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Vilars de Arbeca

Vilars de Arbeca

Vista sudoeste de la fortaleza

 

Localización

País: España

Comunidad: Cataluña

Provincia: Lérida

Localidad; Arbeca

Coordenadas: 41°34′06″N 0°57′15″E

Datos generales

Declaración: 26 de mayo de 1998

Categoría: Zona arqueológica

Código: RI-55-0000549

Construcción: 750 a. C. – 325 a. C.

La fortaleza de los Vilars de Arbeca (775 a. C.-325 a. C.) está situada en una zona de llanura, a 4 km de la localidad de Arbeca en la comarca de Las Garrigas, en la provincia de Lérida en Cataluña (España). Fue construida hace 2800 años por una tribu de ilergetes que pertenecía al grupo cultural de los campos de urnas, llamado así por la costumbre de incinerar y enterrar en vasos cerámicos las cenizas de sus muertos, es única en el mundo íbero catalán. Constituye, especialmente por sus defensas, un conjunto arqueológico único en el panorama peninsular y europeo de la Primera Edad del Hierro y la Cultura Ibérica.

Se ubica en una zona inundable del río Corb y fue construida durante la Primera Edad del Hierro manteniéndose habitada ininterrumpidamente durante cuatrocientos años. De forma ovalada se estructura alrededor de una cisterna de agua que ocupa el centro de una plaza junto a la cual se van levantando las viviendas de forma rectangular. Todo el conjunto está rodeado de una muralla torreada de cinco metros de ancho y otros cinco de alto con 12 torres semicirculares y un foso inundable de 15 metros de anchura y 4 de profundidad en el que se abren dos puertas de acceso de pequeñas dimensiones. Rodeando el complejo había una barrera de piedras clavadas en el suelo, sistema defensivo denominado chevaux-de-frise, que impedían el paso de a pie o a caballo. Estas características defensivas la hacían casi inexpugnable.1

Con capacidad para albergar unas 100 personas fue habitada desde el siglo VIII a.C. hasta el año 325 a.C siendo abandonada de forma abrupta. Doscientos años después, en contacto con otras culturas mediterráneas, los habitantes de Els Vilars vivieron el proceso de iberización, convirtiéndose en el pueblo llamado por los escritores antiguos como los ilergetes. La fortificación fue edificada en el llano, despreciando los cerros de más fácil defensa, sobre el barranco de Aixaragall, controlando el agua y las tierras aluviales.

El descubrimiento de la fortaleza fue en 1975, pero la falta de recursos impidió que se hicieran excavaciones arqueológicas hasta que comenzaron una década después.2

Desde 1985, con el patrocinio del Servicio de Arqueología de Cataluña, la Diputación de Lleida y el Ayuntamiento de Arbeca, la Universidad de Lleida excava este conjunto arqueológico excepcional.

El recinto no fue destruido, sino simplemente desalojado. Una cosa parece segura: el espacio interior era muy reducido, la muralla, el foso y las defensas, que habían sido la razón de ser del asentamiento, siglos más tarde se convirtieron en un obstáculo para su crecimiento.

En el año 1998 fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional, en la categoría de Zona Arqueològica, por la Generalidad de Cataluña.

A escasos cuatro kilómetros de los restos del poblado ilergete el viajero llega hasta la localidad más próxima, Arbeca, que se sitúa alrededor de una colina, en cuya cima se ubican los restos del antiguo y poderoso castillo de los Duques de Cardona, que tiene su origen en una fortaleza árabe conquistada a mediados del siglo XII.

El poblado dejó de ser aldea para transmutarse en fortaleza.

Puerta Norte del yacimiento./CRPU Mascançà

 

Vista oeste de Els Vilars de Arbeca./CRPU Mascançà

La recreación mediante técnicas del siglo XXI del poblado de Vilars d’ Arberca nos transporta a un mundo íbero, sin duda, más avanzado tecnológicamente de lo que a veces podemos llegar a imaginar.

Para saber más: https://caminandoporlahistoria.com/vilars-darbeca/

Las murallas fue el primer elemento que se construyó en la ciudad, ya que las casas interiores aparecieron adosadas a esta. A dicho espacio amurallado se le añadió en primer término un campo frisio, es decir, se rodeó de piedra clavadas en el suelo de forma vertical, su utilidad retrasar y entorpecer la marcha de los posibles asaltantes. Este elemento pronto será sustituido por la gran balsa de agua que rodeaba todo el poblado, esta se consiguió tras una gran labor de impermeabilización del terreno, para aprovechar las aguas freáticas existentes en la zona. Debemos destacar que la balsa no era perpetua, sino que se podía inundar cuando fuese necesario, este aspecto dota a esta fortaleza íbera de características exclusivas, y nos revela las grandes dotes para la ingeniería de los íberos ilergetes.

La muralla se fue adecuando a los cambios del terreno durante los más de 400 años que duró el poblado, se han constatado hasta cuatro niveles constructivos diferentes: (Vilars I, II, III; IV) son los elegidos por los expertos para la explicación del yacimiento. El resultado fue una especie de anillos concéntricos, donde las primeras murallas servían por un lado de cimentación de las posteriores, cada vez más altas, y por otro de contención para la balsa exterior. Destacar que la muralla final contó con 12 torres, de las cuales solo la de la entrada principal parecía tener características defensivas, al hallase en su interior un espacio abierto para su inutilización como morada de los vigías y acceso a la parte superior, el resto parecen tener un carácter más estructural.  Añadir que la muralla tenía tres puertas, solo una de ellas con acceso directo a la pasarela de entrada, todas tres de reducidas dimensiones que favorecía la defensa, al no pasar dos personas a la misma vez.

Una de las tres entradas a Vilars d’Arbeca

Restos de muralla donde se observa el campo frisio

Cisterna en el centro del poblado de Vilars d’Arbeca

El espacio inundable extramuros

La casa del herrero de Vilars d’Arbeca

Más restos amurallados con las piedras de la cantera del Médol

Restos de los ocho hornos públicos

Vilars d’Arbeca contaba incluso con cloacas para la extracción de agua del interior del poblado.

Por otro lado, destacar que Vilars d’Arbeca es el yacimiento íbero más impresionante de la Península ibérica, no por sus dimensiones, sino por encontrarnos ante un yacimiento solo habitado por pre-iberos e íberos, por lo que se convierte en un yacimiento prácticamente único para conocer el proceso de iberización.

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