Sahara y Australia mediante unas tuberías semiflotantes que llevarían el agua dulce desde el Amazonas al Sahara y el hielo de la Antártida a los desiertos australianos. Estos son algunos bocetos del proyecto que pretendía acabar con el hambre en el mundo.
El indudable éxito del proyecto holandés de desecación del Zuidersee en los años 30, animó a Sörgel a presentar el suyo a los nazis, ya en el poder. La intención «pacifista» de Sörgel y el interés de Hitler en buscar el Lebensraum en el Este, y no en el Sur, provocó la indiferencia, si no, directamente, la belicosidad. En 1942, los nazis prohibieron cualquier mención a Atlantropa, al igual que condenaron el libro de H.G. Wells.
Aunque tal como la diseño su autor Atlantropa no tiene razón de ser, ha seguido, sin embargo, «viva» en algunos proyectos imaginados después de la muerte de Sörgel –menos ambiciosos, pero sin dejar de ser megalómanos. En 1984 comenzó a construirse el Gran Río Artificial [4], una red de tuberías y canales con la que Muammar El Gaddafi, el entonces dictador libio, pretendía llevar el agua del acuífero nubio, en el Fezzan, al sur del país, para reverdecer la llanura costera, uno de los graneros del Mediterráneo durante el Imperio Romano. Se realizó una primera fase en los años 90 del pasado siglo, pero la caída de Gaddafi, y la guerra civil libia, que todavía continúa, han llevado a la dest
rucción de las infraestructuras existentes y a la paralización total de las obras. Egipto también tuvo el suyo, pero con una finalidad distinta al de Gaddafi: la producción de electricidad. El Proyecto de la Depresión de El Qattara, consistía en rellenar esta depresión, que está a 60 m (en promedio) bajo el nivel del mar, con agua del Mediterráneo mediante un canal, creando así un lago artificial. La alta evaporación de es lago debería ser compensada con un aporte continuo de agua que, dado el desnivel, podría ser utilizado para producir electricidad. Curiosamente, fue la CIA quien propuso la idea en los años 1950 al presidente Eisenhower, con le fin de contrarrestar la naciente influencia de la Unión Soviética sobre Nasser. Una vez más, fue un alemán, Friedrich Bassler, quien estuvo planeando el proyecto. El problema fundamental residía en la excavación del canal, para la cual Bassler propuso el uso de bombas nucleares. Los egipcios agradecieron a Bassler sus servicios y se olvidaron de la propuesta. Una iniciativa más, que, con la más reciente del relleno del mar Muerto con aguas del mar Rojo [5], pretendía arreglar los problemas de la región a base de un uso faraónico de la ingeniería civil.
La comunicación directa con África a través del estrecho de Gibraltar ha sido una constante desde que el arquitecto francés Jean-Jacques Lequeu propusiera salvar el Estrecho con un tubo. El siglo XIX vio alumbrar varios proyectos, pero fue sin duda el del ingeniero militar Pedro Jevernois el que más lejos llegó. Curiosamente, Jevernois publicó un libro sobre sus ideas [6] un año antes de que Sörgel hiciera públicas las suyas. El proyecto de Jevenois llamó la atención de Primo de Rivera, quien por razones obvias estaba interesado en la comunicación con el norte de África. Se creó una comisión de estudio del túnel submarino, que mantuvo sus trabajos durante la Segunda República hasta principios de 1936. La Guerra Civil y la ruina del país acabarían con cualquier consideración del proyecto.
El interés en España por este tipo de proyectos sigue bien vivo, tanto en el ámbito público como el privado. Puede sorprender saber que, dependiente del Ministerio de Hacienda, existe una Sociedad Española de Estudios para la Comunicación Fija a través del Estrecho de Gibraltar (SECEGSA), impulsada en 1980 gracias a un acuerdo con Marruecos, y cuya finalidad es la de elaborar un proyecto de túnel [7]. Un proyecto dormido, quizás, pero no apagado. Más en sintonía con el proyecto el proyecto de Sörgel, aparece la visión fantasiosa de Juan Valle Anguita, un constructor español que se rebela contra la parsimonia del proyecto oficial y propone una solución alternativa de una presa-puente. Juan Valle habla de mitigar impactos del cambio climático en el Mediterráneo. No es el único [7]. Es, en el fondo, un simple aggiornamento de una confusa y errónea inquietud: creer que la geoingeniería a gran escala será la solución de los efectos del colosal experimento que la humanidad ha emprendido con el medioambiente.













Debe estar conectado para enviar un comentario.