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La Mesa de Miranda

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La Mesa de Miranda

El Castro pre-romano de La Mesa de Miranda fue descubierto a principios del siglo XX. En él se han llevado a cabo diversas intervenciones arqueológicas que han permitido conocer su necrópolis, con la excavación de 2.230 tumbas, su sistema y estrategia defensiva y algunos aspectos de su organización urbana.

El Castro de La Mesa de Miranda se encuentra en el municipio de Chamartín, a 22 kilómetros al oeste de la ciudad de Ávila, en la vertiente norte de la Sierra de Ávila. Se accede a través de la carretera AV-110 hasta Chamartín, municipio de pequeñas dimensiones, cuya arquitectura popular resulta representativa de la zona serrana.

A poco más de 2 km al norte del pueblo se encuentra el castro. El acceso puede hacerse a pie o con vehículo rodado a través de un camino de tierra. El primero es el más aconsejable, al tratarse de una excursión por un terreno sin complicaciones de un paisaje de encinas centenarias y cercas de piedra. Es el más atractivo para visitantes sin prisa, con ganas de disfrutar de la naturaleza.

El acceso por el camino rodado constituye una excursión pedestre sin dificultades, apta para niños y personas de edad andarinas. Fue descubierto en 1930. Se llevaron a cabo excavaciones entre 1932 y 1934, primero, y, después, en 1943 y 1944 siempre bajo la dirección de J. Cabré Águila, asistido por A. Molinero y M.E. Cabré. Aquellas excavaciones se centraron fundamentalmente en la necrópolis de La Osera y en el reconocimiento de sus sistemas defensivos. Desde entonces hasta el presente, los trabajos realizados en el castro han consistido fundamentalmente en la puesta en valor, por lo que se encuentra acondicionado para la visita. Está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica.

Fue habitado por el pueblo pre-romano vetón entre los siglos V-IV y II-I a.C., finalizando su ocupación como consecuencia de la romanización de las tierras del interior peninsular. Consta de tres recintos fortificados anexos unos a otros en un área de 30 ha y una necrópolis inmediata a los recintos.

El Castro de la Mesa de Miranda está formado por tres recintos: el Castillo Bajero protegido por una muralla de 1.300 m de longitud, el Castillo Cimero y el espacio identificado como encerradero de ganado. Entre las murallas del segundo y tercer recinto aparece una estructura construida con piedras ciclópeas. Junto al castro se encuentra la necrópolis de la Osera en la que se han exhumado más de 2.200 tumbas.

Galería de imágenes

El Castro de la Mesa de Miranda se localiza sobre el espolón que forman los arroyos Matapeces y Rihondo en el límite entre la sierra de Ávila, al sur, y la Moraña, al norte.

Es un cerro plano, una mesa, desde la que se accede fácilmente tanto a los pastizales y encinares de la sierra como a las tierras de cultivo de la llanura.

El asentamiento está formado por tres recintos:

  • El primero, denominado Castillo Bajero, está protegido por una muralla de 1.300 m de longitud, defensa que se complementa, por el sur, lugar de más fácil acceso, con un foso y un campo de piedras hincadas para dificultar posibles ataques del exterior
  • El segundo, adosado a éste, es el Castillo Cimero
  • El tercero, al este de los otros dos, se ha identificado como encerradero de ganado.

Entre las murallas del segundo y tercer recinto aparece una estructura construida con piedras ciclópeas, compuesta por un lienzo rectilíneo rematado por dos torres cuadrangulares en los extremos que el arqueólogo Cabré llamó, en los años 30 del pasado siglo, el Cuerpo de Guardia.

Junto al castro se encuentra la necrópolis de la Osera en la que se han exhumado más de 2.200 tumbas, todas pertenecientes a la II Edad del Hierro, especialmente a los siglos IV y III a.C.

Habitado por los vetones desde finales del siglo V a. de C., se desconoce si el Castro de la Mesa de Miranda fue abandonado al término de las Guerras Celtíberas (133 antes de Cristo) o de la guerra entre César y Pompeyo (49 a. de C.).

El Castro de la Mesa de Miranda está en un extenso cerro amesetado, en la confluencia de dos ríos y a 1.145 metros de altitud, y domina un amplio territorio que limita al norte con el valle del Duero y al sur con las primeras estribaciones de la sierra de Ávila.

Este lugar histórico muestra tres recintos amurallados, no contemporáneos entre sí. Situado entre los municipios de Chamartín y Sanchorreja, este asentamiento protohistórico nos transporta al mundo de los vetones, uno de los pueblos prerromanos más importantes de la península ibérica.

Este castro, cuya ocupación se remonta al siglo V a.C., es un testimonio vivo de la organización social, económica y defensiva de los pueblos celtas del centro peninsular.

¿Qué es un castro y quiénes fueron los vetones?

Antes de adentrarnos en los detalles específicos de la Mesa de Miranda, es importante contextualizar qué es un castro y quiénes eran los vetones.

Un castro es un asentamiento fortificado, generalmente situado en una elevación o promontorio, característico de las culturas prerromanas del noroeste y centro de la península. Estas estructuras cumplían funciones residenciales, defensivas y comunitarias.

Los vetones, por su parte, fueron un pueblo de origen celta que habitó el centro-oeste de la península ibérica, especialmente en lo que hoy conocemos como las provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres y parte de Toledo.

Castro de la Mesa de Miranda./ David Pérez

Se caracterizaron por su dominio de la ganadería, su organización tribal y su singular iconografía zoomorfa, especialmente los famosos verracos.

Historia del Castro de la Mesa de Miranda

1. Primera ocupación (siglo V a.C.)

Las evidencias arqueológicas apuntan a una primera ocupación estable en el siglo V a.C., en plena Edad del Hierro II. Durante esta etapa, los vetones construyeron un primer recinto amurallado de carácter defensivo, con viviendas circulares u ovaladas hechas con piedra y barro.

La economía del poblado se basaba en la ganadería trashumante, la agricultura cerealista y el aprovechamiento de los recursos del entorno.

2. Expansión y apogeo (siglos IV-III a.C.)

En los siglos siguientes, el castro alcanzó su máximo desarrollo, con una población estimada de entre 400 y 600 habitantes. Se levantaron nuevas murallas, se organizaron los espacios urbanos y se consolidó su función como centro político y económico de la zona.

Durante este periodo, se tallaron varios verracos (figuras zoomorfas de piedra) que simbolizaban la importancia del ganado en la cultura vetona. Algunos de estos verracos han sido hallados en las inmediaciones del castro, y hoy se conservan en museos o in situ.

3. Época romana y abandono (siglo I a.C. – siglo I d.C.)

Con la llegada de los romanos, muchos castros vetones fueron progresivamente abandonados o transformados. En el caso de la Mesa de Miranda, se han documentado indicios de continuidad de uso durante la romanización, aunque ya con funciones secundarias o residuales.

El castro fue abandonado definitivamente en torno al siglo I d.C., momento en que los pobladores se trasladaron a núcleos más romanizados en el valle, como Abula (probablemente la actual Ávila) o a villas agrícolas más accesibles.

Características arqueológicas del castro

El Castro de la Mesa de Miranda presenta un conjunto de estructuras que lo convierten en uno de los mejores ejemplos de urbanismo vetón en la Meseta Central.

1. Murallas y sistema defensivo

El castro cuenta con tres líneas de murallas concéntricas, construidas con grandes bloques de granito. Estas murallas aprovechan la topografía del cerro y crean recintos escalonados, con accesos controlados mediante puertas en recodo o torres.

La muralla principal mide cerca de 1.400 metros de perímetro, lo que revela la importancia del enclave. Su construcción sugiere un alto grado de organización social y conocimientos técnicos avanzados para la época.

Verraco de Chamartín./ Xemenendura

2. Viviendas y espacios domésticos

En el interior del castro se han hallado restos de viviendas circulares, organizadas en grupos o barrios, así como silos, hogares de piedra, y estructuras asociadas a la ganadería. El urbanismo no era regular, pero sí adaptado a la orografía del terreno.

Los objetos hallados (Cerámica a mano, molinos de piedra, fíbulas, herramientas metálicas) permiten conocer el día a día de los habitantes del castro.

3. Verracos vetones

Aunque no todos los verracos encontrados pertenecen directamente al castro, se han hallado varios ejemplares en el entorno inmediato. Estas esculturas zoomorfas (toros, cerdos o jabalíes) son uno de los símbolos más característicos de la cultura vetona. Se piensa que cumplían funciones religiosas, protectoras del ganado o marcadores territoriales.

Uno de los verracos asociados al castro se encuentra hoy en el Museo de Ávila, mientras que otros han sido trasladados a plazas o jardines de pueblos cercanos.

El valor patrimonial del yacimiento

El Castro de la Mesa de Miranda ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y está incluido dentro del catálogo de Patrimonio Histórico de Castilla y León.

Su conservación ha permitido entender mejor la organización social de los vetones, su relación con el medio natural y su evolución ante el proceso de romanización.

Diversas excavaciones arqueológicas, especialmente desde los años 80, han puesto en valor este yacimiento, que hoy puede visitarse de forma libre, aunque se recomienda contar con guías especializados o visitas organizadas para comprender mejor su importancia.

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